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No fue hasta que Pablo III se convirtió en Papa en 1534 que la Iglesia Católica Romana tuvo el liderazgo necesario para coordinar esos impulsos y hacer frente al desafío de los protestantes. Este Papa aprobó nuevas órdenes religiosas, como la Jesuita, y convocó al Concilio de Trento (1545-63) para hacer frente a las cuestiones doctrinales y disciplinarias formuladas por los reformadores protestantes; los decretos de ese Concilio estableciendo creencias y prácticas dominaron el pensamiento católico romano durante los próximos cuatro siglos. Pablo III, como también sus sucesores, comprometieron asimismo recursos papales a la acción militar contra los protestantes.
La Contrareforma fue activista, marcada por el entusiasmo por la evangelización de los nuevos territorios descubiertos, especialmente en Norteamérica y Sudamérica; por el establecimiento de escuelas religiosas, en lo que los jesuitas tomaron la iniciativa, y por la organización de obras de caridad y de catequesis bajo la dirección de reformadores como San Carlos Borromeo. Algo paradójicamente, también hubo un renovado entusiasmo por la contemplación, y la época produjo dos de los mayores representantes del Misticismo: Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.
John W O'Malley
Bibliografía
AG Dickens, La Contrareforma (1969); HO Evennett, El espíritu de la Contrereforma (1970);
Wright AD, La Contrareforma (1982).
Fundada en 1540, la Sociedad de Jesús (jesuitas) fue la más notable de las nuevas ódenes de sacerdotes (clero regular), que vivían entre los fieles en lugar de retirados en monasterios; otras órdenes incluyen a los Teatinos (1524), Somasquis (1532) y Barnabitas (1534). El fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola, buscaba preparar a sus seguidores para una vida de servicio triunfal y heroico auto-sacrificio a través de sus Ejercicios Espirituales, una serie de meditaciones prácticas. Los jesuitas se orientaron a la atención a los pobres, la educación de niños varones y la evangelización de los paganos. El jesuita español Francisco Xavier (1506-52) incluyó a Goa, en el sur de la India, y a Ceilán, Malasia y Japón entre sus sorprendentes viajes misioneros. Al morir Ignacio la sociedad contaba alrededor de mil miembros en la administración de cien fundaciones; un siglo más tarde había más de 15.000 jesuitas y 550 fundaciones, lo que demuestra la sostenida vitalidad de la Contrareforma. La Inquisición romana fue establecida en 1542 por el Papa Pablo III para suprimir el luteranismo en Italia. El cardenal Caraffa, su Inquisidor General, más tarde Papa Pablo IV (1555-59), ordenó tratar a los herejes en altos cargos con la mayor severidad, “porque de su castigo depende la salvación de las clases debajo de ellos". La Inquisición romana alcanzó su punto álgido durante el pontificado del santamente fanático Pío V (1566-72), extirpando sistemáticamente a los protestantes italianos y asegurando a Italia como base para una contraofensiva al norte protestante.
La corrupta jerarquía de la Iglesia Católica Romana fue notoriamente reformada a raíz del Concilio de Trento: proliferaron las diócesis en zonas donde se estimaba que había una especial amenaza protestante; los obispos llevavaban a cabo frecuentes visitas a sus diócesis y fundaron seminarios para la formación del clero, y el número de edificios eclasiástico y de clérigos aumentó considerablemente. El más enérgico de los Papas reformadores, Sixto V (1585-90), estableció quince "congregaciones" o comisiones para preparar los pronunciamientos y la estrategia papales. Algunas conversiones protestantes fueron revertidas bajo la dirección de teólogos como Robert Bellarmino (1542-1621) y Pedro Canisio (1521- 97). La Contrareforma en general, y el Concilio de Trento en particular, fortalecieron la posición del Papa y las fuerzas del clericalismo y el autoritarismo, pero no se deben desconocer las bases auténticamente espirituales de esos acontecimientos.
FS Piggin
(Diccionario Evangélico Elwell)
Bibliografía
H. Daniel - Rops, La Reforma Católica; J Delumeau, El catolicismo entre Lutero y Voltaire,
AG Dickens, la Contrareforma; P Dudon, San Ignacio de Loyola; HO Evennett, El Espíritu de
la Contrareforma; BJ Kidd, La Contrareforma, 1550-1600; Los Ejercicios Espirituales de San
Ignacio, tr. A Mottola; MR O'Connell, La Contrareforma 1559- 610.
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