Gran Cisma

Información de carácter general

El término Gran Cisma se utiliza para referirse a dos acontecimientos importantes en la historia del cristianismo: la división entre las iglesias Oriental (ortodoxa) y Occidental (romana); y el período 1378-1417, durante el cual la iglesia occidental tuvo, primero dos, y luego tres Papas simultáneamente.

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El Cisma de Oriente

El Cisma entre las iglesias de Oriente y de Occidente se fecha tradicionalmente en 1054, aunque es difícil determinar el momento exacto en el que la separación se convirtió en una realidad fija y duradera. Muchas causas contribuyeron al creciente malentendido y enajenación entre los ambos grupos, en parte, diferencias de comprensión filosófica, usos litúrgicos, lenguaje y costumbres, pero también hubo rivalidades y divisiones políticas. Las ocasiones de fricción, hostilidad y abierta división en materias doctrinales, así como en asuntos de disciplina y práctica diaria, habían ocurrido mucho antes de 1054, por ejemplo, en el Cisma Fociano en el siglo IX.

En Occidente la iglesia latina y especialmente el Papado asumieron, a falta de otra autoridad, muchas actividades y poderes, lo cual a menudo fue considerado usurpación por Oriente, donde entre emperador e iglesia había otra relación. Las acaloradas disputas sobre materias tales como el calendario eclesiástico, el uso de pan leudado o ácimo, o adiciones al Credo (es especial la cláusula del filioque) alcanzaron un clímax en 1054, cuando el Papa León IX y el Patriarca Miguel Cerulario se excomulgaron el uno al otro. Técnicamente muy poca gente se vió afectada por ello, pero su tono y dirección quedaron fijos. Las posteriores tentativas de reunir las iglesias naufragaron en sentimientos locales, y la animadversión mutua se acrecentó con actos egoístas por ambos lados en partes de las Cruzadas; el punto más bajo fue el saqueo de Constantinopla en 1204 durante la Cuarta Cruzada. El Cisma continúa hasta el día de hoy, aunque serios intentos recientes de comprensión mutua han ofrecido esperanzas de reconciliación.

El Cisma Occidental

El Cisma occidental comenzó en los acontecimientos posteriores a la muerte de Papa Gregory XI en marzo de 1378. El pueblo de Roma estaba decidido a no permitir que el Papado -que había estado ausente en Avignon durante 70 años, dominado por la influencia francesa- saliera de Roma luego de la elección del nuevo Papa. El resultado fue un sonado y polémico cónclave con clamores en pro de un Papa romano o al menos italiano. El hombre elegido, Urbano VI, no era cardenal, sino que había desempeñado labores en la curia.

Pronto se dieron cuenta los cardenales del error que habían cometido al elegir a Urbano. Éste desdeñaba el consejo de los demás, podía ser despiadado si se le oponían o se le cuestionaba, y estaba empeñado en una reducción extrema del poder de los cardenales, que durante décadas habían casi cogobernado con los Papas en Avignon. El resultado de este choque fue una tragedia para la iglesia.

Inducidos por los franceses, la mayoría de los cardenales se retiró gradualmente de la corte Papal. Se reunieron en Anagni y declararon nula la elección de Urbano porque, alegaron, habían votado bajo presión y temor por sus vidas. Entonces eligieron a uno de los suyos como Papa Clemente VII. Durante las tres décadas siguientes la iglesia se dividió nacional, política y religiosamente en facciones entre los pretendientes del Papado: la línea romana de Urbano VI, Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII, y la línea de Avignon de Clemente VII y Benedict XIII, hasta que después de varias propuestas y repetidos fracasos, los cardenales de ambas corrientes abandonaran a sus líderes, ante la imposibilidad de lograr su cooperación en pro de la unidad.

La época conciliar, que finalmente condujo al término del cisma, comenzó en 1409 en que los cardenales convocaron al Concilio de Pisa. Este depuso tanto a Gregorio XII como a Benedicto XIII y después eligió a un tercero, Alejandro V (que muy pronto sería sucedido por el Juan XXIII medieval). Los candidatos de Pisa recibieron el apoyo de la mayoría de la cristiandad latina, pero el cisma continuó hasta que el Concilio de Constanza (1414 -18) sacó a los tres pretendientes y eligió Papa al candidato de la mayoría, Martín V, el 11 de noviembre de 1417. En el Concilio de Basilea (1431 - 49) hubo otro cisma con la elección del Antipapa Felix V, que abdicó, sin embargo, en 1449.

Thomas E Morrissey

Bibliografía
C H Dawson, La división de la cristiandad (1971); F Dvornik, El cisma Fociano (1948); E F Jacob, Ensayos sobre la época conciliar (1963); S Runciman, El cisma de Oriente (1955); J H Smith, El Gran Cisma (1970); R N Swanson, Universidades, Academias y el GRan Cisma (1979); W Ullmann, Orígenes del Gran Cisma (1972).


El Gran Cisma

Información Avanzada

(1054)

Primera separación permanente de la comunidad cristiana, sus inicios se sitúan en la división del Imperio Romano a fines del siglo III. Posteriormente las secciones griega (oriental) y latina (occidental) del mundo romano fueron administradas por separado, y sus diferencias culturales y económicas se intensificaron. Cuando las instituciones políticas del imperio latino se derrumbaron en el siglo V, el imperio griego, centrado en Constantinopla, continuó floreciendo.

La institución sostenedora durante este período fue la iglesia cristiana. Su teología dominó todas las formas de pensamiento tanto en el Oriente unido como en el Occidente en desintegración. Las cuestiones importantes, incluso las mundanas, fueron transpuestas a preguntas teológicas. Durante la Edad Media temprana se desarrollaron dos diferencias fundamentales entre las tradiciones católica latina y ortodoxa griega. La primera fue la doctrina Petrina, absoluta en Occidente, resistida en Oriente; la segunda fue la adición occidental al credo de Nicea que provocó la controversia del filioque. Otras materias divisorias, como el celibato sacerdotal, el uso del pan ácimo en la eucaristía, el control episcopal sobre el sacramento de la confirmación y las barbas y tonsuras monásticas fueron fuente de conflicto, pero no del Cisma.

De todas las instituciones compartidas por el imperio cristiano medieval, la política fue la primera en colapsar. Durante el siglo V la autoridad imperial en Occidente cayó ante los reyes bárbaros invasores; crecientemente el patriarca romano, el Papa, llenó el vacío de poder dejado por los políticos en retirada, confundiéndose irremediablemente los límites entre la autoridad secular y la eclesiástica. Por su parte, en Constantinopla, donde el poder imperial era aún fuerte, los emperadores cristianos continuaron presidiendo una sociedad cristiana integrada. Como herederos de Constantino, los emperadores de Bizancio dominaron la administración de la iglesia y del Estado en el estilo conocido todavía como césaropapismo.

La teología en Oriente era especulativa, y las decisiones importantes se sometían a un sistema colegiado concilliar en el que todos los patriarcas, los obispos de Constantinopla, Antioquía, Alejandría, Jerusalén y Roma, desempeñaban un papel importante. Se reconocía plenamente que el obispo de Roma tenía primacía de lugar y ciertos derechos de revisión sobre los demás; desde el pontificado de León I (440-61), sin embargo, los patriarcas romanos exigieron más poder. Las cosas se complicarón aún más por el auge del Islam y por nuevos ataques bárbaro en los siglos VII y VIII. Occidente resultó aún más aislado, y cuando los contactos entre Roma y Constantinopla fueron reasumidos, la brecha entre Oriente y Occidente se había ensanchado.

La controversia del filioque parece haberse originado en la España visigoda del siglo VI, donde la herejía arriana era endémica. Los arrianos sostenían que la primera y segunda personas de la Trinidad no eran coeternas ni iguales. En un esfuerzo de enfatizar la teología tradicional, los eclesiásticos españoles agregaron la frase "ex Patre Filioque" al credo de Nicea, lo que enmendó la antigua fórmula, indicando que el Espíritu Santo procedía del Hijo tanto como del Padre. Pero en el siglo IV se había convenido que no habría cambio posible en la fraseología del Credo a menos que fuera por autorización conciliar. En el teológicamente sofisticado Oriente la frase del filioque pareció desafiar no solamente el credo universal, sino también la doctrina oficial de la Trinidad. Cuando el asunto se planteó durante el reinado de Carlomagno (768 - 814), el Papado pareció concordar: aunque aprobó el espíritu del filioque, el Papa León III advirtió contra cualquier alteración en la fraseología del Credo.

La fusión de la controversia del filioque con el incremento del poder papal fue lo que creó la gran crisis de 1054. El Papado de la "reforma" del siglo XI se basó en el derecho del Papa, como heredero apostólico de Pedro, al poder absoluto sobre todo el pueblo e instituciones cristianos, pretensiones rechazadas por los primeros concilios de la iglesia: para los patriarcas orientales, el encargo de Cristo a Pedro en Mat. 16:18 - 19 lo compartían todos los apóstoles y sus herederos espirituales, los obispos. En 1054 el Papa León IX (1048 - 54) envió una delegación encabezada por el Cardinal Humberto de Silva Cándida a discutir los problemas entre el Papado y Constantinoplo, y sobrevino el desastre. El patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario rechazó tanto las pretensiones papales como el filioque; los legados occidentales acusaron a Constantinopla de haber alterado el credo de Nicea. Finalmente el cardenal Humberto depositó una Bula de Excomunión contra Miguel Cerulario en el altar de Hagia Sofía, y el gran Cisma se oficializó.

Posteriormente se hicieron esfuerzos en pro de la reunificación. Cuando los turcos musulmanes avanzaron sobre el imperio bizantino en la Alta Edad Media, los cristianos orientales necesitaron desesperadamente la ayuda de sus hermanos occidentales, pero toda esperanza se desvaneció cuando en 1204 un ejército de caballeros cruzados occidentales saqueó Constantinopla; los cristianos del Este nunca se recuperaron de este ultraje. En años recientes los esfuerzos por reconciliar a las iglesias católica romana y ortodoxa han fracasado: en 1965 el Papa Paulo VI levantó la excomunión de Miguel Cerulario, pero el problema de la primacía papal se ha dificultado aún más por los declaraciones romanas decimonónicas acerca de la infalibilidad. La fraseología del credo no se ha concordado.

C T Marshall Bibliografía
F Dvornik, Bizancio y la Primacía Romana; J Pelikan, El Espíritu de la Cristiandad de Oriente (600 - 1700); S Runciman, El Cisma Oriental; P Sherrad, El Oriente Griego y el Occidente Latino; T Ware, La Iglesia Ortodoxa.


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo


La presentación original (en inglés) de este documento está en English language

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