El Protestantismo es un movimiento en el cristianismo occidental cuyos adherentes rechazan la noción de que la autoridad divina se canaliza a través de una institución o persona humana determinada, tal como el Papa católico. Los Protestantes buscan en otra parte la autoridad de su fe; muchos de ellos enfatizan la Biblia -las Escrituras hebreas y el Nuevo Testamento- como la fuente y norma de su credo. Los católicos romanos y los cristianos ortodoxos orientales también aceptan la autoridad de la Biblia, pero además consideran la tradición, y, en el caso de católicos, al Papa como fuente de la autoridad.
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En el plazo de dos décadas la Reforma se había expandido por la mayor parte del noroeste de Europa. En Inglaterra el rey Enrique VIII rechazó la autoridad papal sobre la Iglesia, y la Iglesia de Inglaterra entró en una reforma que la volvió una entidad esencialmente protestante (aunque a menudo los Anglicanos, también llamados Episcopalianos, se clasifican aparte). En Suiza, Francia, partes de Alemania, de Escocia, y de los Países Bajos, comenzó una segunda correinte de reforma no luterana, influenciada principalmente por el francés convertido en ginebrino, Juan Calvino y el líder suizo Ulrich Zwingli.
Al mismo tiempo un estilo más radical de Protestantismoo apareció en el ala izquierda del movimiento. Anabaptistas, Menonitas y otros rebautizaron cristianos y los iniciaron en un movimiento que rechazó drásticamente las prácticas católicas, incluso las que el Luteranismo, Calvinismo y Anglicanismo no habían rechazado.
La reforma se extendió desde estas bases a Escandinavia y Europa central, pero penetró apenas en Rusia y en el sudeste de Europa, donde prevalecía la iglesia ortodoxa, o en la Europa meridional, que seguía firmemente católica. Después de una serie de guerras religiosas desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII, la mayoría de los protestantes (excepto los radicales) y los católicos adoptaron el principio de que los gobernantes de una región determinarían la religión de esa provincia o Estado. La separación de la iglesia y el Estado, un principio que otros protestantes vinieron a sostener a fines del siglo XVIII, comenzó a romper la primacía protestante en el noroeste de Europa.
En la última parte del siglo XVIII y a través del siglo XIX y hasta el presente, los misionarios protestantes extendieron el movimiento en casi todo el mundo. Los puntos de penetracion protestantes fueron muchas costas asiáticas y africanas, pero no fue sino hasta hace poco que lo fue la católica América Latina. A partir de 1607, cuando los Anglicanos llegaron a Virginia, y hasta finales del siglo XIX, luego de la inmigración en gran escala desde Europa del sur y de Irlanda, se creía que Norteamérica, menos Quebec, era territorio en gran parte protestante.
Las actitudes hacia la Biblia en el protestantismo contemporáneo van desde la creencia en su verdad literal, en el extremo fundamentalista del espectro (fundamentalismo), a las interpretaciones extremadamente libres de los protestantes liberales.
El protestantismo ha enfrentado, más que los católicos romanos y los ortodoxos, dos problemas recurrentes. El primero se relaciona con la unidad interna del movimiento. Desde la Reforma hasta hoy los protestantes han buscado los acuerdos, poro más a menudo han permanecido en conflicto. En el siglo XX, sin embargo, el movimiento ecuménico ha juntado fuerzas. Además de las fusiones orgánicas de cuerpos separados que ha habido, se han formado movimientos de federación, consejos para la cooperación y coaliciones para tareas comunes.
El segundo problema se refiere a la autoridad civil. Para los ortodoxos y católicos las alianzas con el trono fueron naturales, pero los protestantes no estaban conformes con sus anteriores decisiones de conservar tales alianzas. Los movimientos en pro de la tolerancia religiosa fueron más agresivos y exitosos en los países protestantes. El acto de separar la iglesia y el Estado (en muchos países) ha dificultado que los protestantes tengan visiones coherentes acerca de cómo deben los cristianos convivir con responsabilidades tanto espirituales como civiles. La forma más aguda de este problema se presentó en el dilema de la Iglesia Confesante en la Alemania nazi ("Confesante" es un buen sinónimo moderno de "Protestante" del siglo XVI).
En música y literatura la contribución protestante ha sido enorme. Las versiones vernáculas de la Biblia, como la de Lutero y la del Rey Jaime, desempeñaron un papel formativo en el desarrollo de la literatura alemana e inglesa modernas. El énfasis en la predicación y la carencia de centros fuertes de autoridad doctrinal contribuyeron a la diversidad de opinión y de expresión, tal como se refleja, por ejemplo, en la obra de John Milton. Una fuerte tradición musical se desarrolló a partir del incentivo al canto de himnos y el uso del órgano y otros instrumentos, que alcanzaron su pináculo con la obra de Johann Sebastian Bach.
La carencia de una autoridad central y con ello la aceptación de enfoques divergentes también se ha manifestado en una rica tradición teológica, que en el siglo XX abarca a figuras tales como Karl Barth, Rudolf Bultmann y Paul Tillich.
Martin E Marty
Bibliografía
K Barth, Teología protestante en el siglo XIX (1952); y Pensamiento protestante (1959); R. M. Brown, El espíritu del protestantismo (1961); B.A. Gerrish, El antiguo y el nuevo protestantismo: Ensayos sobre la herencia de la Reforma (1983); H.Gollwitzer, Introducción a la teología protestante (1982); P Greven, Temperamento protestante (1978); W E Hordern, Teología protestante, una guía para el lego (1968); E Leonard, Historia del protestantismo (1968); M E Marty, Protestantismo (1972) y Protestantismoo en los Estados Unidos: el imperio justo (1986); R Mehl, Sociología del protestantismoo (1970); W. R. Miller, Pensamiento protestante americano contemporáneo, 1900-1970 (1973); W. Pauck, La herencia de la Reforma (1968); L. Spitz, La Reforma Protestante (1985); C. Welch, El cristianismo protestante interpretado a través de su desarrollo (1954), y El pensamiento protestante en el siglo XIX (1972-85); J. S. Whale, La tradition protestante (1955); J. F. White, El
servicio protestante: Tradiciones en transition (1989).
El término deriva de la "protesta" entregada por una minoría de Luteranos y autoridades reformadas en la Dieta Imperial alemana de Speyer en 1529, por desacuerdos con una paralización de la renovación religiosa. La "protesta" fue a la vez objeción, llamado y afirmación; preguntó con urgencia "¿Cuál es la verdadera y santa iglesia?" y afirmó que "no hay más predicación o doctrina segura que la que sigue la palabra de Dios. Según el mandato de Dios, no debe predicarse ninguna otra doctrina. Cada texto de la Sagrada Escritura debe ser aclarado y explicado por otros textos. Este santo libro es más necesario que todo para el cristiano; brilla claramente con su propia luz e ilumina las tinieblas. Estamos destinados por la gracia y ayuda de Dios a guiarnos sólo por Su palabra, el santo evangelio contenido en los libros bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Se debe predicar sólo esta Palabra, y nada contrario a ella. Es la única verdad, la regla segura de toda la doctrina y conducta cristianas. Nunca puede fallarnos o engañarnos."
Así, los luteranos y otros partidarios de la Reforma llegaron a ser conocidos como Protestantes. La palabra inglesa tenía originalmente la acepción de "confesión resuelta, declaración solemne" designando la verdad del Evangelio contra la corrupción romana. "El Protestantismo es esencialmente un clamor a Dios en Cristo, a las Sagradas Escrituras y a la iglesia primitiva, contra toda degeneración y apostasía". La delimitación de "protestante" a significar "antiromano o no-romano" ha llevado a algunos a preferir "evangélico" (aunque en Europa continental este término normalmente designa a los luteranos) y "reformado" (utilizado más comunmente por los presbiterianos calvinistas).
Nada ha promovido tanto la desunión del protestantismo como los ataques del racionalismo post Iluminismo y su expresión en el liberalismo y modernismo teológicos, que han erosionado gravemente la Reforma y sus fundamentos bíblicos.
Otra corriente de la Reforma del siglo XVI, generalmente llamada Anabaptista o radical a pesar de su diversidad, buscó restablecer la forma original del cristianismo apostólico. El Pentecostalismo tiene una meta similar, junto con otros movimientos, incluyendo algunos Bautistas y Hermanos (de Plymouth). Algunas iglesias africanas independientes han intentado incluso una restauración del Antiguo Testamento. Pese a que el Anabaptismo no originó ninguna tradición protestante importante (aunque están los Menonitas), su rechazo a la Iglesia-Estado Constantiniana y todas sus obras (respaldadas sin reservas por las tres principales tradiciones protestantes) se convirtieron en un tiempo en el rasgo común de la mayor parte del protestantismo, especialmente fuera de Europa. (E. Troeltsch ha destacado la revolucionaria significación del abandono, por parte del protestantismoo posterior, de su ideal original una civilización eclesiástica comprehensiva, una cristiandad reformada.) La "protesta" anabaptista, aunque perseguida por el protestantismo autoritario, luteranos, reformados y anglicanos, se considera cada vez más como modelo paralelo de protestantismo prístino, quizá con más que contribuir a su futuro que cualquier otro modelo.
A pesar de sus divisiones, la comunidad del Protestantismo sigue siendo perceptible en los movimientos interdenominacionales, e.g., expansión misionera, traducción de la Biblia, crítica bíblica y estudio teológico moderno, agencias de bienestar y de ayuda, y el movimiento ecuménico mismo. Los protestantes también están ligados entre sí por las convicciones comunes, la principal de las cuales es la aceptación de la Reforma como parte imprescindible de su historia. Esto no excluye, para ningún protestante, un vínculo que se remonta a los apóstoles, sino que la continuidad con el cristianismo patristico y medieval es apreciada en diversos grados por distintas tradiciones protestantes.
El principio escritural del protestantismo se expresa en el axioma Ecclesia reformata sed semper reformanda, "iglesia reformada, pero siempre en reformación". El sometimiento a la palabra de Dios significa que ninguna tradición o institución, secular o religiosa, ni siquiera las de la Reforma o las protestantes, pueden ser absolutas. Paul Tillich consideraba que "el principio protestante" era "el juicio profético contra el orgullo religioso, la arrogancia eclesiástica y la autosuficiencia secular y sus destructivas consecuencias". Esto fue noblemente ejemplificado en la Declaración de Barmen de la Iglesia Confesante en la Alemania nazi. Intelectualmente, "la co-operación de la indagación irrestricta y la fe religiosa, de la teología y de la ciencia, sólo es posible en territorio protestante, donde todas las tradiciones e instituciones humanas están abiertas al escrutinio del hombre y al de Dios" (J H Nichols).
Finalmente, el protestantismoo intenta ceñir su vida del evangelio de la gracia de Dios en Cristo. Fiel a su herencia, no puede tolerar un cristiano "hágalo ud. mismo", ninguna base para la autoconfianza humana ante la faz de Dios. En última instancia valorará siempre al Cristo de la fe más que la iglesia de la historia.
D F Wright
Bibliografía
H Wace, Principios de la Reforma; E.G. Leonard, Historia del Protestantismo; W Pauck, La herencia de la Reforma; J Dillenberger y C. Welch, El cristianismo protestante interpretado con su desarrollo; P Schaff, Historia de los credos del cristianismo, I, III; R N Flew y R E Davies, eds., La catolicidad del protestantismo; J H Nichols, Cartilla para Protestantes; W Niesel, Los simbolismos de la Reforma: comparación entre católicos, ortodoxos y protestantes; L Bouyer, El espíritu del protestantismo; E Troeltsch, Protestantismoo y progreso; P Tillich, La Era Protestante; C S Carter y G E Weeks, eds., Diccionario protestante; J S Whale, La Tradición Protestante.
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