Teología Alejandrina

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Es probable que el cristianismo haya llegado a Alejandría en épocas apostólicas, aunque la tradición de que fuera Juan Marcos quien lo hizo no se puede verificar. Hay indicios de que el cristianismo estaba bien establecido en el Egipto Medio hacia 150 D.C. y de que Alejandría fue su puerto de entrada y base de apoyo.

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Clemente de Alejandría llegó a ser el jefe de la escuela Catequética hacia el año 190. Filósofo toda su vida, Clemente consideraba la filosofía griega como preparación para Cristo, e incluso como testigo de la verdad divina. Platón era un apreciado guía. El pecado se basa en la voluntad libre del hombre; la iluminación por el Logos llava al hombre al conocimiento, y éste resulta en decisiones correctas que guían al hombre hacia Dios hasta que lo asimilan a El (Stromata iv. 23). El cristiano vive por amor, libre de pasión, su vida es una oración constante. Clemente estableció este patrón con minucioso detalle en el Paedagogos; tuvo una visión optimista del futuro de todos la humanidad, pero el conocimiento sería recompensado en el mundo venidero. Esta opinión se fundamentaba en una exégesis alegórica de la Escritura.

Alrededor del 202 Clemente fue sucedido en la escuela catequética por el mucho más capaz Orígenes. Estudiante y exégeta bíblico de gran talento, Orígenes escribió el texto Hexapla del OT, además de comentarios, scholia u homilías acerca de todos los libros bíblicos, basado en tres sentidos de la Escritura: el literal, el moral y el alegórico. La Biblia era inspirada, útil, cierta en cada letra, pero la interpretación literal no necesariamente era la correcta.

Como Clemente, Orígenes era deudor de los griegos, pero no con una admiración tan dependiente como la de aquél. Su concepto era el de un gran universo espiritual, presidido por un ser benefactor, sabio y personal. La Cristología alejandrina comienza con Orígenes. A través de una generación eterna del Hijo, el Logos, Dios se comunica desde toda la eternidad. Hay una unidad moral, volitiva entre el Padre y el Hijo, pero una unidad esencial es cuestionable. El mundo de los sentidos provee al teatro de la redención de criaturas caídas, que van desde ángeles a hombres y a demonios. Mediante la encarnación el Logos es el mediador de la redención; Él tomó para sí un alma humana en una unión que fue una henosis.

En consecuencia, es correcto decir que el Hijo de Dios nació como un niño, y que murió (De princ. II. vi. 2-3). Enseñando, dando ejemplo, ofreciéndose a sí mismo a Dios como víctima propiciatoria, pagando un rescate a demonio, Cristo salva al hombre. El hombre se libera gradualmente de lo terrenal por la meditación, la abstinencia, la visión de Dios, y en el proceso puede necesitar un fuego que lo purgue. Aunque este mundo no es el primero ni el último de una serie, al final vendrá la restauración de todas las cosas. La carne, la materia, desaparecerán, sólo quedará el Espíritu, y Dios será el todo. No se sabe cuánto tiempo la libertad humana conservará el poder de producir otra catástrofe, pero en última instancia todos serán confirmados en el bien por el poder del amor de Dios.

Después de que Orígenes dejara Alejandría, sus discípulos se separaron. Un grupo tendió a negar la generación eterna del Logos; Dionisio, obispo de Alejandría (247-65), tomó este partido y declaró que el Logos era una creación del Padre, pero en Alejandría el futuro era del ala opuesta, que enfatizó los atributos divinos del Logos. El partido Sabeliano era fuerte en Cirenaica y Libia, y esto influenció a Alejandría. Cuando el presbítero Arrio comenzó, quizás hacia 317, a proclamar que el Logos era una creación en el tiempo, diferente del Padre en el ser, atrajo discípulos, pero el obispo se le Alejandro opuso. Como el emperador Constantino encontró imposible restablecer la armonía mediante la exhortación y la influencia, convocó a una reunión general de obispos. Al resultante Concilio de Nicea en 325 asistió una delegación de Alejandría que incluyó al diácono Atanasio. que pPor el resto de su vida defendería la conclusión Niceana de que el Hijo era homoousios con el Padre. La adopción de este término a pesar de su verificado trasfondo gnóstico y Sabeliano, fue obra de un genio providencial.

En 328 Atanasio sucedió a Alejandro como obispo de Alejandría. A pesar de alguno arrestos dictatoriales, combinó magníficamente los talentos de un exitoso administrador con una gran penetración teológica. De allí en adelante Alejandría enfatizó enérgicamente la identidad de ser del Padre y del Hijo. Atanasio presentó, en su "La Encarnación del Logos", la imprescindibilidad de la unión del Dios verdadero con el hombre verdadero para la doctrina cristiana de la salvación por medio de la vida y muerte de Cristo. El salvador debe ser cabalmente Dios y cabalmente hombre. A lo largo de muchas acusaciones falsas y cinco períodos de exilio, Atanasio mantuvo su insistencia acerca de un Dios; Padre e Hijo de la misma sustancia; la iglesia instituto de la salvación, no sujeta a la interferencia del estado civil. También estableció la visión de que el Espíritu es homoousios lo mismo que el Padre y el Hijo, preparando así el camino para la fórmula miaousia, tres hypostaseis.

A pesar de sus esfuerzos, Apolinario de Laodicea no logró imponer en Alejandría la visión de que Cristo no necesita ser enteramente divino y enteramente humano. Su opinión de que el pneuma del Logos substituyó al espíritu humano fue rechazada; su énfasis sobre la unicidad de la personalidad de Cristo, sin embargo, se fue convirtiendo en énfasis Alejandrino y fue vigorosamente afirmado por Cirilo, obispo en 412. El Logos tomó sobre sí una naturaleza cabalmente humana, pero el resultado fue henosis physike, y a Cirilo le encantó la fórmula de la miaphysis, uno aunque originalmente ek dúo. La encarnación tenía por fin la salvación. Dios se hizo hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser Dios.

Cirilo fundamentó lo anterior en la exposición alegórica de la Escritura de ambos Testamentos, especialmente el Pentateuco; la alegoría fenoménica de los hechos tiene por objeto dar significado al noumenal. Su obra más famosa es la serie de doce anatemas contra Néstor, en la que ataca las que le parecieron negaciones de la unidad y plena deidad de Cristo, y de la crucifixión y la resurrección del Verbo. En 433 Cirilo aceptó, junto con los líderes de Antioquía, una profesión de fe que declaraba que había llegado a haber (henosis gegone) una unidad de las dos naturalezas de Cristo, y usaba el término que Cirilo había usado tan enérgicamente contra Néstor, Theotokos, como descripción de la Virgen Maria.

Dióscoro continuó el énfasis Cirílico en la unidad en la persona de Cristo pero lo llevó a un extremo; en el Concilio de Calcedonia (451) los radicales Alejandrinos fueron derrotados con la adopción en la Definición Calcedónica del de la frase en dyo physesin. Las tendencias alejandrinas finales produjeron un cismo después de Calcedonia: el gran cuerpo de la cristiandad egipcia rechazó a Calcedonia y se hizo monofisita. El Monotelitismo demostró ser solamente un entusiasmo temporal en Alejandría; la llegada del gobierno islámico le puso término.

La escuela Alejandrina con su énfasis Platónico fué la escuela popular de su tiempo; en su forma más moderada fijó el modelo Cristológico por muchos siglos. Era típica la afición a la interpretación alegórica; enfatizó la intervención de lo divino en lo temporal, y la unión de las naturalezas de Cristo, con abrumador énfasis en el componente divino, fue peligrosamente acentuada.

P Woolley

Bibliografía
E. R. Hardy, Jr., El Egipto Cristiano; E. Molland, El concepto de Evangelio en la teología alejandrina; E. F. Osborn, La filosofía de Clemente de Alejandría; R. B. Tollinton, Clemente de Alexandría; J. Danielou, Orígenes; A. Robertson, Escritos y cartas selectos de Atanasio, 2da serie de NPNF, IV; J.e.l. Oulton y H. Chadwick, eds., El Cristianismo de Alejandrían; E. R. Hardy, ed., Cristología Patrística Tardía, LCC, III; R. V. Sellers, Dos Cristologías Antiguas; C. Bigg, Los Platónicos cristianos de Alejandría; R. B. Tollinton, Doctrina Alejandrina del universo.


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo


La presentación original (en inglés) de este documento está en English language

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