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Además de designar a todo el conjunto de cristianos, el término iglesia se utiliza tanto para las denominaciones cristianas individuales, como para el edificio usado para el rito cristiano.
Richard P McBrien
Bibliografía
H Kung, La Iglesia (1967); R McBrien, La Iglesia:la búsqueda continua (1970).
En el OT hebreo la palabra "qahal" designa a la asamblea del pueblo de Dios (e.g., Deut. 10:4; 23:2 - 3; 31:30; Salmos 22:23), y los LXX, la versión griega del OT, tradujeron esta palabra por ekklesia y también por synagoge. Incluso en el NT ekklesia puede significar la asamblea de los israelitas (Hechos 7:38; Heb. 2:12); pero aparte de estas excepciones, el término ekklesia en el NT designa a la iglesia cristiana, tanto local (e.g., Mat. 18:17; Hechos 15:41; Rom. 16:16; I Cor. 4:17; 7:17; 14:33; Colos. 4:15) como universal (e.g., Mat. 16:18; Hechos 20:28; I Cor. 12:28; 15:9; Efes.1:22).
Surge, pues, la pregunta ¿se prepuso Jesús establecer la iglesia? La respuesta a esto debe basarse no en el dogma de la iglesia sino en la cuidadosa interpretación de la escritura del NT. Las conclusiones a que uno llega aquí dependen del grado en que uno asigna los varios dichos de Jesús a El mismo o a la iglesia de la post resurrección, y de la interprestación que uno haga de términos tales como "Hijo del hombre " y de parábolas como las de la red del pescador, de la levadura, y de las semillas (Mat. 13:47 - 50; Marc. 13:33; 4:1-20). El estudio crítico del Evangelio revela que probablemente Jesús no dejó instrucciones con el fin de establecer y ordenar la iglesia. Más bien, toda su vida y enseñanzas proporcionan la base sobre la cual se creó y llamó a la iglesia a estar, mediante su fé, en el Señor resucitado.
Para ser honesto con el testimonio del NT, hay que reconocer que hay una multiplicidad de imágenes y conceptos que contribuyen a una comprensión de la índole de la iglesia. En el apéndice de su "Imágenes de la Iglesia en el Nuevo Testamento", Paul Minear enumera noventa y seis imágenes que él clasifica como (1) imágenes menores, (2) el pueblo de Dios, (3) la nueva creación, (4) la hermandad en la fe, y (5) el cuerpo de Cristo. Enumerar solamente algunas de éstas demostrará la gran diversidad de imágenes: sal de la tierra, letra de Cristo, ramas de la vid, dama elegida, esposa de Cristo, exilados, embajadores, pueblo elegido, templo santo, sacerdocio, la nueva creación, combatientes contra Satan, esclavos santificados, amigos, hijos de Dios, casa de Dios, miembros de Cristo, cuerpo espiritual.
Aunque hay tal plétora de imágenes, es posible y útil encontrar los conceptos principales que las unen. Desde el Concilio de Constantinopla en 381 la iglesia ha afirmado, y reafirmado en Efeso (431) y Calcedonia (451), que es "una, santa, católica y apostólica".
Primero que todo, el testimonio del NT es claro respecto a la unicidad de la iglesia. En I Cor.1:10 - 30, Pablo advierte contra las divisiones en la iglesia y urge a los fieles a estar unidos en Cristo. En esta misma carta (ch. 12), afirma que si bien hay muchos dones, hay un solo cuerpo (cf. Rom 12:3 - 8). El Evangelio de Juan habla del único pastor y un único rebaño (10:16), y Jesús ruega que sus seguidores sean uno, así como el Padre y el Hijo son uno (17:20 - 26). En Gal. 3:27 - 28 Pablo señala que en Cristo todos somos uno sin distinción de raza, estatus social o sexo. Hechos 2:42 y 4:32 dan testimonio igualmente elocuente de la unicidad de la iglesia. Quizás el pasaje más sugerente en este aspecto es Efes. 4:1 - 6: "Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como uds. fueron llamados originalmente a una misma esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está s obre todos, a través de todos y en todos" (vss. 4 - 6).
La unicidad, sin embargo, no exige uniformidad. De hecho, desde el principio la iglesia se ha manifestado en muchas iglesias locales (en Jerusalén, Antioquía, Corinto, Efeso, etc.); y la iglesia única del NT no tenía ni uniformidad de adoración o de estructuras, y ni siquiera una teología uniforme. Ciertamente el movimiento ecuménico que surgió en este siglo desde el movimiento misionero del siglo XIX ha desafiado a la iglesia de hoy a reconocer que "Dios quiere unidad" (Conferencia Fe y Orden, Lausanne, 1927). El desafío para los cristianos es hoy vivir en unidad sin insistir en que nuestro rito, estructura y teología sean más uniformes que los de la iglesia del NT. La unidad es posible cuando dejamos de pensar en nuestra iglesia o denominación como la vid y todos las demás como ramificaciones; más bien, Jesús es la vid y todos nosotros somos las ramificaciones.
En la historia de la iglesia se han propuesto varias soluciones para conciliar el hecho de que la santa iglesia es una iglesia pecadora. Los Donatistas, Gnósticos, Novacionistas, Montanistas, Cátaros y otros sectas solucionaron el problema declarando que sólo ellos eran santos mientras que todos los demás no eran realmente miembros de la iglesia. Pero 1 Juan 1:8 le recuerda a uno que una iglesia que no tenga un pecado que confesar, sencillamente no existe. Para otros, los miembros son pecadores mas la iglesia es santa. Pero la iglesia no existe en abstracto: son los pecadores quienes la constituyen. Los Gnósticos decían que el cuerpo era pecador mientras que el alma era santa, pero la antropología bíblica establece que el ser humano entero, sin divisiones, es pecador.
La solución reside en la comprensión de qué significa "santo" en la Biblia. El ser santo debe separarse de lo que es profano y de lo que debe dedicarse al servicio de Dios. No significa que el cristiano esté libre de pecado. El apóstol Pablo dijo de sí mismo: "No es que yo ya haya obtenido esto o sea ya perfecto" (Fil. 3:12a), y en los saludos a los cristianos de Corinto los llama "santificados" y "santos". Los cristianos son santos en cuanto han sido apartados por Dios mismo para Su servicio (2 Tesal. 2:13; Col. 3:12, etc.).
Aunque la iglesia local es una iglesia entera, no es toda la iglesia. Como católica, la iglesia incluye a los creyentes de generaciones pasadas, y a creyentes de todas las culturas y sociedades. Es lamentable que durante demasiado tiempo la iglesia en el mundo occidental haya formulado una teología y estrategia de misión sin considerar a las iglesias de África, Asia y América Latina, iglesias de los dos tercios del mundo. La Enciclopedia Mundial Cristiana muestra que los blancos representan hoy el 47,4 % de la población cristiana mundial, primera vez en 1.200 años que los blancos no son mayoría. Doscientos ocho millones de cristianos hablan español, 196 millones hablan inglés, 128 millones hablan portugués, seguidos de los que hablan alemán, francés, italiano, ruso, polaco, ucraniano y holandés.
Declarar que la iglesia es apostólica no es afirmar una línea directa de sucesión a través de individuos específicos, sino reconocer que el mensaje y la misión de los apóstoles, según lo mediado por las Escrituras, deben ser los de toda la iglesia.
Los adjetivos "una, santa, católica, apostólica" son lo bastante específicos como para describir la naturaleza esencial de la iglesia, permitiendo a la vez diferencias entre denominaciones e iglesias en las formas en que cada una cumple la misión y el ministerio de la iglesia en el mundo. Según lo ya mencionado, el NT utiliza casi cien imágenes relativas a la iglesia; una de ellas, el cuerpo de Cristo, es especialmente rica en lo que comunica sobre la naturaleza de la iglesia.
Los cristianos son en Cristo un solo cuerpo con muchos miembros (Rom 12:4 - 5; I Cor. 12:27). Desde luego, la iglesia es el cuerpo de Cristo (Efes. 1:22 - 23; 4:12), que es la cabeza (Efes. 5:23; Col. 1:18), de la cual depende el cuerpo para su vida y el crecimiento (Col. 2:19). La iglesia nunca es llamada directamente esposa de Cristo, pero así se entiende de la analogía de Pablo en la cual la relación marido-mujer se equipara a la de Cristo-la iglesia (Efes. 5:22 - 33). Marido y mujer deben ser una sola carne, y así es respecto de Cristo y la iglesia (Efes. 5:31 - a 32).
Con esta imagen se expresan varios conceptos teológicos importantes referentes a la iglesia. Los cristianos forman una unidad con Cristo y los unos con los otros, y reconocen a Cristo como autoridad sobre la iglesia, y que da vida y crecimiento. Esta imagen es también una fuerte afirmación respecto de la necesidad de los diversos dones que Dios otorga a la iglesia, y de la apropiada gratitud por ellos.
La iglesia tiene un doble propósito: ser un sacerdocio santo (1 Pedro 2:5) y "proclamar los hechos maravillosos de aquél que te llamó de las tinieblas a su maravillosa luz" (1 Pedro 2:9). Es la iglesia entera, en relación con el mundo, la que debe ejercer las tareas del sacerdocio. En cuanto sacerdocio, a la iglesia se le ha confiado la responsabilidad de llevar la palabra de Dios a la humanidad y de interceder por ésta ante El.
Junto con la función sacerdotal la iglesia tiene la función misionera de proclamar los maravillosos hechos de Dios. La tarea misionera de la iglesia no es optativa, porque por su propia naturaleza la iglesia es misión. Además, la misión está en y para el mundo, no en y para sí misma.
R L Omanson
Bibliografía
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