Liberalismo Teológico, Modernismo

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Conocido también como modernismo, es la tendencia más notoria en el pensamiento teológico a fines del siglo XIX. Se trata de un concepto extremadamente difícil de precisar: hay muchos matices de pensamiento liberal, su carácter ha cambiado a medida que pasa el tiempo, y las diferencias en el liberalismo en Europa y América del Norte son considerables. Su rasgo principal es el deseo de adaptar las ideas religiosas a la cultura y modos de pensar modernos. Los liberales insisten en que el mundo ha cambiado desde que se fundó el cristianismo, de modo que la terminología bíblica y los credos son incomprensibles para la gente de hoy.

Aunque la mayoría de aquéllos parte de la ortodoxia heredada de Jesucristo como revelación de un Dios salvador, intentan repensar y comunicar la fe en términos que se puedan entender hoy en día. Como dice Harry Emerson Fosdick, tenemos que expresar la esencia del cristianismo, sus "experiencias permanentes", pero no hay que identificarlas con las "categorías cambiantes" mediante las cuales se las expresó en el pasado. Los liberales sostienen que el cristianismo siempre ha adaptado sus formas y lenguaje a situaciones culturales particulares, y los "modernistas" de cualquier época han sido tan solo los más francos y creativos al hacerlo.

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Un segundo elemento del liberalismo es su rechazo de la doctrina religiosa sobre la sola base de la autoridad. Todas las doctrinas deben pasar las pruebas de la razón y la experiencia, y la mente debe estar abierta a nuevos hechos y verdades, independientemente del lugar donde se originen. No hay materias ya cerradas o establecidas y la religión no debe sustraerse al examen crítico. Como la Biblia es obra de autores limitados por su propia época, no es ni sobrenatural ni un registro infalible de la revelación divina y, por tanto, no posee autoridad absoluta. La "esencia del cristianismo" reemplaza la autoridad de las Escrituras y credos, y a la iglesia. Esto significa que no hay una contradicción inherente entre los reinos de la fe y de la ley natural, de la revelación y la ciencia, lo sagrado y lo secular, o la religión y la cultura. Una idea central de la teología liberal es la inmanencia divina. Dios es visto como presente y morador en el mundo, no separado ni por encima de éste como ser trascendente. Él es su alma y vida, así como su creador, y por ello Dios se encuentra en la totalidad de la vida y no sólo en la Biblia o unos cuantos acontecimientos reveladores. Puesto que El está presente y obra en todo lo que sucede, no puede haber distinción entre lo natural y lo sobrenatural. La presencia divina se revela en cosas tales como la verdad racional, la belleza artística y la bondad moral. Aunque la mayoría de los liberales tratan de aferrarse a un núcleo de doctrina cristiana, algunos llevaron la inmanencia a su fin lógico, que es el panteísmo.

La inmanencia ha contribuido a creencias liberales comunes, como la existencia de un sentimiento religioso universal subyacente a las instituciones y credos de determinadas religiones y la superioridad de las buenas obras (tanto en términos individuales como colectivos), por encima de profesiones y confesiones. Dios es visto como Aquél que permite al hombre integrar su personalidad y, por esa vía, alcanzar la perfección. Esto, por supuesto, requiere la reformulación de muchas doctrinas cristianas tradicionales. La encarnación fue la entrada en el mundo, a través de la persona de Jesucristo, de una fuerza moldeadora y redentora en la humanidad, y significó y ratificó la presencia real de Dios en la humanidad. Su personalidad profética es la más clara y desafiante demostración del poder divino en el mundo, y El es al mismo tiempo la revelación de Dios y la meta de los anhelos del hombre. Así como la resurrección de Jesús es la continuación de Su espíritu y personalidad, así es para todos los mortales después de la muerte del cuerpo físico.

Se considera que el pecado o el mal son la imperfección, la ignorancia, la inadaptación y la inmadurez, no la falla fundamental en el universo. Estos obstáculos que impiden el desarrollo de la naturaleza interna pueden ser superados por la persuasión y la educación, y la salvación o regeneración es su eliminación. La religión representa aquella dimensión de la vida en la cual los valores personales reciben su máxima expresión, y su poder posee cualidades espiritualmente terapéuticas. La oración, por ejemplo, aumenta la sensibilidad espiritual y confiere los beneficios morales de estabilidad, autocontrol y paz mental.

El liberalismo también manifiesta un optimismo humanista. La sociedad está avanzando hacia la realización del reino de Dios, que será un estado ético de perfección humana. La iglesia es el movimiento de aquellos que siguen los principios e ideales establecidos por Jesús, que proporciona el más excelso ejemplo de una desinteresada vida de amor, y los miembros de esta hermandad trabajan juntos para construir el reino. La escatología liberal ve a la obra de Dios entre los hombres como de redención y salvación, no de castigo por el pecado, y ese fin se alcanzará en el curso de un progreso continuo y ascendente.

Fuentes y desarrollo

El liberalismo teológico se originó en Alemania, donde en el siglo XIX convergieron varias corrientes teológicas y filosóficas. El pensamiento alemán tuvo un profundo impacto sobre la teología británica y estadounidense, pero los movimientos internos en ambos lugares, la tradición de la Iglesia Amplia en Gran Bretaña y el Unitarismo en Estados Unidos, dieron significativa forma al desarrollo del liberalismo.

El idealismo ético de Kant y el rechazo de todo razonamiento trascendental sobre religión tuvieron el efecto de limitar el conocimiento y abrir el camino para la fe. Schleiermacher introdujo la idea de la religión como una situación del corazón, cuya esencia es el sentimiento. Esto hizo de la doctrina cristiana independiente de sistemas filosóficos y de la fe una cuestión de experiencia individual de dependencia de Dios. Jesús es la perfecta realización del ideal de una nueva vida de comunión espiritual con Dios, posibilidad que también existía para aquellos inducidos a una fasociación con El en la iglesia. Hegel exploró otra dirección con su idealismo absoluto, que enfatizaba la existencia de una estructura racional en el mundo, separada de las mentes individuales de sus habitantes. Lo que es real es racional, y toda la realidad es la manifestación de la idea absoluta o la mente divina. A través de un proceso dialéctico de flujo y reflujo de la lucha histórica, la razón supera progresivamente lo irracional y el bien triunfa sobre el mal. Las principales contribuciones de idealismo hegeliano fueron el apoyo a la idea de la inmanencia divina y el fomento de la crítica histórica y bíblica.

Las ideas de FC Baur y la Escuela de Tübingen sobre los orígenes y desarrollo temprano del cristianismo y el NT siguieron los principios de la evolución histórica hegeliana, y lo mismo ocurrió con Graf y Welhausen en los estudios sobre el Antiguo Testamento. La crítica superior puso en tela de juicio la autoría y datación de gran parte de la literatura bíblica y rechazó el concepto tradicional de las Escrituras como oráculos divinamente revelados. El cristianismo era visto simplemente como el cumplimiento histórico de la religión natural, la culminante auto-revelación del Espíritu inmanente. Empezando con DF Strauss y siguiendo con E Renan y JR Seeley hasta un punto eminente con Harnack, la "vida de Jesús" fue estudiada con la intención de despojarla de las formulaciones dogmáticas de la iglesia y volver al personaje humano concreto e histórico. Detrás de la pantalla de humo de la teología y la filosofía helenística, ellos encontraron la enseñanza de una sencilla religión ética resumida en la paternidad de Dios y la hermandad del hombre. Insistiendo en que el cristianismo debe basarse en el tipo exacto de persona que El era, encontraron necesario ir detrás del "Cristo de los credos", al "Jesús de la historia."

La influencia de Hegel fue rota por Ritschl, que destacó la importancia de la fe y la experiencia religiosa. Apoyó la alegación cristiana de singularidad, pero sostuvo que la experiencia cristiana debe basarse en los datos objetivos de la historia y no en el sentimiento personal. Entendió el cristianismo como una vida de acción que liberaría al hombre de la esclavitud de las pasiones de su propia naturaleza y del determinismo de su entorno físico. Las doctrinas religiosas son juicios de valor relativas a la situación espiritual, y tienen consecuencias prácticas. Su teología de los valores morales refiere al evangelio a dos polos, la obra redentora de Cristo y la comunión de los redimidos (el reino de Dios). En el reino uno alcanza una perfección moral y, por tanto, es como Cristo. Dios es simultáneamente inmanente, trascendente y personal.

Los liberales acogen con satisfacción las conclusiones de la ciencia y encajan fácilmente el reto del darwinismo. La evolución reivindica la inmanencia divina, ya que explica cómo Dios ha construido lentamente el universo a través de la ley natural; también Se reveló a Sí mismo a través de un proceso evolutivo, así como los israelitas se iniciaron con ideas atrasadas y sanguinarias y poco a poco llegaron a entender que al Dios justo sólo podían servirlo los justos, misericordiosos y humildes. Finalmente Jesús Lo retrata como Padre amoroso de todos los hombres. Por lo tanto, la redención era la transformación gradual del hombre desde un estado primitivo al de hijo obediente a Dios. Se aplicó el enfoque científico a la teología y a la crítica bíblica, y se las consideró abiertas a toda la verdad. Al igual que el reino físico, la cultura y la religión habían evolucionado y no había antagonismo fundamental entre los reinos de la fe y de la ley natural.

El liberalismo fue preponderante en el protestantismo francés, en el que Auguste Sabatier sostuvo que la religión debe entenderse como vida en lugar de doctrina. Debe captársela a través de la psicología religiosa y el estudio histórico de los documentos en los que la conciencia religiosa del pasado dejó una impronta. De acuerdo con el católico Alfred Loisy, la esencia del cristianismo está en la actual fe de la iglesia más que exclusivamente en las enseñanzas de Jesús, y es constantemente redefinida por el presente. El modernismo católico tuvo una fuerte raigambre en Francia y en Gran Bretaña y en menor medida en los Estados Unidos, pero fue efectivamente anulada por la acción papal a principios del siglo XX. El liberalismo británico estaba relacionado con la tradición latitudinaria y se encontraba entre los miembros de la Broad Church tales como Benjamin Jowett, que hizo hincapié en una definición flexible del dogma. El modernismo anglicano fue típicamente británico, individualista y comprometedor, tendiente a combinar la natural virilidad de Jesús con una doctrina de su divinidad. Tal vez el más controvertido liberal fue RJ Campbell, un metodista que criticó la doctrina ortodoxa por su "dualismo práctico" en hacer que la gente piense en Dios como aparte y por encima de su mundo en lugar de expresarse a través de su mundo. Hizo hincapié en la unidad interna de Dios, el hombre y el universo casi hasta el punto del panteísmo. En general, el liberalismo británico tendió a ser teórico y académico y más tenue en su manifiesto entusiasmo humanista.

En los Estados Unidos la principal fuente de ideas religiosas liberales fue el Unitarismo, que ya había modificado las doctrinas de la soberanía divina, el pecado humano y la revelación bíblica antes de que el pensamiento alemán comenzara a hacerse sentir. En la década de 1890 la mayoría de los grandes teólogos había estudiado en Alemania y muchos de ellos habían llegado a aceptar los principios de la crítica superior y el darwinismo. El liberalismo norteamericano se caracterizó por un fuerte sentido de activismo y el sentimiento de que Dios está presente y activo en los grandes desarrollos de la cultura humana.

La preocupación de los teólogos liberales era la construcción del reino de Dios y la promoción del liberalismo aplicado, conocido como evangelio social. Esto enfatizó la necesidad de modificar la sociedad corrupta, que a su vez corrompía al hombre. Los evangelizadores sociales hablaban del reino donde los hombres podrían vivir como hermanos en un espíritu de cooperación, amor y justicia. La iglesia debe volverse desde salvar a los pecadores individuales hacia a la acción colectiva de salvar a la sociedad. El logro de una mejor vida en la Tierra sustituyó a la preocupación por el más allá, y se esperaba que Cristo y los valores cristianos conquistaran el mundo. El progreso se podría ver en el avance de la democracia política, el movimiento por la paz del mundo, y los esfuerzos para terminar con la discriminación racial.

Ocaso y persistencia

Para fines de la Primera Guerra Mundial el liberalismo había logrado considerables avances en las iglesias protestantes en Europa y América del Norte, pero sobre fundamentos débiles. La Primera Guerra Mundial destrozó el optimismo embriagador que fue su activo en el comercio mientras contraatacaban los conservadores. A menudo considerados fundamentalistas, confesionalistas o pietistas, denunciaron al liberalismo por ser, como dijo JG Machen, "para nada cristiano, sino una religión tan completamente diferente de la cristiana como si perteneciera a otra categoría".

A pesar de que el desafío fundamentalista había sido más o menos superado, una amenaza más seria fue la de los sofisticados teólogos de la neo-ortodoxia que pedían la recuperación de la trascendencia divina y una doctrina realista del pecado. El liberalismo, con su énfasis en la libertad y la auto-determinación del hombre, dio sanción religiosa a los esfuerzos del hombre moderno por controlar su vida por medio de la razón autónoma y mejorar las condiciones confiando en su propia bondad, pero trató de negar el aplastante poder del pecado y del mal que repetidamente frustra las aspiraciones humanas. Los neo-ortodoxos surgieron que los liberales no habían entendido bien ni la condición actual del hombre ni la doctrina de Dios que podía remediarla. El cristianismo se transformó en un humanismo ético moralista que poco ofrecía a los atrapados por las exigencias de la vida moderna, y en sus esfuerzos por no separar lo sagrado de lo secular también identificó demasiado estrechamente lo uno con lo otro.

El liberalismo también se tornó demasiado dependiente de encontrar al Jesús histórico, y como demostró Albert Schweitzer, el Jesús que los investigadores estaban descubriendo poseía una visión apocalíptica del mundo, bastante diferentes de su concepción de Sus enseñanzas. La escuela de la historia de las religiones llevó la idea del desarrollo histórico a su fin lógico y retrató el cristianismo como la religión sincrética del antiguo Cercano Oriente. Esto significaba la negación de su carácter distintivo y de la autoridad del canon bíblico. El cristianismo no es más que una entre muchas religiones, todas los cuales eran relativas a su tiempo y circunstancias y, por tanto, no podía pretender ningún carácter irrevocable. En la década de 1930 algunos adeptos se movieron mucho más a la izquierda y rompieron casi por completo con el cristianismo. Algunos se volvieron hacia el humanismo secular, y en su manifiesto de 1933 repudiaron la existencia de Dios, la inmortalidad y lo sobrenatural en general, por la fe en el hombre y su capacidad. Otros se identificaron con una filosofía empírica de la religión basada totalmente en los métodos científicos y la experiencia. Pero el liberalismo no murió. Un grupo de "evangélicos liberales" en los Estados Unidos, entre ellos el Excmo Fosdick, A William Brown, Rufus Jones y Henry Sloane Coffin, predicaron un Dios a la vez inmanente y trascendente; que Jesús, la Biblia y el cristianismo eran únicos, y que uno debe aceptar a Jesús como Señor de su vida. Una nueva generación de "neoliberales" criticó el antiguo modernismo por su excesiva preocupación por el intelectualismo, sentimentalismo, un muy diluído concepto de Dios y acomodación al mundo moderno, que le impidieron lanzar un ataque moral. Personas como WM Horton, John C. Bennett C y HP Van Dusen clamaron por hallar quién es realmente Dios y obtener su ayuda para enfrentar la ordalía humana que es el pecado.

En Alemania la investigación liberal estuvo dominada por gigantes como Bultmann, con su énfasis en la crítica de la forma y en la desmitologización del NT para que el hombre moderno pueda entender qué es la fe cristiana, y Tillich, cuya preocupación era la esencia, la razón del ser, y que sugirió que a Dios no se le puede describir con símbolos que han ido pasando de una era a otra, sino que sólo se le puede encontrar por la experiencia. Bonhoeffer propuso la idea de un cristianismo sin religión en el que la Iglesia debe preocuparse de Cristo y no de ideas religiosas. Vivimos en un mundo que ha alcanzado la mayoría de edad y debe rechazar el camino de la religión que es una muleta psicológica. Los cristianos deben adelantarse en la fe y seguir al "hombre para los demás" en costoso discipulado.

En la década de 1960 la mayoría de los liberales había abandonado el optimismo humanista, el inmanentismo cultural progresista y el sueño de un reino terrenal, pero no cedieron en la interpretación no literal de la Biblia. Muchos tenían un renovado interés por la teología natural y destacaron la importancia del cambio social. Teólogos "radicales" y "seculares" hablaron del concepto tradicional de Dios como "muerto" en esta era secular, y se gloriaron en el Dios que viene a nosotros en los eventos de cambio social. Se mostraron optimistas acerca de las posibilidades creativas abiertas al hombre secular; celebraron el amor como norma suficiente de comportamiento ético y reafirmaron el señorío de Cristo y su llamada al discipulado.

RV Pierard

(Diccionario Evangélico Elwell)

Bibliografía

J Dillenberger y C Welch, El cristianismo protestante interpretado a través de su desarrollo; W Pauck, la herencia de la Reforma; B Reardon, el protestantismo liberal; DE Miller, El Cristianismo Liberal; H Zahrnt, La cuestión de Dios: la teología protestante en el siglo XX; WR Hutchinson, El impulso modernista en el protestantismo norteamericano; LJ Averill, La Teología Estadounidense en la tradición liberal; K Cauthen, el impacto del liberalismo religiosos norteamericano; RJ Coleman, Cuestiones de conflicto Teológico: evangélicos y liberales.


Liberalismo

Información Católica

Forma libre de pensar y actuar en la vida privada y pública.

I. DEFINICIÓN

La palabra “liberal” se deriva del latín liber, libre, y hasta el final del siglo XVIII sólo significaba "digno de un hombre libre", por lo que la gente hablaba de "artes liberales" y "profesiones liberales". Más tarde el término se aplicó también a aquellas cualidades del intelecto y del carácter consideradas ornamento propio de los que ocupa una mayor posición social en razón de su riqueza y educación; de ese modo lo liberal llegó a tener el sentido de intelectualmente independiente, de mente amplia, magnánima, franca, abierta y genial. También puede denotar un sistema o tendencia política en contra de la centralización y el absolutismo, y en este sentido el liberalismo no está en contradicción con el espíritu y la enseñanza de la Iglesia Católica. Desde fines del siglo XVIII, sin embargo, la palabra se ha aplicado cada vez más a ciertas tendencias de la vida intelectual, religiosa, política y económica, que implican la emancipación parcial o total del hombre respecto del orden sobrenatural, moral y Divino. Por lo general se considera que los principios de 1789, es decir. los de la Revolución Francesa, son la Carta Magna de esta nueva forma de liberalismo. El principio fundamental afirma una absoluta e irrestricta libertad de pensamiento, religión, conciencia, credo, expresión, prensa y política; las consecuencias necesarias de ello son, por un lado, la supresión del derecho divino y de todo tipo de autoridad derivada de Dios; la relegación de la religión de la vida pública al ámbito privado de la conciencia individual; el hacer caso omiso del cristianismo y la Iglesia como instituciones públicas, jurídicas y sociales; y por otro lado, la puesta en práctica de la absoluta autonomía de cada persona y del ciudadano en todas las actividades humanas y la concentración de todos los poderes públicos en una "soberanía del pueblo". Esta soberanía en todas las ramas de la vida pública como la legislación, administración y jurisdicción, se ha de ejercer en nombre y por orden de todos los ciudadanos de manera tal que todos deberían tener participación en ella y control de la misma. Otro principio fundamental del liberalismo es la proposición "Es contrario al derecho natural, innato e inalienable, y a la libertad y dignidad del hombre, someterse a una autoridad cuya raíz, regla, medida y de sanción no resida en él mismo". Este principio implica la negación de toda verdadera autoridad, puesto que ésta necesariamente presupone un poder externo y por encima del hombre, que lo obliga moralmente.

Estas tendencias, sin embargo, fueron más o menos activas mucho antes de 1789; de hecho, son propias de la especie humana. El liberalismo moderno las adopta y propaga bajo la engañosa máscara del liberalismo en su verdadero sentido. Como directo descendiente del Humanismo y la Reforma en los siglos XV y XVI, el liberalismo moderno fue más desarrollado por los filósofos e intelectuales de Inglaterra, sobre todo Locke y Hume; por Rousseau y los enciclopedistas en Francia, y por Lessing y Kant en Alemania. Con todo, su cuna real fueron los salones de la nobleza francesa moderadamente librepensadora (1730- 1789), especialmente los de Mme Necker y su hija Mme de Staël. Esta última fue, más que nadie, el vínculo entre los elementos librepensadores antes y después de la Revolución y el centro del movimiento liberal moderno en Francia y Suiza. En sus opiniones político- religiosas Mme. de Staël está íntimamente relacionada con Mirabeau y el Partido Constitucional de la Revolución, cuyas opiniones alcanzaron su más clara expresión en su obra "Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución Francesa". Ella aboga por la máxima libertad individual y denuncia como absurda la derivación de la autoridad humana desde Dios. En su opinión, la situación jurídica de la Iglesia como institución pública y propietaria es un acuerdo nacional, y por tanto, está enteramente sujeta a la voluntad de la nación; la abolición de los privilegios eclesiásticos está totalmente justificada ya que el clero es el enemigo natural de los principios de la Revolución. La forma ideal de gobierno es, en Estados pequeños, la república; en los más grandes, la monarquía constitucional según el modelo inglés. Según Mme de Staël, todo el arte de gobernar en los tiempos modernos consiste en dirigir la opinión pública y en ceder a ella en el momento apropiado.

II. DESARROLLO Y PRINCIPALES TIPOS DE LIBERALISMO MODERNO EN PAÍSES DE HABLA INGLESA

Puesto que los llamados principios liberales de 1789 se basan en un concepto erróneo de la libertad humana, y son y por siempre deben ser indefinidos y contradictorios en sí mismos, en la vida corriente es imposible ponerlos en práctica con mucha coherencia. En consecuencia, se han desarrollado los más variados tipos y tonalidades de liberalismo, todos los cuales siguieron siendo de hecho más conservadores que lo que una aplicación lógica de los principios liberales habría garantizado. El liberalismo fue formulado por primera vez por los protestantes ginebrinos (Rousseau, Necker, Mme de Staël Constant, Guizot); pero fue desde Francia que se extendió al resto del mundo, al igual que sus diferentes tipos representativos. Estos se desarrollaron en íntima relación con las distintas revoluciones en Europa desde 1789.

Los principales tipos son los siguientes:

(A) Liberalismo anti- eclesiástico

(1) Antiguo liberalismo, propuesto primero por Mme de Staël y Constant Se le puede describir como el liberalismo de salón de las clases librepensadoras educadas que no condescendieron, sin embargo, a convertirse en políticos o estadistas prácticos, sino que fueron observadores superiores, críticos infalibles por encima de todo partido. Posteriormente algunos de estos viejos liberales, por ejemplo, Littré y Laboulaye en Francia (1879-1880), animado por una hidalguía verdaderamente liberal, defendieron los derechos de las minorías reprimidas contra las mayorías jacobinas.

(2) Liberalismo doctrinario Estrechamente relacionado con el antiguo liberalismo de Mme de Staël, surgió en el salón de conferencia de Royer-Collard y en el salón del Duque de Broglie (1814-1830). Fue el liberalismo de los políticos y estadistas prácticos que en los diferentes estados trataban de restablecer, mantener y desarrollar la forma constitucional de gobierno basada en los principios de 1789. Además de De Broglie, los más destacados representantes de este órgano fueron Royer-Collard, Guizot en Francia, Cavour en Italia y von Rotteck y sus partidarios, en Alemania.

(3) Liberalismo burgués, resultado natural del liberalismo doctrinario. Se adaptó más a los intereses de las clases propietarias y adineradas; habiendo sido el clero y la nobleza despojados de su poder político, ésas fueron las únicas clases que pudieron hacer uso de las nuevas instituciones, ya que el pueblo no estaba suficientemente instruido y organizado para ello. En consecuencia, y desde un principio, las clases industriales ricas fueron en todos los países la base del liberalismo, y éste, por su parte, se vio obligado a respaldar sus intereses. Este tipo de liberalismo burgués gozó de su mayor favor en Francia durante el tiempo del ciudadano-rey Louis-Philippe (1830-40), que declaró abiertamente su dependencia al respecto. Floreció en Alemania como "liberalismo nacional", en Austria como "liberalismo político en general", y en Francia como el liberalismo del partido Oportunista de Gambetta. Sus rasgos característicos son sus ideales materialistas y sórdidos, interesados sólo en el goce ilimitado de la vida; el egoísmo en la explotación de los económicamente débiles por medio de tarifas correspondientes a intereses de clase; una sistemática persecución del cristianismo y especialmente de la Iglesia Católica y su instituciones; un desprecio frívolo e incluso burlón del orden moral divino; una cínica indiferencia en la elección y utilización de medios —calumnia, corrupción, fraude, etc— contra los oponentes, y la adquisición de un dominio y control absolutos de todo.

(4) Los partidos liberales "del progreso" están en oposición a los conservadores y los liberales de la clase burguesa en la medida en que una vez en el poder, a éstos por lo general les importa poco o nada seguir mejorando en función de sus principios liberales, mientras que los primeros hacen hincapié en los principios fundamentales del liberalismo y de lucha contra una cínica política unilateral de interés propio; por esta razón es que a un extraño le parecen más justos.

(5) Los Liberales Radicales son partidarios de ideas progresistas modernas, que tratan de realizar sin consideraciones por el orden existente o por los derechos, ideas y sentimientos de los demás. Tal fue el primer partido político liberal, los Jacobinos españoles en 1810. Este es el radicalismo, que bajo la máscara de la libertad está aniquilando los derechos de los católicos en Francia.

(6) Los Demócratas Liberales quieren hacer de la masa de gente común el factor decisivo en los asuntos públicos. Se basan sobre todo en las clases medias, cuyos intereses pretende tener en el corazón.

(7) El socialismo, liberalismo del interés propio nutrido por toda clase de liberales, ya descritos más arriba y adoptado por los miembros del cuarto estado y proletariado. Al mismo tiempo no es nada más que la reacción natural contra una política unilateral del propio interés. Sus ramas principales son las siguientes:

El comunismo, que trata de reorganizar las condiciones sociales mediante la abolición de toda la propiedad privada;

Social Democracia Radical de Marx (fundada en 1848), común en Alemania y Austria;

Socialismo Moderado (Federación Democrática Socialista en Inglaterra, Posibilistas en Francia, etc);

Partidos anarquistas fundados después de 1868 por Bakunin, Most, Kropotkin, y durante algunos períodos aliados a la socialdemocracia. El anarquismo como sistema es relativamente el más lógico y radical desarrollo de los principios liberales.

(B) Liberalismo eclesiástico (catolicismo liberal)

(1) La actual forma política de catolicismo liberal moderno es la que regula las relaciones de la Iglesia con el Estado y la sociedad moderna de acuerdo a los principios liberales expuestos por Benjamin Constant. Tuvo sus predecesores y modelos en el galicanismo, febronianismo y josefinismo. Fundado en 1828 por Lamennais, el sistema fue defendido más tarde en algunos aspectos por Lacordaire, Montalembert, Parisis, Dupanloup y Falloux.

(2) La más teológica y religiosa forma de catolicismo liberal tuvo sus predecesores en el jansenismo y el josefinismo; apunta a ciertas reformas en la doctrina y disciplina eclesiásticas de acuerdo con la teoría liberal protestante anti-eclesiástica y la atea "ciencia e ilustración" prevalecientes en ese tiempo. Las fases más recientes de este liberalismo fueron condenadas por Pío X como Modernismo. En general defiende la latitud en la interpretación de los dogmas, el pasar por alto o ignorar los decretos de supervisión y doctrinal de las Congregaciones romanas, la simpatía con el Estado incluso en sus leyes contra la libertad de la Iglesia, la acción de sus obispos, sacerdotes, religiosos y congregaciones, y una disposición a tildar de clericalismo los esfuerzos de la Iglesia para proteger los derechos de la familia y de las personas al libre ejercicio de la religión.

III. CONDENA DEL LIBERALISMO POR PARTE DE LA IGLESIA

Al proclamar la absoluta autonomía del hombre en el orden intelectual, moral y social, el liberalismo niega, al menos en la práctica, a Dios y a la religión sobrenatural. Si se le profesa lógicamente, conduce incluso a una negación teórica de Dios, al poner a la humanidad deificada en lugar de Dios. Ha sido censurado a las condenas al racionalismo y el naturalismo. La condena más solemne del naturalismo y el racionalismo fue la contenida en la Constitución "De Fide" del Concilio Vaticano (1870); no obstante, la condena más explícita y detallada del liberalismo moderno fue la de Pío IX en la Encíclica "Quanta cura" de 8 de diciembre de 1864, y el programa adjunto. Pío X lo condenó nuevamente en su alocución del 17 de abril de 1907, y en el Decreto de la Congregación de la Inquisición, de 3 de julio de 1907, en que los principales errores del modernismo fueron rechazadas y censurado en sesenta y cinco proposiciones. La forma más antigua y principalmente política del falso catolicismo liberal fue condenada por la Encíclica de Gregorio XVI "Mirari Vos", de 15 de agosto de 1832, y por muchos documentos de Pío IX (véase Ségur, "Hommage aux Catholiques Libéraux", París, 1875). La definición de la infalibilidad papal por el Concilio Vaticano fue una virtual condena del liberalismo. Además de esto muchas decisiones recientes se refieren a los principales errores del liberalismo. De gran importancia en este sentido son las alocuciones y encíclicas de Pío IX, León XIII y Pío X. (Cf., Recueil des allocutions consistorales encycliques... citées dans le Syllabus", París, 1865) y las encíclicas de León XIII de 20 de enero de 1888, "Sobre la libertad humana"; de 21 de abril de 1878, "Sobre los males de la sociedad moderna"; de 28 de diciembre de 1878, "Sobre las sectas de los socialistas, comunistas y nihilistas"; de 4 de agosto de 1879, "Sobre la filosofía cristiana"; de 10 de febrero de 1880, "El matrimonio"; de 29 de julio de 1881, "Sobre el origen del poder civil"; de 20 de abril de 1884, "Sobre la francmasonería"; de1 º de noviembre de 1885, "Sobre el Estado cristiano"; de 25 de diciembre de 1888, "Por la vida cristiana"; de 10 de enero de 1890, "De los principales deberes de un ciudadano cristiano "; de 15 de mayo de 1891, "Sobre la Cuestión Social "; de 20 de enero de 1894," Sobre la importancia de la unidad en la fe y la unión con la Iglesia para la preservación de los fundamentos morales del Estado "; y de 19 de marzo de 1902, "Sobre la persecución de la Iglesia en todo el mundo". Se puede obtener información completa acerca de la relación de la Iglesia hacia el liberalismo en los diferentes países, de las operaciones y decisiones de los distintos concejos provinciales. Estos se pueden encontrar en la "Collectio Lacensis" bajo los epígrafes del índice: Fides, Ecclesia, Educación, Francomuratores.

Publicación de información escrita por Hermann Gruber. Transcrito por Vivek Gilbert John Fernández. Dedicado a Anusha Jebanasam y el Opus Dei. Enciclopedia católica, Vol. IX. Publicado en 1910. New York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat, 1° octubre 1910. Remy Lafort, Censor. Imprimatur. +John M. Farley, arzobispo de Nueva York

Bibliografía

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Obras relativas al liberalismo eclesiástico:

(A) Iglesias protestantes: GOYAU, L'Allemagne religieuse, le protestantisme (París, 1898); SABATIER, Religiones de Autoridad y la religión del Espíritu; POLLOCK, religiosas Igualdad (Londres, 1890); REVILLE, el cristianismo liberal (Londres, 1903); IDEM, Liberalismo anglicano (Londres, 1908).

(B) Liberalismo católico: - Weill, Histoire de libéral Catholicisme en France, 1828-1908 (París, 1909).

(C) Modernismo: Schell, Katholizismus als Prinzip des Fortschritts (1897); IDEM, Die neue Zeit und der neue Glaube (1898); MAŒLER, Reformkatholizismus (estas tres obras están en el Índice); STUFLER, Die heiligkeit Gottes in Zeit. h. Theol. (Innsbruck, 1908), 100-114; 364-368. (Innsbruck, 1908), 100-114, 364-368. Crítica y condena del liberalismo: FAGUET, Le Libéralisme (Paris, 1906); FRANTZ, Die Religion des National-liberalismus (1872).

Desde el punto de vista católico: DONAT, Die Freiheit der Wissenschaft (1910); VON KETTELER, Freiheit Autorit?und Kirche (Mainz, 1862); IDEM, Die Arbeiterfrage und das Christenthum (Mainz, 1864); DECHAMPS, Le libéralisme (1878); DONOSO CORT?, Catholicism, Liberalism and Socialism (tr. Philadelphia, 1862); H. PESCH, Liberalismus, Sozialismus und christliche Gesellschaftsordnung (Freiburg, 1893- 99); CATHREIN, Der Sozialismus (Freiburg, 1906); PALLEN, What is Liberalism? (St. Louis, 1889); MOREL, Somme contre le catholicisme libéral (Paris, 1876); Die Encyklika Pius IX. (St. Louis, 1889); vom 8 Dez. vom 8 Dez. 1864 in Stimmen aus Maria-Laach; Centro de Derechos Humanos. PESCH, Theologische Zeitfragen, IV (1908); HEINER, Der Syllabus (Pius IX.) (1905); Der Syllabus Pius X. und das Dekret des hl. Offiziums "Lamentabili" vom 3 Juli, 1907 (1908); Pesch, Theologische Zeitfragen, IV (1908); BROWNSON, Conversations on Liberalism and the Church (New York, 1869), reprinted in his Works, VII (Detroit, 1883-87), 305; MING, Data of Modern Ethics Examined (New York, 1897), x, xi; MANNING, Liberty of the Press in Essays, third series (London, 1892); BALMES, European Civilization (London, 1855), xxxiv, xxxv, lxvii; IDEM, Letters to a Sceptic (tr. Dublin, 1875), letter 7; GIBBONS, Faith of Our Fathers (Baltimore, 1871), xvii, xviii; The Church and Liberal Catholicism, pastoral letter of the English bishops, reprinted in Messenger of the Sacred Heart XXXVI (New York, 1901). 180-93; cf. 180-93; Offiziums "Lamentabili" vom 3 Juli, 1907 (1908); Brownson, Conversaciones sobre el liberalismo y la Iglesia (Nueva York, 1869), reimpreso en sus Obras, VII (Detroit, 1883-87), 305; BALMES, European Civilization (London, 1855), xxxiv, xxxv, lxvii; IDEM, Letters to a Sceptic (tr. Dublin, 1875), letter 7; CF. also Dublin Review, new series, XVIII, 1, 285; XXV, 202; XXVI, 204, 487; third series XV, 58.


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo



La presentación original (en inglés) de este documento está en English language

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