Los precursores de los actuales Bautistas fueron los Anabautistas del período de la Reforma. Algunas congregaciones Anabautistas se establecieron en Holanda a principios del siglo XVII cuando grupos de Puritanos Independientes, o Congregacionistas, huyeron de Inglaterra a Holanda; influídos por los Anabautistas, algunos de estos Independientes se convencieron de que el bautismo cristiano era apropiado sólo para los adultos con una fe y compromiso personales. Volviendo a Inglaterra, este grupo formó la primera congregación Bautista en 1611; muy luego, Roger Williams formó (1639) la primera congregación Bautista en Providence, Rhode Island. Los Bautistas crecieron rápidamente en los Estados Unidos. La modalidad relativamente no teológica, democrática, informal, centrada en la Escritura, del culto Bautista era ideal para cualquier situación no resuelta, rural o fronteriza. De ese modo el sur, el medio oeste, y el lejano oeste fueron densamente poblados -más de lo que fueron el noreste o el medio- atlántico- por Bautistas, lo que sigue siendo así hasta el día de hoy.
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Más que la mayoría de los grupos eclesiales, los Bautistas han manifestado características sorprendentemente opuestas en su historia. Debido a su énfasis en la Biblia; en una ética estrictamente puritana, o victoriana; y en la necesidad absoluta de fe y santidad personales, la mayoría de los Bautistas del mundo han permanecido conservadores, incluso fundamentalistas, en materia de fe y costumbres. Se han demostrado impacientes ante los compromisos teológicos con la ciencia, la filosofía moderna y el liberalismo político. El evangelio puro, es decir, la Biblia interpretada literalmente; los principios bautistas tradicionales; y una ética cristiana pura, son los fundamentos que muchos grupos bautistas no abandonarán. Por esta razón, muchas convenciones Bautistas todavía se niegan a integrarse al Movimiento Ecuménico de ninguna forma oficial; han ignorado en buena medida el evangelio social (preocupación por establecer la justicia social en la vida política, social y económica), y conservan una profunda lealtad a la eficacia de la Revitalización individualista.
Por otra parte, debido a su énfasis en la libertad de conciencia y de creencia personal; en la importancia de la vida y obra cristianas más que de los ritos; en su desagrado por credos y dogmas y por la autoridad eclesiástica, los Bautistas también han sido líderes en el liberalismo teológico y social. Muchos seminarios e iglesias bautistas son conocidos por su teología liberal, el estilo de culto y la orientación social; y los Bautistas fueron líderes permanentemente importantes en el establecimiento del movimiento ecuménico de comienzos del siglo XX. En aquellas controversias que han dominado la religión americana del siglo XX (modernista-fundamentalista; evangelio social- individualista), y los debates ecuménico- excluyente, los Bautistas han figurado en roles principales en ambos lados.
Langdon Gilkey
Bibliografía
J Barnhart, La Guerra Santa del Bautista del Sur (1986); S Hill, Bautistas del Norte y del
Sur (1964); R G Torbet, Historia de los Bautistas (1966); J E Tull, Formadores del
Pensamiento Bautista (1972).
La postura bautista es que la iglesia debe ser gobernada no por una orden sacerdotal ni a través de congregaciones más altas o centrales, sino mediante la voz del Espíritu Santo en los corazones de los miembros en cada asamblea local. Mientras que en un gobierno eclesial estrictamente democrático habría un gobierno de la iglesia por la iglesia, la posición bautista reconoce el gobierno de Cristo en la iglesia a través de la iglesia. De la igualdad de status de cada miembro de la iglesia, y el reconocimiento de la diversidad de dones, se siguen dos cosas. Primero que nada, se reconoce que cada miembro tiene un derecho y un deber en el gobierno de la iglesia local, y en segundo lugar, que la iglesia acepta de buen grado la conducción de sus líderes elegidos.
Las iglesias bautistas se consideran generalmente independientes en su gobierno, pero no se glorían de la independencia en sí misma. La independencia de una iglesia bautista es en relación con el control estatal, y los bautistas del siglo XVII en Inglaterra estaban en la primera fila de los que lucharon por esta libertad. Los bautistas han reconocido siempre el gran valor de la asociación entre las iglesias, y las asociaciones de iglesias bautistas han sido características de la vida bautista durante siglos. Toda asociación es voluntaria, pero no se debe incurrir en el error de suponer que la Unión Bautista o la Alianza Bautista Mundial son coextensivas de la comunidad bautista.
Esta postura ha sido singularizada diciendo que los preceptos son medios especiales de gracia, pero no de gracia especial. También es parte de la postura bautista en este tema, el que el bautismo de los creyentes y la Cena del Señor son ordenanzas de la iglesia, es decir, son actos congregacionales más que individuales. La mediación sacerdotal es inaceptable para los bautistas y despectiva a la gloria de Cristo, que es el único sacerdote.
Se llega a ser ministro bautista en virtud de una llamada interior de Dios que, a su vez, recibe la confirmación en la llamada exterior de una iglesia. La aceptación pública de esta llamada de Dios se produce en un servicio de ordenación, el cual no confiere ningún tipo de gracia superior o ministerial sino que simplemente reconoce y regulariza el ministerio dentro de la iglesia misma. La importancia de la ordenación reside en que la iglesia misma predica por intermedio del ministro y, aunque no se entiende que la ordenación restrinja la actividad del Espíritu Santo a los predicadores eclesialmente ordenados, se da considerable importancia a la debida autorización a los que deben hablar en nombre de la iglesia.
Las organizaciones bautistas son en gran parte voluntarias, emprendimientos cooperativos que no tienen ninguna obligatoriedad legal sobre sus miembros. Esto es parte del ethos bautista, que permite que haya libertad y acción concertada simultáneamente. Por lo tanto las denominaciones (y hay muchas) no existen como unidades, sino que son simplemente colectivos de iglesias bautistas individuales. No fue ninguna sorpresa, entonces, que cuando en los años 60 se inauguró la Consulta sobre la unión de la iglesia, los bautistas acogieran fríamente la idea de incorporarse, especialmente porque se les requirió una cierta forma de episcopado y de reconocimiento de la sucesión apostólica (es decir, estructura eclesial autoritaria). Solamente mostraron algún interés los Bautistas Americanos, pero los planes de unión fueron absolutamente desechados cuando una encuesta general mostró que menos de 20 por ciento se interesaba en una participación plena. Si implica renunciar a lo distintivamente bautista, la unión orgánica con otras denominaciones está sencillamente fuera de cuestión.
Otra cosa es la cooperación con otros grupos. Ya desde período colonial americano los bautistas cooperaron con cuáqueros y católicos romanos en la protección de la libertad religiosa. En 1908 la Convención Bautista del Norte fue uno de los miembros fundadores del Consejo Federal de Iglesias, y ha apoyado activamente al Consejo Mundial de Iglesias y al Consejo Nacional de Iglesias. Los bautistas también son activos en la Sociedad Americana de la Biblia, en diversos directorios de misiones, y en numerosas organizaciones cívicas y sociales. Cabe notar, no obstante, que no todos los bautistas aprueban esta forma de cooperación; en el norte se inclinan más a colaborar que en el sur. En hecho, esto ha sido una fuente de tensión entre varios grupos bautistas, pero la mayoría de ellos estima apropiada la cooperación con no bautistas.
La cooperación con otros Bautista se incentiva fuertemente. Entre los varios grupos bautistas hay un profundo sentido de camaradería que tiene raíces históricas, teológicas y psicológicas. Si bien hay diferencias bastante llamativas de estilo y expresión entre ellos, los bautistas de las han arreglado para cooperar en grupos supraregionales (como la Convención Bautista Americana y la Convención de Bautistas del Sur) e internacionales, como la Alianza Bautista Mundial, que declara más de 33 millones de miembros en 138 países. Lo que los une a todos es el propósito de la alianza, de expresar "la unicidad esencial del pueblo bautista en el Señor Jesucristo, inspirar a la fraternidad, y promover el espíritu de pertenencia, servicio y cooperación entre sus miembros".
E F Kavan
Bibliografía
A C Underwood, Historia de los bautistas ingleses; H W Robinson, Principios Bautistas; H.
Cook, Qué sostienen los bautistas; A. Dakin, Visión Bautista la iglesia y el ministerio; O K
y M Armstrong, Los Bautistas en Estados Unidos; R G Torbet, Historia de los Bautistas; S
L Stealey, ed., Teasoro Bautista; W S Hudson, Los Bautistas en la Transición; T Crosby,
Historia de los Bautistas Ingleses.
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