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Douglas Ezell
Es evidente que ya en tiempos de Jesús se había desarrollado métodos "eficientes" para ello. Por ejemplo, y sólo por razones prácticas, parece poco probable que el día de las 2000 crucifixiones los trabajadores hubieran tenido tiempo de cavar 2000 hoyos y construir otras tantas cruces. Los artículos siguientes indican que era extremadamente común dejar hundido el poste en la localización usual de las crucifixiones, y que Jesús (y los demás) casi con seguridad llevaron el travesaño solamente, aún así una pesada carga. Una vez en el lugar, el equipo ejecutor habría levantado a Jesús y el travesaño en el poste que allí había. La mayoría de las representaciones modernas de la crucifixión muestran a Jesús bastante en alto, pero casi con certeza ése no fue el caso. Las víctimas de crucifixión generalmente tenían los pies a no más de 30 a 60 centímetros (N. del T.) por encima del suelo. Además, parte del "castigo" de la crucifixión (y ejemplo visible del mismo para toda la comunidad) es que habitualmente era un largo proceso. Uno de los artículos a continuación menciona que incluso algunos cruces tenían un pequeño "asiento" para soportar parcialmente el peso del cuerpo, con el objeto de prologar aún más el tormento.
Confirma estos tópicos una serie de leyes judías de la época, varias de las cuales tratan de las maneras "oficiales" de determinar el momento de la muerte, a fin de que se pudiera retirar el cuerpo. Yev. 120b menciona que uno de los métodos de confirmación era el momento en que los animales vagabundos comenzaban a comerse los pies y piernas del condenado, que quedaban a una altura a su alcance. Oho 3:5 menciona modos de determinar cuándo se volvía impura la sangre. Había muchas otras normas asociadas con la crucifixión existe en la ley judía de entonces. Tosef, Git 7:1, Git 70b, describe cómo se podía obtener un divorcio respecto del crucificado; curiosamente, Yev. 16:3, 15c, 16:3, 15C, al parecer permitían que, al hacerlo su marido, alguna rica matrona "redimiera" a uno que iba a ser crucificado! Otro concepto moderno erróneo es que los clavos fueran puestos a través de las manos. Los romanos habían descubierto mucho antes que la carne de rasgaba y la persona caía de la cruz. Los clavos se hundían ciertamente a través de la muñeca, entre algunos de sus huesos. Por último, como una confirmación de la realidad de la crucifixión de Jesús, hay registros judíos del evento. El Talmud, Sanh. 7:47:4, se refiere a que El fue sometido a halakhah, al ser "colgado vivo". Esto, junto con la lapidación, era el castigo legal por "extraviar a otros o practicar la hechicería".
El condenado llevó su propia cruz hasta el lugar de ejecución, que estaba fuera de la ciudad en algún lugar expresamente asignado a tal efecto. Antes de ser clavado a la cruz se le dio una mezcla medicamentosa de vinagre con hiel y mirra (sopor), con el fin de mitigar sus sufrimientos. Nuestro Señor rechazó la copa, para que sus sentidos estuvieran alertas (Mateo 27:34). Sí probó la esponja empapada de vinagre, vino agrio, la posca, bebida común de los soldados romanos, colocada en una vara y ofrecida a nuestro Señor en despectiva piedad (Mateo 27:48 y Lucas 23:36), para calmar la agonía de la sed (Juan 19:29). El relato de la crucifixión de Nuestro Señor está en completo acuerdo con los usos y costumbres de los romanos en esos casos. Fue crucificado entre dos "malhechores" (Isaías 53:12 y Lucas 23:32), y vigilado por un grupo de cuatro soldados (Juan 19:23; Mat. 27:36, 54), con su centurión. La "fractura de las piernas" de los malhechores tenía por objeto acelerar la muerte y mitigar sus padecimientos (Juan 19:31), pero la inusual rapidez de la muerte de nuestro Señor (19:33) se debió a sus sufrimientos previos y Su gran angustia mental. La omisión de la fractura de sus piernas fue el cumplimiento de una norma (Éxodo 12:46). Él murió literalmente del corazón roto, y de allí el flujo de sangre y agua de la herida hecha por la lanza del soldado (Juan 19:34). Nuestro Señor pronunció siete memorables palabras en la cruz, a saber, (1) Lucas 23:34; (2) 23:43; (3) Juan 19:26; (4) Mat. 27:46, Marcos 15:34; (5) Juan 19:28; (6) 19:30; (7) Lucas 23:46.
(Diccionario Ilustrado Easton)
Las formas más antiguas probablemente implicaban empalar al condenado en un solo poste, o suspenderlo de él sujetando la cabeza entre una "Y" en un extremo de la instalación. En tiempos neotestamentarios parece haber habido diferentes "cruces" comúnmente usadas por los romanos. Además del poste único (crux simplex), muchas implicaban el uso de al menos dos piezas separadas de madera que formaban un marco. Pero la crucifixión daba a los verdugos oportunidad de emplear su más cruel y sádica creatividad: de vez en cuando se colgaba a las víctimas en posiciones grotescas por una variedad de medios. Las dos formas de cruz más probablemente empleadas para la ejecución de Jesús son la de San Antonio (crux commissa), en forma de T, o la cruz latina (crux immissa), en la que la pieza vertical se fija sobre la horizontal (patibulum), por encima de la cabeza de la víctima; la afirmación de Mat. 27:37 (cf. Lucas 23:38) de que la inscripción fue colocada "por sobre la cabeza", y la tradición más antigua, apoyan que se tratara de esta última.
Las descripciones detalladas de la crucifixión son pocas; los autores parecen haber evitado el tema. Los recientes descubrimientos arqueológicos, que incluyen restos óseos de una crucifixión en el primer siglo de Palestina (en Giv'at ha-Mivtar en Jerusalén), han incrementado considerablemente el conocimiento del acto. Parece que los relatos evangélicos de la muerte de Jesús describen un procedimiento romano usual para la crucifixión. Tras la sentencia el condenado debía cargar la pieza horizontal hasta el lugar de ejecución, siempre fuera de la ciudad. El jefe del grupo ejecutor, de cuatro personas, conducía la procesión llevando un cartel con el motivo de la ejecución. Allí la víctima era azotada (en el caso de Jesús esto parece haber precedido a la condena, posiblemente para suscitar compasión). Los brazos extendidos de la víctima eran fijados a la barra de la cruz con clavos o sogas, y así se la alzaba y sujetaba al poste perpendicular (que en algunas zonas puede haber sido dejado en el lugar permanentemente, por comodidad y como advertencia). Puede haberse provisto una pequeña tabla o soporte como asiento para apoyar algo del peso del cuerpo (lo que en realidad puede haber prolongado el sufrimiento, al impedir la asfixia). Los pies se le amarraban entonces de modo de forzar la posición flectada de las rodillas. Contrariamente a la creencia popular contemporánea, las cruces no eran altas; los pies estaban probablemente a no más de unos cuantos centímetros por encima del suelo. El cartel que describía la acusación se sujetaba a la cruz.
La muerte generalmente llegaba con gran lentitud. No era inusual que las personas sobrevivieran durante días en la cruz; la intemperie, la enfermedad, el hambre, los golpes y el agotamiento eran las causas inmediatas habituales de la muerte. De vez en cuando la muerte era "misericordiosamente" apresurada rompiendo las piernas de los condenados. En el caso de Jesús la muerte llegó mucho antes de lo usual; se introdujo una lanza en Su costado para asegurarse de que estuviera efectivamente muerto antes de que el cuerpo fuera retirado (Juan 19:31-37). A menudo los cuerpos de los crucificados eran dejados insepultos para ser comidos por aves y animales carnívoros, lo cual se sumaba a la humillación.
No se pueden exagerar el estigma y la vergüenza sociales que el mundo antiguo asignaba a la crucifixión. Se la reservaba a los esclavos, a los criminales de la peor ralea de los estratos más bajos de la sociedad, a los militares desertores y, en especial, a los traidores; sólo en raros casos se crucificó a ciudadanos romanos, cualquiera fuera su delito. Entre los judíos la crucifixión conllevaba un estigma adicional. El Deut. 21:23, "Un hombre colgado es maldito por Dios", se entendió como que el método mismo de muerte atraía una maldición divina sobre el crucificado. Así, la idea de un Mesías crucificado planteaba un problema especial a judíos como Pablo (Cf. Gal. 3:13, 1 Cor. 1:27-29).
La cruz es también el símbolo del discipulado. Para los palestinos del siglo I, que a menudo veían condenados llevando su travesaño al sitio de su tortura final, las palabras de Jesús, "El que quiera ser Mi discípulo, que tome su cruz y Me siga" (Marcos 8:34; Cf. Matt. 10:38 y Lucas 14:27), deben haber tenido un efecto chocante y gráfico. Jesús insistió en que la humillación y el sufrimiento que culminaron con su crucifixión caracterizarían la experiencia de sus seguidores. "Es", dice, "para el discípulo sea como su maestro" (Mateo 10:24). La crucifixión se convierte en parte de la identificación entre Cristo y el creyente, que es "crucificado con Cristo" (Gálatas 2:20). El lado negativo de la nueva vida del cristiano consiste en haber "crucificado" la índole y deseos pecaminosos (Gál. 5:24). Entendida en su contexto histórico y social, la afirmación de Pablo de que la proclamación de Cristo crucificado era un "obstáculo" o "escándalo" (skandalon) para los judos y "locura" (moria) para los gentiles, es lógica y clara. Sin embargo, para los cristianos sigue siendo un acto y una demostración "del poder y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:23-24).
J J Scott, Jr.
(Diccionario Evangélico Elwell)
Bibliografía
B. Siede et al., NIDNTT, I, 389-405; J. F. Strange, IDB Suplemento, 199-200; M. Hengel, La
Crucifixión.
"Cruxifixum” (su, "para"; sum, "con") se usa para (a) literalmente, la crucifixión en compañía de otro (Mat. 27:44; Marcos 15:32; Juan 19:32); (b) metafóricamente, para la identificación espiritual con Cristo en su muerte ( Rom. 6:6; Gál. 6:6, y 2:20).
(ana, nuevamente) se usa en Heb. 6:6 para los apóstatas que, como cristianos meramente nominales, al retornar al judaísmo se volvían virtualmente culpables de “crucificar” de nuevo a Cristo.
Durante el período de disturbios que precedieron a la rebelión abierta contra Roma (alrededor de 30-66 AC), los "rebeldes" tuvieron un somero juicio a manos del opresor y fueron crucificados como traidores, entre ellos los hijos de Judas el Galileo. Los detalles provistos en el Nuevo Testamento (Mateo xxvii y paralelos) sobre la crucifixión de Jesús concuerdan en todo con el procedimiento vigente en el derecho romano, aunque cabe destacar dos modificaciones: (1) a fin de insensibilizarlo al dolor, se le dio un bebedizo (????, Matt. Xxvii. 34, 48; Juan xix. 29), según la humanitaria disposición judía (ver Maimónides, "Yad," Sanh. xiii. 2; Sanh. 43 a). El brebaje era una mezcla de mirra y vino, dado para que "el condenado perdiera la consciencia clara a través de la consiguiente intoxicación". Contrariamente a la práctica romana de dejar el cuerpo en la cruz, el de Jesús fue retirado y enterrado, esto último en conformidad con la ley y la costumbre judías. (2) Estas excepciones, sin embargo, agotan los incidentes de la crucifixión de Jesús que pudieran indicar en ella una participación, y un posterior reglamento, de judíos o de la ley judía. El modo y manera de la muerte de Jesús apuntan sin duda a las costumbres y leyes romanas como poder conductor. Desde el punto de vista judío, el delito de que Jesús fue convicto por los sacerdotes judíos está muy en duda (ver Jesús). Si fue blasfemia, la lapidación, de acuerdo a la ley judía, debería haber sido la pena, con suspensión en la horca después de la muerte (Mishnah Sanh. Iii. 4; Sifre, iii. 221). No se cumplieron las disposiciones conocidas (Sanh. vi.) que preveían, antes de la ejecución, una revocación de la sentencia. Tampoco se construyó, como era habitual, la "cruz" –es decir, la horca para colgar– después de la lapidación, según ordena Sanedrín vi. 4. Sus manos no fueron atadas en la forma prescrita, ni se enterró la "cruz" junto con el cuerpo (Maimónides, "Yad," Sanh. Xv. 9). Es más que dudoso que la ley judía hubiera tolerado una triple ejecución a la vez (Sanh. vi. 4; Sifre, ii. 221).
Estos hechos demuestran que la crucifixión de Jesús fue un acto del gobierno romano. Las fuentes judías no corroboran que fuera costumbre liberar a un condenado a muerte debido a las fiestas. Pero muchos de judíos sospechosos de ambiciones mesiánicas habían sido clavados en una cruz por Roma; en opinión de Roma el Mesías, "rey de los judíos", era un rebelde, y éstos eran crucificados (Suetonio, "Vespas." 4; "Claudio", xxv.; Josefo, "Ant." Xx. 5, §1, 8, §6; actos v. 36, 37). La inscripción en la cruz de Jesús revela el delito por el que, según el derecho romano, Jesús expiró: era un rebelde. Tácito ( "Annales", 54, 59), por lo tanto, informa sin comentarios el hecho de que Jesús fue crucificado. Para los romanos no se necesitaban más pormenores. La participación de Poncio Pilatos en la tragedia, como se la relata en los Evangelios, es la de un miserable cobarde, lo cual no concuerda con su carácter, así como se lo describe en otras partes (véase Süchrer, "Gesch." Index, sv). Los otros incidentes consignados en el Nuevo Testamento –el desgarrón de la cortina, la oscuridad (eclipse de sol), el levantamiento de los muertos desde sus tumbas– son añadidos apocalípticos derivados de la escatología mesiánica judía. Los denominados autos de ejecución (véase Mayer, "Die Rechte der Israeliten, Athener, und Römer," iii. 428, nota 27) son espurios.
Kaufmann Kohler, Emil G. Hirsch
Enciclopedia Judía, publicada entre 1901-1906.
Asimismo, véase:
Cruz
Este tema presentación en el original idioma Inglés
Ludwig Philipson, Haben die Juden Jesum Gekreuzigt? 2d ed., reimpreso en 1902; Hirsch, La
Crucifixión desde el punto de vista judío, Chicago, 1892; Chwolson, Das Letzte Passamahl
Christi, San Petersburgo, 1892; obras de los historiadores judíos, como Grätz, Jost, etc;
Schürer , Gesch.; Comentarios sobre los evangelios.K.
Siete palabras en la cruz
Inscrita palabras en la Cruz
La resurrección de Jesús
Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo
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