Determinismo

Información de carácter general

El determinismo es la teoría de que toda acción humana es causada enteramente por acontecimientos precedentes, y no por el ejercicio de la voluntad. En filosofía, la teoría se basa en el principio metafísico de que un evento sin causa es imposible; el éxito de los científicos en descubrir las causas de cierto comportamiento y, en algunos casos, controlarlas, tiende a reforzar este principio.

Hay desacuerdo acerca de la adecuada enunciación del determinismo –un tópico central en la filosofía que nunca deja de ser polémico. El determinismo físico, que tiene su origen en el atomismo de Demócrito y Lucrecio, es la teoría de que la interacción humana se puede reducir a relaciones entre entidades biológicas, químicas o físicas, formulación fundamental para la sociobiología y la neurosicología modernas. El determinismo histórico de Karl Marx, por otra parte, es transpersonal y principalmente económico. En contraste con estas dos enunciaciones, el determinismo psicológico (base filosófica del psicoanálisis) es la teoría de que los propósitos, necesidades y deseos de individuos son esenciales para una explicación del comportamiento humano. El reciente determinismo conductual de B F Skinner es una modificación de esta postura, puesto que Skinner reduce todos los estados psicológicos internos al comportamiento públicamente observable. Su modelo estímulo-respuesta recurre a los modernos análisis estadístico y probabilístico de causalidad.

Jean Paul Sartre y otros filósofos contemporáneos ha sostenido que el determinismo es cuestionado por la introspección, que revela que las acciones son resultado de nuestras propias opciones y no requieren eventos previos o factores externos. Los deterministas responden que tales experiencias de libertad son ilusiones y que la introspección es un método no fiable y no científico de entender el comportamiento humano.

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Sin embargo, la comunidad científica ha modificado esta visión con el principio de incertidumbre enunciado por el físico Werner Heisenberg. Las ramificaciones de su trabajo en mecánica cuántica llevaron a Heisenberg a afirmar que el científico, tanto participante como observador, interfiere la neutralidad y la naturaleza misma del objeto en cuestión. Su trabajo también se pregunta si es posible definir un marco objetivo a través del cual uno pueda distinguir causa de efecto, y si uno puede conocer un efecto objetivo si uno siempre es parte de su causa.

A veces se confunde el determinismo con predestinación y fatalismo, pero en cuanto tal no afirma ni que los asuntos humanos hayan sido preestablecidos por un ser fuera del orden causal, ni que una persona tenga un destino inevitable.

Jesse G Kalin

Bibliografía

B Berofsky, El determinismo (1971), y Liberación de la Necesidad (1988); G Dworkin, Determinismo, libre voluntad y responsabilidad moral (1970); R L Franklin, Libre albedrío y determinismo: estudio de las concepciones contrapuestas del hombre (1968); W Heisenberg, Física y filosofía (1962); S. Hook, ed., Determinismo y libertad (1969); J R Lucas, La libertad de la voluntad (1970); A I Melden, Acción Libre (1961); J Monod, Casualidad y Necesidad (1972); B F Skinner, Más allá de la libertad y la dignidad (1971); E Squires, El misterio del mundo cuántico (1986); G H Von Wright, Causalidad y determinismo (1974).


Voluntad (filosofía) (libre voluntad)

Información de carácter general

En la discusión filosófica, la voluntad es habitualmente equiparada con la razón como una de dos actividades complementarias de la mente. Se considera que la voluntad es la facultad de elegir y decidir, mientras que la razón es la de deliberar y argumentar; así, un acto racional sería un ejercicio de la voluntad luego de la debida deliberación. La voluntad ha figurado prominentemente en el pensamiento de muchos filósofos, entre ellos los pensadores decimonónicos Arthur Schopenhauer y Friedrich Wilhelm Nietzsche. Históricamente el debate se ha centrado en el tópico de la libertad de la voluntad, cuestión de la mayor importancia para el análisis de la acción humana y la responsabilidad moral.

A menudo los filósofos han sostenido que las personas son responsables solamente de aquellas acciones que tienen la posibilidad de llevar o no llevar a cabo, o de quererlas o no quererlas. Si todos los actos, incluyendo los de la voluntad, están predeterminados, entonces esa opción parece no existir.

En la filosofía de la mente, la pregunta es si las razones en ésta son idénticas o reducibles a acontecimientos en el cerebro, y de ser así, si los acontecimientos físicos determinan opciones, decisiones y acciones. Se ha dado una gran variedad de respuestas, incluyendo las derivadas del psicoanálisis Freudiano y las varias formas de conductivismo. Algunos filósofos de la tradición analítica han afirmado que el determinismo es un asunto de causas, y las decisiones, una cuestión de razones, y que ambas son mutuamente excluyentes. El tema sigue siendo polémico.

G S Davis

Bibliografía

D M Armstrong, Teoría materialista de la mente (1968); W K Franken, Etica (1973); A. Kenny, Acción, emoción y voluntad (1963); K Lehrer, ed., Libertad y determinismo (1976); G Ryle, El concepto de mente (1949); R Taylor, Acción y propósito (1966).


Definiciones breves

Información general

determinismo

Posición según la cual cada evento tiene una causa y de que todo en el universo depende absolutamente de leyes causales y está sujeto a ellas. Puesto que los deterministas piensan que todos los sucesos, incluídas las acciones humanas, están predeterminados, siempre se sostiene que el determinismo es incompatible con la libre voluntad.

fatalismo

Creencia de que "lo que tiene que ser, será", puesto que todos los sucesos pasados, presentes y futuros ya han sido predeterminados por Dios u otra fuerza todopoderosa. En religión esta postura puede denominarse predestinación; sostiene que el que las almas vayan al cielo o al infierno está determinado antes de nacer y es independiente de sus buenas obras.

libre voluntad

Es la teoría de que los seres humanos tienen libertad de elección o autodeterminación, esto es que, dada una situación, una persona podría haber actuado de forma diferente a como lo hizo. Los filósofos han argumentado que la libertad de la voluntad es incompatible con el determinismo. Véase también “indeterminismo”.

indeterminismo

Opinión de que hay eventos que no tienen causa alguna; muchos proponentes de la libre voluntad creen que los actos de elección son susceptibles de no estar determinados por alguna causa fisiológica o psicológica.


Libertad, libre voluntad, y determinismo

Información avanzada

Hay tres posiciones básicas relativas a las opciones del hombre: determinismo, indeterminismo y autodeterminismo. El determinismo es la creencia de que todas las acciones del hombre son resultado de factores antecedentes, o causas. Los deterministas naturalistas tales como Thomas Hobbes y B F Skinner mantienen que el comportamiento del hombre se puede explicar completamente en términos de causas naturales. Los deterministas teístas, como Martin Luther y Jonathan Edwards, remontan las acciones del hombre a la mano controladora de Dios. La posición opuesta al determinismo es el indeterminismo, visión en la que no hay causas, precedentes o no, para las acciones del hombre. La posición final es el autodeterminismo o libre voluntad, que es la idea de que el hombre determina libremente su propio comportamiento, y que ninguna causa precedente puede dar cuenta cabal de sus acciones.

Determinismo

La noción de que las acciones del hombre son el resultado de causas precedentes ha sido enunciada naturalista y teístamente. La visión naturalística considera a los seres humanos como parte de la maquinaria del universo; en tal mundo cada acontecimiento es causado por acontecimientos anteriores, los que a su vez fueron causados por acontecimientos aún anteriores, ad infinitum. Puesto que el hombre es parte de esta concatenación causal, sus acciones también están determinadas por causas precedentes. Algunas de estas causas son el ambiente y la constitución genética del hombre. Éstos son tan determinantes de lo que éste hace, que nadie podría correctamente decir que una acción humana dada habría podido hacerse de manera distinta de como efectivamente se la hizo. Así, según el determinismo, el que Bob se siente en la silla marrón y no en el sofá azul no es una opción libre sino determinada completamente por factores previos. Un ejemplo contemporáneo de determinismo naturalista es el de B F Skinner, autor de “Más allá de la libertad y la dignidad” y de “El conductismo”. Skinner piensa que todo comportamiento humano está completamente controlado por factores genéticos y ambientales, que no eliminan el hecho de que los seres humanos eligen opciones, pero sí eliminan la posibilidad que las opciones humanas sean libres. Para Skinner todas las opciones humanas están determinadas por causas físicas precedentes; por lo tanto, se ve al hombre como causa instrumental de su comportamiento. Es como un cuchillo en manos de un carnicero o un martillo en el puño de un carpintero: no origina la acción sino es el instrumento a través del cual algún otro agente la lleva a cabo. El argumento filosófico frecuentemente dado para el determinismo se puede sintetizar como sigue: todo comportamiento humano es no causado, totalmente autocausado o causado por algo externo. Ahora, el comportamiento humano no puede ser no causado, porque nada puede suceder sin una causa, la nada no puede causar algo. El comportamiento humano tampoco puede ser autocausado, porque cada acto tendría que existir antes de sí mismo para causarse, lo que es imposible; por lo tanto la única alternativa es que todo el comportamiento humano debe estar totalmente causado por algo externo. Los deterministas naturalistas mantienen que cosas tales como herencia y ambiente son las causas externas, mientras que los deterministas teístas creen que Dios es la causa externa de todo el comportamiento humano.

Hay varios problemas con este argumento. Primero, que malinterpreta el autodeterminismo, como que éste sostiene que los actos humanos se autocausan. Los autodeterministas, por ejemplo, no creen que las jugadas en el fútbol se causen a sí mismas; sostienen, en cambio, que son los jugadores los que ejecutan las jugadas. De hecho son los jugadores quienes eligen jugar el deporte, y así la causa de que se juegue al fútbol está dentro de los jugadores. Los autodeterministas no negarían que los factores externos, tales como la herencia, el ambiente o Dios, tengan alguna influencia, pero sostendrán que cualquiera de los involucrados en el juego habría podido decidir no jugar, si esto es lo que habían elegido.

En segundo lugar, el argumento para el determinismo se derrota a sí mismo. Un determinista debe afirmar que tanto él como el no determinista están determinados para creer lo que creen. Con todo, el determinista procura convencer al no lo es, de que el determinismo es verdad y por tanto, se le debería tener como tal; no obstante, en base al determinismo puro, ese "debería" no tiene sentido, ya que quiere decir "podía y debía haber hecho otra cosa", lo cual es imposible según el determinismo. Una manera de circunvalar esta objeción es que el determinista sostenga que lo determinaron para decir que uno debería aceptar su opinión, pero su opositor puede replicar que él está determinado para aceptar una visión contraria. Así el determinismo no puede eliminar una posición opuesta, lo que posibilita una postura en pro de la libre voluntad. Tercero, y final, si el determinismo naturalista fuera verdad, sería autoderrotante, falso, o no sería una postura, porque para determinar si el determinismo es verdad tendría que haber una base racional para el pensamiento; de otro modo, no se podría saber qué es cierto y qué es falso. Pero los deterministas naturalistas piensan que todo el pensamiento es producto de causas no racionales, como el medio ambiente, de manera que todo pensamiento es no racional. En este caso no se podría saber si el determinismo es cierto o no. El argumentar que el determinismo es verdad es autoderrotante, porque se sostiene una verdad para que nadie pueda alegar ninguna verdad. Ahora si el determinismo es falso, entonces se le puede rechazar racionalmente y considerar alternativas. Pero si no es ni verdadero ni falso, entonces no es en absoluto una postura, puesto que no se alega o sostiene verdad alguna. En cualquier caso, no se puede decir razonablemente que el determinismo naturalista sea verdad.

Otra forma de determinismo es el determinismo teísta, según el cual todos los acontecimientos, incluyendo el comportamiento del hombre, son causados (determinados) por Dios. Uno de los más famosos partidarios de esta orientación fue el teólogo puritano Jonathan Edwards, que pensaba que el concepto de libre voluntad, o autodeterminismo, contradecía la soberanía de Dios. Si efectivamente Dios controla todas las cosas, entonces nadie podría actuar contra Su voluntad, que es lo que el autodeterminismo debe sostener. Por lo tanto, para que Dios sea soberano debe causar cada acontecimiento, ya sea humano o no.

Edwards también sostuvo que el autodeterminismo se contradice a sí mismo. Si la voluntad del hombre estuviera en equilibrio o indiferente a cualquier evento o acontecimiento dado, entonces su voluntad no actuaría jamás. Así como una escalera no puede inclinarse por sí sola a menos que una fuerza exterior interfiera en su equilibrio, la voluntad del hombre nunca podría actuar a menos que Dios la moviera. Así, hablar de actos humanos como causados por uno mismo sería como decir que nada causa algo; pero puesto que cada evento debe tener una causa, el autodeterminismo, que niega esto, debe contradecirse a sí mismo.

En tiempos del propio Edwards algunos pensadores objetaron su opinión sobre la base de que era contraria a la evidencia bíblica que respalda la libertad humana (e.g., Prov. 1:29-31; Heb. 11:24-26). En su “Libertad de la voluntad”, Edwards respondió que la libertad humana no es la capacidad de hacer a lo que uno decide sino más bien lo que uno desea. La causa de los deseos del hombre es Dios, y el hombre siempre actúa de acuerdo con ellos. Así la libertad no es no causada, lo que es absurdo, sino que es causada por Dios.

Como el determinismo naturalista, el determinismo teísta se puede objetar por varias razones. Primero, considerar la libertad como aquello que uno desea no es correcto. La gente no siempre hace lo que desea; nadie desea sacar la basura o limpiar un horno. Además, a menudo las personas quieren lo que no han decidido, como por ejemplo, tomar venganza de alguien que las agravió.

En segundo lugar, según el autodeterminismo, la posición de Edwards evidencia un entendimiento erróneo de la libre voluntad. Los actos de los seres humanos libres no son no causados, sino autocausados. Decir que son autocausados es lo mismo que decir que surgen de la nada o que existen antes de sí mismos; esos serían no causados, o autocausados, lo que no tiene sentido. Sin embargo, el autodeterminismo sostiene que el ejercicio de su libertad por parte del hombre es autocausado, lo cual no es contradictorio. En otras palabras, las personas existen y pueden causar libremente sus propias acciones (no su propio ser).

Tercero, el argumento de Edwards adolece de una concepción errónea del hombre. Los seres humanos no son como una máquina (escalera) que no puede moverse hasta que alguna fuerza exterior la inclina en una u otra dirección. Antes bien, el hombre es una persona creada a imagen de Dios como alma personal viva (Gén. 1:26 - 27; 2:7), imagen que conserva incluso después de la caída (Gén. 9:6; 1 Cor. 11:7). Esta imagen incluye la capacidad de elección y de actuar sobre ésta. Por lo tanto, puesto que el hombre es personal, es inadecuado, al menos, ilustrar su comportamiento por modelos impersonales, mecánicos, tales como el de una escalera.

Y cuarto, Edwards se equivoca cuando afirma que la libertad humana es contraria a la soberanía de Dios. Esta soberanía dio al hombre su libertad al crearlo libre, y continúa permitiendo que el hombre ejercite su libertad sosteniéndolo momento a momento en la existencia (Col. 1:17); así la soberanía de Dios no resulta entrabada por la libertad humana sino glorificada a través de ésta. Puesto que Dios otorgó al hombre voluntad libre, lo sostiene para que pueda actuar libremente, y lleva a cabo todos sus propósitos sin atropellar la libre voluntad del hombre. Como señala la Confesión de Westminister, "aunque en lo relativo al preconocimiento y decreto de Dios, la primera causa, todas las cosas suceden inmutable e infaliblemente; con todo, por la misma providencia El dispuso que cayeran, ya sea necesaria, libre o contingentemente, según la naturaleza de las segundas causas" ( V, a ii).

Indeterminismo

Este punto de vista afirma que el comportamiento humano es absolutamente no causado. No hay causas previas o simultáneas de las acciones del hombre; por lo tanto, todos los actos humanos son no causados y por ende cualquiera de ellos habría podido ser de otra manera. Algunos indeterministas llevan su postura más allá de los asuntos humanos, al universo entero. En apoyo de la indeterminación de todos los sucesos, a menudo se invoca el principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual es imposible predecir dónde está y cuán rápido se mueve una partícula subatómica en un momento dado. Se dice entonces que si que los acontecimientos subatómicos son intrínsecamente imprevisibles, cuánto más lo serán los complejos actos humanos. De esto concluyen sus partidarios que los acontecimientos humanos y no humanos son no causados. Dos notorios exponentes del indeterminismo son William James y Charles Peirce.

Hay por lo menos tres problemas respecto de esta postura. Primero, el principio de Heisenberg no se refiere a causalidad sino a previsibilidad. Heisenberg sostuvo que el movimiento de las partículas subatómicas es imprevisible e inconmensurable, no que fuera no causado; en consecuencia, este principio no se puede usar para apoyar el indeterminismo. En segundo lugar, el indeterminismo niega irracionalmente el principio de causalidad, a saber, que cada suceso tiene una causa. El hecho de que uno simplemente no sepa cuál es la causa, no prueba que un acontecimiento no la tenga; tal carencia del conocimiento refleja sólo nuestra ignorancia. Tercero, el indeterminismo despoja al hombre de cualquier comportamiento responsable. Si es el comportamiento humano es no causado, entonces a nadie se le podría alabado o culpar por algo que haya hecho, todos los actos humanos serían no racionales y no morales, y así un acto podría jamás ser razonable o responsable.

El indeterminismo es inaceptable para un cristiano porque, de ser verdad, entonces habría que negar la existencia de Dios o de cualquier conexión causal entre El y el universo. Pero desde luego un cristiano no podría sostener esto, porque la posición cristiana es que Dios creó al mundo y providencialmente lo sostiene e interviene en sus asuntos (Mat. 6:25 - 32 mates; Col. 1:15 - 16).

Autodeterminismo

En este la visión los actos de una persona son causados por ella misma. Los partidarios del autodeterminismo aceptan que factores tales como la herencia biológica y el ambiente influencian a menudo el comportamiento de uno, pero niegan que sean las causas determinantes del mismo. Los objetos inanimados no cambian sin una causa exterior, pero los sujetos personales pueden dirigir sus propias acciones. Según lo indicado previamente, los autodeterministas rechazan las nociones de que los acontecimientos son no causados o que se causan a sí mismos, y creen que las acciones humanas pueden ser causadas por los seres humanos. Dos partidarios prominentes de esta postura son Tomás de Aquino y C S Lewis.

Muchos se oponen al autodeterminismo considerando que si todo necesita una causa, entonces también la requieren los actos de voluntad, y así, a menudo se plantea la pregunta ¿qué causó la voluntad de actuar? El autodeterminista puede responder precisando que no es la voluntad de una persona la que toma una decisión, sino la persona que actúa por medio de la suya. Y dado que la persona es la primera causa de sus actos, no tiene sentido preguntar cuál es la causa de la primera causa. Así como ninguna fuerza exterior hizo que Dios creara el mundo, ninguna fuerza externa hace que la gente opte por ciertos actos, puesto que el hombre es creado a imagen de Dios, lo que incluye la posesión de voluntad libre.

Otra frecuente objeción contra el autodeterminismo es que la predestinación y la precognición bíblicas parecen incompatibles con la libertad humana. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que incluso el hombre caído tiene libertad de elección (e.g., Mat. 23:37; Juan 7:17; Rom. 7:18; 1 Cor. 9:17; 1 Pedro 5:2; Filem. 14), y que Dios predestinas de acuerdo con su precognición (1 Pedro 1:2). La predestinación no se basa en la precognición de Dios (que haría a Dios dependiente de las opciones del hombre) ni es independiente de esta precognición (puesto que todos los actos de Dios son unificados y coordinados). Más bien Dios determina conociendo, y determinadamente conoce, a aquéllos que aceptarán su gracia, así como a los que Lo rechazarán. Otro argumento en pro de la libre voluntad es que los mandamientos de Dios llevan un divino "deber" para el hombre, que implica que éste puede y debe responder positivamente a aquéllos. La responsabilidad de obedecer los mandamientos de Dios entraña la capacidad, mediante Su gracia habilitante, de responder a ellos. Además, si el hombre no es libre sino que todos sus actos son determinados por Dios, entonces Dios es directamente responsable del mal, conclusión claramente refutada por las Escrituras (Hab. 1:13; Sant. 1:13 - 17).

Por consiguiente, parece que alguna cierta forma de autodeterminismo es lo más compatible con la concepción bíblica la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre.

N L Geisler

Bibliografía

Agustín, “La libre elección de la voluntad” y “Acerca de la gracia y la libre voluntad”; B Holbach, El sistema de la naturaleza; W James, "El dilema del determinismo", en Pragmatismo; M Luther, Servidumbre de la voluntad; R. Taylor, Metafísica; A Farrer, La libertad de la voluntad.


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo



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