Resurrección

Información de carácter general

El concepto de resurrección de los muertos se encuentra en varias religiones, aunque se le asocia particularmente al cristianismo debido a su creencia central en la Resurrección de Jesucristo. La esperanza de una resurrección de los muertos puede haber entrado al judaísmo desde fuentes persas, aunque la idea tiene raíces más profundas en el Yavismo del Antiguo Testamento y en el concepto de la Alianza de Dios con Israel. La vida resucitada se concebía de varias maneras, pero el tipo de esperanza que pasó al pensamiento cristiano primitivo se centró en la transformación de la vida humana desde los muertos a un modo de existencia trascendental. Esto fue poéticamente expresada como "brillando como las estrellas en cielo" (Dan. 12:3) o llegar a ser "como los ángeles" (Marc. 12:25).

Después de las experiencias de Pascua, el cristianismo primitivo expresó su fe en lo que le había sucedido a Jesús como Resurrección en el sentido trascendental. Este concepto es completamente distinto del de resucitación, o retorno a esta existencia mundana, según lo narrado de las resucitaciones de Lázaro y otros atribuidas a Jesús. San Pablo concibió la Resurrección de Jesús como el primer caso de una Resurrección de tipo apocalíptico ("Cristo los primeros frutos", 1 Cor.15:20, 23); como resultado de la Resurrección de Cristo, todos los creyentes pueden esperar la resurrección en la Segunda Venida de Cristo. Pablo indica que el cuerpo de la resurrección será nuevo y "espiritual" (I Cor. 15:35 - 54); la mayoría de los teólogos entiende que esto significa que lo resucitado es la personalidad.

CREER
Religiosa
Información
Fuente
sitio web
CREER Fuente de Información Religiosa
Nuestro Lista de los 2.300 Temas Religiosos
E-mail
El Islam también cree en la resurrección de los muertos, al igual que lo hacía el judaísmo tradicional.

Reginald H Fuller

Bibliografía
R H Fuller, Formación de las narraciones de la Resurrección (1971); S H Hooke, La Resurrección de Cristo como historia y experiencia (1967); P Perkins, La Resurrección: testimonio del Nuevo Testamento y reflexión contemporánea (1984); N Perrin, La Resurrección según Mateo, Marcos y Lucas (1977).


Resurrección

Información Avanzada - I

Que Jesucristo murió y luego se levantó de entre los muertos es la doctrina central de la teología cristiana y el hecho principal en una defensa de sus enseñanzas. Esto era verdad en la iglesia primitiva y sigue siéndolo hasta hoy.

La centralidad de la Resurrección

Es testimonio del NT que la Resurrección de Jesús es el eje de la teología y apologética cristianas. Pablo informe de un credo primitivo en I Cor. 5:3 y sgts. que incluía la resurrección como parte integral del evangelio y señalaba varias apariciones a testigos presenciales. Pablo resalta entonces la importancia de este acontecimiento, porque si Jesús no se hubiera literalmente levantado de entre los muertos, entonces toda la fe cristiana es falaz (vers. 14) e inefectiva (vs. 17). Además, la predicación no tiene valor (vs. 14), el testimonio cristiano es falso (vs. 15), los pecados no han sido perdonados (vs. 17), y los creyentes han fallecido sin esperanza cristiana (vs. 18). La conclusión es que, aparte de este acontecimiento, los cristianos son la gente más desgraciada (vs. 19). Pablo afirma incluso que sin la resurrección deberíamos "comer y beber, ya que mañana moriremos" (vs. 32). Si Jesús no resucitó, los creyentes no tienen esperanza alguna de resucitar y pueden muy bien volcarse a filosofías de vida hedonistas. Implica, pues, fuertemente, que es este evento el que separa al cristianismo de otras filosofías. Pablo enseña la centralidad de la resurrección también en otros pasajes. En otro credo antiguo (Rom 1:3-4) recita una breve Cristología y afirma que se demostró que Jesús era Hijo de Dios, Cristo y Señor, por su Resurrección (cf. Rom 14:9). Este acontecimiento también proporciona la salvación (Rom 10:9-10) y asegura la resurrección de los creyentes (I Cor. 15:20; II Cor. 4:14; I Tes. 4:14).

Del mismo modo, los escritos de Lucas relatan varios casos donde la resurrección proporcionó el fundamento para la proclamación cristiana. Jesús enseñó que su muerte y resurrección eran un mensaje central del AT (Lucas 24:25-27). Pedro sostuvo que los milagros que Jesús había hecho, y en especial su resurrección, fueron los principales indicadores de que Dios aprobaba sus enseñanzas (Hechos 2:22-32). La enseñanza de Pablo frecuentemente utilizó la resurrección como la base del mensaje del evangelio (cf. Actos 13:29-39; 17:30-31).

Otros escritos del NT comparten la misma esperanza. Jesús empleó Su Resurrección como la señal que probaba la autoridad de su enseñanza (Mat. 12:38-40). Este suceso asegura la salvación del creyente (I Pedro 1:3), y proporciona los medios por los cuales Jesús sirve como sumo sacerdote de los creyente (Heb. 7:23-25).

Incluso una revisión tan escueta muestra la centralidad de la resurrección para los autores neotestamentarios. Claramente los primeros creyentes, tales como Pablo, se dieron cuenta de que este acontecimiento proporcionaba la declaración central del cristianismo. Con ella el mensaje cristiano de la vida eterna es seguro, basado en la realidad de la victoria de Jesús sobre la muerte; sin ella el mensaje del cristiano se reduce a una más de las filosofías del hombre.

Los más antiguos escritos post apostólicos sostuvieron este misma postura de la centralidad de la resurrección de Jesús. Por ejemplo, Clemente de Roma afirma que este acontecimiento demuestra la verdad del mensaje de Cristo (Cor. 42) y es un ejemplo de la resurrección de los creyentes (24-26). Ignacio insiste en la facticidad literal de este evento como acontecimiento en el tiempo (Mag. 11; Trall. 9; Smir. 1), que es la esperanza de los creyente (Trall., introducción) y ejemplo de nuestra resurrección (Trall. 9). Enfatiza también la creencia de que lo resucitado fue la carne de Jesús (Smyr. 3).

Este último punto, de si lo resucitado era la carne de Jesús, según lo afirmado por Ignacio y más adelante por Tertuliano, o si era un cuerpo resucitado no compuesto de carne, según lo defendido por la escuela de Alejandría y en especial por Orígenes, fue una pregunta importante para la teología cristiana temprana. La primera posición, o formas de la misma, fue la que gradualmente llegó a ser la más ampliamente aceptada en la iglesia medieval e incluso posterior. Para muchos eruditos de hoy que aceptan la resurrección literal de Jesús, el énfasis ha cambiado hacia apoyar el concepto de Pablo de "cuerpo espiritual " (I Cor. 15:35-50, e.g.), esforzándose por hacer la justicia a ambos elementos. Así, Jesús fue resucitado en cuerpo verdadero que tenía cualidades espirituales nuevas.

La resurrección y la teología contemporánea

Hay un acuerdo virtual, incluso entre los teólogos más críticos, en que la resurrección de Jesús es la declaración central del cristianismo. Willi Marxsen afirma que sigue siendo el tema decisivo en la teología cristiana actual, y que la incertidumbre respecto de esta declaración arriesga todo el cristianismo. Gunther Bornkamm concuerda en que sin el mensaje de la resurrección de Jesús, hoy no habría iglesia, ni NT ni fe cristiana. Jurgen Moltmann indica claramente que el cristianismo se sustenta o cae con la resurrección de Jesús.

Sin embargo el punto principal aquí se refiere a si todo lo que se requiere es el mensaje de la resurrección, o el acontecimiento literal en sí mismo. Esta no es solamente una disputa entre los teólogos evangélicos y otros más críticos, sino también entre estos últimos. El eje, reconocido como histórico por virtualmente todos los eruditos, son las experiencias originales de los discípulos. Casi siempre se admite que éstos tuvieron experiencias reales y que "algo sucedió". Con todo, si bien los eruditos contemporáneos rara vez recurren a las teorías naturalistas alternativas, hay varias opiniones relativas a la índole exacta de esas experiencias. A riesgo de sobresimplificación y repetición parcial, se pueden delinear por lo menos cuatro posturas críticas respecto a esta pregunta.

Primero, los críticos más radicales sostienen que la naturaleza de las experiencias de los testigos presenciales originales no se puede comprobar. Por ejemplo, Rudolf Bultmann y sus partidarios sostienen que la causa real de la transformación de los discípulos es obscura en el texto del NT; no obstante, no es realmente importante indagar en el objeto de estas experiencias. Marxen también cree que no se puede conocer la naturaleza de estos encuentros, ni si los discípulos en realidad vieron al Jesús resucitado.

Paul van Buren piensa que "algo sucedió" que cambió en los discípulos la perspectiva de desaliento respecto de la fe. Aunque estas experiencias eran más que subjetivas y fueron expresadas en términos de apariciones reales de Jesús, todavía no podemos juzgar su naturaleza.

Un segundo grupo de eruditos se distingue del primero no solamente por mostrar cierto interés en la naturaleza de las experiencias de los discípulos, sino a menudo por la aceptación de la resurrección literal misma. Y si bien las teorías naturalistas generalmente se rechazan, este grupo todavía insiste en que el acontecimiento se puede conocer sólo por la fe, totalmente aparte de cualquier verificación.

Los teólogos en este segundo grupo han sido habitualmente influenciados por Soren Kierkegaard y más recientemente por Karl Barth, que sostuvo que la resurrección se puede aceptar por la fe como acontecimiento literal, pero que ninguna investigación histórica lo puede comprobar. Barth rechazó enfáticamente las teorías naturalistas y afirmó que Jesús apareció empíricamente a sus discípulos, pero que este evento ocurrió en una distinta esfera de la historia y por ende ésta no la puede verificar. Opiniones similares sostuvieron teólogos neo-ortodoxos tales como Emil Brunner y Dietrich Bonhoeffer, y son también populares en trabajos más contemporáneos. Por ejemplo, Bornkamm observa la no validez de teorías naturalistas, pero, en forma que evoca a Barth, afirma que este acontecimiento sólo se puede aceptar mediante la fe aparte del examen histórico.

La tercera posición se caracteriza por un interés significativo en aspectos más históricos de la resurrección. Generalmente no sólo rechaza las teorías naturalistas, sino que a menudo sostiene que la tumba vacía es un hecho histórico. Además, estos eruditos van un paso más allá al hacer una reconstrucción más o menos abstracta de la naturaleza histórica de las apariciones. Sin embargo, todavía sostienen que la resurrección misma es un acontecimiento escatológico y que no es demostrable por el método histórico, aunque algunos afirman que será comprobable en el futuro. Moltmann opina que los discípulos fueron receptores de apariciones del Jesús resucitado, que implicaban mensajes hablados y comisionaban a los oyentes a servir en el mundo. Estos acontecimientos, que no son enteramente verificables, se ubican en la historia escatológica y están sujetos a comprobación futura. Ulrich Wilckens concluye igualmente que la historia no puede decidir exactamente qué sucedió. Así, mientras que las teorías naturalistas pueden ser refutadas, y mantenida la facticidad de la tumba vacía, las apariciones mismas eran revelaciones privadas, indicaciones de una futura existencia escatológica.

Reginald Fuller nota que las transformaciones de los discípulos necesitan una causa. Esta son las apariciones de Jesús, que se definen históricamente como experiencias visionarias de luz y audiciones de significado comunicados a los testigos presenciales más tempranos. Los mensajes proclamaron que Jesús había sido resucitado e impartían una misión a sus seguidores. Tales fenómenos no fueron visiones subjetivas sino experiencias reales, la fuente de la fe y el mensaje pascuales, pero salen de la demostración histórica. Joachim Jeremias enseñó asimismo que los apariciones de Jesús fueron visiones espirituales de luz brillante por las cuales los discípulos experimentaron a Jesús como el Señor resucitado.

El cuarto enfoque de la Resurrección es que la evidencia histórica disponible demuestra la probabilidad de que Jesús fue literalmente resucitado de entre los muertos. Quizás el teólogo reciente más conocido que acepta esta conclusión es Wolfhart Pannenberg, que argumenta contra las teorías naturalistas y concluye que el los hechos históricos prueban la tumba vacía y las apariciones literales de Jesús. Con todo, Pannenberg cuestiona una resurrección corpórea, en favor de apariciones descritas en términos de un cuerpo espiritual reconocido como Jesús, que apareció del cielo, dio una audición y, por lo menos en el caso de Pablo, fue acompañado por un fenómeno lumínico.

A.M.Hunter utiliza la investigación histórica para concluir que la resurrección de Jesús es factible de demostrar con hechos. J.A.T. Robinson precisa que los estudios históricos no pueden comprobar los detalles exactos, pero pueden ser suficientes para formular un caso para la probabilidad de este acontecimiento. Después de un extenso estudio de los datos textuales, Raymond Brown apoya también la verificación histórica de la resurrección de Jesús. Adicionalmente Hunter, Robinson y Brown favorecen el concepto de cuerpo espiritual.

Es importante observar que de estas cuatro posiciones críticas solamente la primera se caracterizada generalmente por un rechazo de, o actitud agnóstica hacia, la resurrección literal de Jesús. Igualmente significativa es la observación de que la primera postura parece no solamente estar perdiendo terreno, sino que además varias posturas favorables a la facticidad de la resurrección son bastante populares actualmente.

La resurrección como historia

Los argumentos históricos para la resurrección se han basado tradicionalmente en dos líneas de apoyo. Primero, las teorías naturalistas no han podido explicar este acontecimiento, principalmente porque cada una de ellas es refutada por los hechos históricos conocidos.

Por otra parte, los mismos críticos han atacado cada teoría. Por ejemplo, en el siglo XIX David Strauss desarticuló la teoría del desmayo, mientras que Theodor Keim y otros señalaron las debilidades de la teoría de la alucinación. Los estudios críticos de la forma revelaron más tarde la futilidad de la teoría de la leyenda, popularizada por la escuela de la historia de las religiones. En el siglo XX diversos pensadores, tales como Barth, Tillich, Bornkamm y Pannenberg, son ejemplos de más grandes teólogos críticos que han rechazado estas hipótesis alternativas.

En segundo lugar, a menudo se citan las evidencias históricas de la resurrección, tales como el testimonio directo de las apariciones de Jesús, la transformada vida de los discípulos, la tumba vacía, la incapacidad de los dirigentes judíos de refutar esas declaraciones, y la conversión de escépticos como Pablo y Santiago, hermano de Jesús. Cuando se combinan con la ausencia de teorías naturalistas alternativas, estas evidencias son bastante impresionantes.

Con todo, la apologética contemporánea ha ido aún más allá de estos importantes tópicos a otros argumentos en favor de la resurrección. Un punto crucial de atención ha sido I Cor. 15:3-4I, donde Pablo consigna material que había "recibido" de otros y que él "entrega" a sus oyentes. Virtualmente todos los teólogos contemporáneos concuerdan en que este material contiene un credo antiguo que en realidad es muy anterior al libro en el que se le registra.

La temprana fecha de esta tradición no sólo está indicada por los términos algo técnicos de Pablo para recibir y traspasar la tradición, sino también por el contenido algo estilizado, las palabras no Paulinas, los nombres específicos Pedro y Santiago (cf. Gál. 1:18-19), y los posibles modismos semíticos usados.

Estos hechos explican el acuerdo crítico en cuanto al origen primitivo de este material. De hecho, Fuller, Hunter y Pannenberg fechan la recepción de este credo por parte de Pablo en entre tres y ocho años después de la crucifixión misma. Estos datos son muy significativos ya que ratifican que tanto Pablo como los demás testigos presenciales proclamaron la muerte y Resurrección de Jesús (I Cor. 15:11) inmediatamente después de los acontecimientos mismos. Esto basa firmemente su informe en el testimonio temprano de testigos presenciales y no en informes legendarios surgidos más adelante.

Otro argumento extremadamente fuerte para la resurrección se deriva de los hechos conocidos admitidos como históricos por virtualmente todos los eruditos críticos que se ocupan de este tema. Los acontecimientos tales como la muerte de Jesús por crucifixión, la consiguiente desesperación de los discípulos, sus experiencias de las que creyeron que eran apariciones de Jesús resucitado, sus correspondientes transformaciones, y la conversión de Pablo debido a una experiencia similar, son cinco hechos críticamente establecidos y aceptados como históricos por la mayoría de los eruditos.

De estos hechos, la naturaleza de las experiencias de los discípulos es la más crucial. Como afirma el historiador Michael Grant, la investigación histórica demuestra que los testigos presenciales más tempranos estaban convencidos de que habían visto a Jesús resucitado. Carl Braaten explica que los historiadores escépticos concuerdan con esta conclusión. Una importante ventaja de estos hechos históricos críticamente aceptados es que tratan directamente con el tema de estas experiencias. En una escala más limitada estos hechos son capaces tanto de argumentar decisivamente contra cada una de las teorías naturalistas alternativas, como de proporcionar algunas fuertes evidencias de las apariciones literales del Jesús resucitado según lo relatado por los testigos presenciales.

La resurrección histórica no sólo se puede establecer sobre esta base, sino que la ventaja adicional de estos hechos es que son admitidos por prácticamente todos los eruditos como historia cognoscible. Puesto que un número tan mínimo de hechos es adecuado para establecer históricamente la resurrección literal como la mejor explicación para los datos, este acontecimiento no debería ser rechazado ni siquiera por los críticos que cuestionan la confiabilidad de las Escrituras. Sus preguntas sobre otros temas no refutan esta conclusión básica, que se puede establecer por procedimientos críticos e históricos.

Especialmente cuando se les mira en conjunto con la evidencia del testimonio presencial del credo temprano, tenemos una fuerte y doble apologética para la historicidad de la resurrección de Jesús. Este enfoque contemporáneo también complementa la ya resumida apologética más tradicional, todo lo cual se combina para demostrar históricamente el hecho de que Jesús fue resucitado de entre los muertos.

Como Pablo afirmó en I Cor. 15:12-20, la resurrección es el centro de la fe y la teología cristianas. Este acontecimiento señala la aprobación de las enseñanzas de Jesús (Hechos 2:22-23) y continúa así proporcionando una base para el cristianismo hoy. Garantiza la realidad de la vida eterna para todos que confíen en el evangelio (I Cor.15:1-4, 20).

G R Habermas

Bibliografía
K. Barth, Dogmática de la Iglesia, IV/1, 334-52; D. Bonhoeffer, Cristo, el centro; G. Bornkamm, Jesús de Nazareth; R. E. Brown, La concepción virginal y la resurrección corporal de Jesús; E. Brunner, Dogmática, II, 366-72; R. Bultmann, Teología del NT; D. P. Fuller, Fe de Pascua e historia; R. H. Fuller, Formación de las narraciones de la Resurrección; M. Grant, Jesús: Revisión del Evangelio, por un historiador; G. R. Habermas, La resurrección de Jesús: Apologética; A. M. Hunter, Biblia y Evangelio; J. Jeremias, Teología del NT; W. Marxsen, La resurrección de Jesús de Nazareth; J. Moltmann, La revolución y el futuro; J. Orr, La resurrección de Jesús; W. Pannenberg, Jesús, Dios y hombre; J. A. T. Robinson, ¿Podemos confiar en el NT? P. M. van Buren, El significado secular del Evangelio; U. Wilkens, La Resurrección.


Resurrección

Información Avanzada - II

La resurrección es uno de los hechos y doctrinas cardinales del evangelio. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe sería inútil (1 Cor.15:14); todo la revelación del Nuevo Testamento se basa en esto como hecho histórico. En el día de Pentecostés Pedro aseveró la necesidad de la resurrección de Cristo de lo predicho en el Salmo 16 (Hechos 2:24-28). Asimismo, en sus propios discursos Nuestro Señor claramente confidencia su resurrección (Mat. 20:19; Marcos 9:9; 14:28; Lucas 18:33; Juan 2:19-22). Los evangelistas dan cuentas circunstanciales de los hechos relativos a ese acontecimiento, y también los apóstoles insisten en gran parte sobre el mismo en su enseñanza pública. En el Nuevo Testamento se consignan diez diversas apariciones de Nuestro Señor resucitado. Se las puede ordenar como sigue:

1. A María Magdalena sola en el sepulcro. Esto es registrado en detalle sólo por Juan (20:11-18), y es aludido por Marcos (16:9-11).

2. A ciertas mujeres, "la otra María", Salomé, Juana , y otras, que volvían del sepulcro. Sólo Mateo (28:1-10) da una cuenta de esto. (Comp. Marcos 16:1-8, y Lucas 24:1-11.)

3. A Simón Pedro solamente, el día de la resurrección. (véase Lucas 24:34; I Cor. 15:5.)

4. A los dos discípulos en el camino a Emaús el día de la resurrección, registrado cabalmente sólo por Lucas (24:13-35. Comp. Marcos 16:12, 13).

5. A los diez discípulos (Tomás está ausente) y otros "con ellos", en Jerusalén en la tarde del día de la resurrección. Uno de los evangelistas narra esta aparición, Juan (20:19-24).

6. A los discípulos otra vez (con Tomás presente) en Jerusalén (Marc.16:14-18;

7. A los discípulos que pescaban en el mar de Galilea. Nuevamente, de esta aparición sólo da cuenta Juan (21:1-23).

8. A los once, y a la vez a más de 500 hermanos, en un lugar designado en Galilea (I Cor.. 15:6; comp. Mat. 28:16-20).

9. A Santiago, pero no se nos informa en qué circunstancias (I Cor. 15:7).

10. A los apóstoles inmediatamente antes de la ascensión. Lo acompañaron desde Jerusalén al Monte de los Olivos y allí lo vieron ascender "hasta que una nube Lo ocultó de su vista" (Marcos 16:19; Lucas 24:50-52; Hechos 1:4-10). Cabe notar que está claramente narrado que en la mayoría de estas ocasiones Nuestro Señor concedió a sus discípulos la más amplia oportunidad de comprobar el hecho de su resurrección. Conversó con ellos cara a cara, lo tocaron (Mat. 28:9; Lucas 24:39; Juan 20:27), y comió pan con ellos (Lucas 24:42, 43; Juan 21:12, 13).

(11.) Además de lo anterior, hay que recordar que en Damasco Cristo se manifestó a Pablo, que habla de ello como una aparición del Salvador resucitado (Hechos 9:3-9, 17; I Cor. 15:8; 9:1). Implícito en las palabras de Lucas (Hechos 1:3) está el que pudo haber habido otras apariciones de los cuales no tenemos registro.

Se habla de la resurrección como de la acción (1) de Dios Padre (Salm. 16:10; Hechos 2:24; 3:15; Rom. 8:11; Efes. 1:20; Col. 2:12; Heb. 13:20); (2) de Cristo mismo (Juan 2:19; 10:18); y (3) del Espíritu Santo (1 Pedro 3:18). La resurrección es un testimonio público de la liberación de Cristo de su misión como aval, y una evidencia de la aceptación, por el Padre, de su obra redentora. Es un triunfo sobre la muerte y el sepulcro para todos sus seguidores.

La importancia de la resurrección de Cristo se ve al considerar que si El resucitó, el evangelio es verdad, y si no resucitó, es falso. Su resurrección de entre los muertos pone de manifiesto que Su sacrificio fue aceptado. Nuestra justificación fue asegurada por su obediencia a la muerte, y por lo tanto fue resucitado de entre los muertos (Rom 4:25). Su resurrección prueba que El hizo una expiación plena de nuestros pecados, que su sacrificio fue aceptado como satisfacción de la justicia, y su sangre, como rescate de los pecadores.

Es asimismo un compromiso y prenda de la resurrección de todos los creyentes (Rom 8:11; I Cor. 6:14; 15:47-49; Fil. 3:21; 1 Juan 3:2). Puesto que El vive, vivirán también ellos. Probó que era el Hijo de Dios, ya que autentificó todas sus exigencias (Juan 2:19; 10:17). "Si Cristo no resucitó, todo el diseño de la redención es un fracaso, y todas las predicciones y anticipaciones de sus gloriosos resultados para el tiempo y la eternidad, para los hombres y para los ángeles de cada fila y orden, demuestran ser quimeras'. Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, y es el primer fruto de aquellos que durmieron'.

Por lo tanto la Biblia es verdad desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El reino de la oscuridad ha sido derrocado, Satán ha caído como relámpago del cielo, y el triunfo de la verdad sobre el error, del bien sobre el mal, de la felicidad sobre la desgracia, está asegurado para siempre" (Hodge). Respecto de la versión sobre la resurrección de Cristo para cuya difusión se sobornó (Mat. 28:12-14) a los soldados romanos, de que "sus discípulos vinieron por noche y lo robaron mientras dormíamos", en su "Comentario" bajo Juan 20:1-10, Matthew Henry observa adecuadamente: "la mortaja con la que habían sepultado a Cristo fue encontrada muy ordenada, lo que evidencia que su cuerpo no había sido 'robado mientras los hombres dormían'. Se ha sabido de ladrones de tumbas que han sacado 'la mortaja' y dejado el cuerpo; pero ninguno se ha llevado 'el cuerpo' y dejado la mortaja, especialmente cuando era 'de lino fino' y nueva (Marc. 15:46). Cualquiera elegiría llevarse un cadáver en su sudario y no desnudo; o los que se supone que lo robaron dejaron la mortaja, pero no se puede suponer que encontraran tiempo para 'plegar el lino' ".


Resurrección

Comentario de James M. Gray en Biblia de Estudio Doméstico

Mateo, Cap. 28

Quizás el comentario más importante que podemos hacer sobre este capítulo es el orden de los diez acontecimientos en el día del que habla: (1) las tres mujeres: María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé se encaminan al sepulcro, seguidas por otras mujeres que llevan especias. (2) encuentran la piedra rodada de costado y María Magdalena va a decírselo a los discípulos (Lucas 23:55-24:9; Juan 20:1, 2). (3) María, madre de Santiago, deambula cerca de la tumba y descubre al ángel (Mat. 28:2). (4) ella vuelve para encontrarse con las demás mujeres que portaban las especias. (5) Pedro y Juan llegan, miran dentro y salen. (6) María Magdalena vuelve, ve a dos ángeles y a Jesús (Juan 20:11-18). (7) va a contárselo a los discípulos. (8) María, la madre de Santiago, vuelve con las otras mujeres, todas las cuales ven a los dos ángeles (Lucas 24:4, 5; Marc.15:15). (9) reciben el mensaje del ángel. (10) mientras van a buscar a los discípulos, se encuentran con Jesús (Mat. 28:8-10).

Otro comentario del interés es el orden de las apariciones de Jesús en este día (1) a María Magdalena (Juan 20:14-18); (2) a las mujeres que vuelven de la tumba con el mensaje del ángel (Mat. 28:8-10); (3) a Pedro (Lucas 24:34; I Cor. 15:5); (4) a los dos en camino a Emaús (Lucas 24:13-31); (5) a los apóstoles en ausencia de Tomás (Lucas 24: 36-43; Juan 20:19-24).

Al dividir el capítulo tenemos (1) el relato de la resurrección con la aparición de Jesús a las mujeres (vs. 1-10); (2) la falsa invención de los judíos (v. 11-15); (3) la reunión en Galilea (vers. 16-20). Sólo podemos mencionar las cosas más importantes, una de las cuales es la referencia de Cristo a sus discípulos como "hermanos" (v. 10). Por primera vez El usa esa palabra en tal contexto, mostrando que hasta su muerte y Resurrección en su favor, la relación no había llegado a ser posible. (Compare Salm. 22: 22 y Heb. 2:11, 12).

Otra cosa importante es el versículo 13, "Decid que sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras dormíamos". Veamos un extracto de Gaebelein sobre este versículo: "Los guardias se recuperan de su susto y algunos corren a la ciudad. Seguramente, algo sucedió; si no, ¿por qué abandonarían su puesto para dar un informe? Entonces es extraño que ellos fueran donde los sacerdotes primero y no donde el gobernador romano. Éste era un procedimiento irregular, de lo cual concluimos que lo que tenían que informar era de mayor importancia para aquéllos que para Pilatos. Quién sabe si esos sacerdotes habían instruído a la guardia que si El aparecía debían venir adonde ellos antes que nadie.

Su informe era un testimonio de la resurrección y de que la tumba estaba vacía. "El Sanedrín fue convocado precipitadamente para recibir el informe de manera oficial. La declaración directa, como acostumbran los hombres con entrenamiento militar, hizo que dudar de su veracidad fuera imposible; acusarlos de mentir habrían sido insano. Pero ¿qué habría sucedido si esa verdad se filtra hacia la gente?". Había que negar la resurrección, lo que sólo se podía hacer inventando una mentira, y la única mentira posible era que sus discípulos habían robado el cuerpo. La historia es increíble. Es más fácil creer que El se levantó de entre los muertos que creer lo que inventaron los judíos sobre Su resurrección. Los discípulos se habían olvidado de la resurrección prometida y eran un montón de gente dispersa, pobre y tímida. Pero incluso si hubieran estado impacientes por robar el cuerpo, ¿cómo habrían podido hacerlo? Aquí estaban la compañía de hombres armados, y luego la pesada piedra sellada. "Pero el lado ridículo de la mentira salió con el informe que los soldados debían difundir. Los discípulos fueron y robaron el cuerpo mientras ellos dormían! Es increíble que todos estos hombres se hubieran quedado dormidos al mismo tiempo, y tan profundamente que el estruendo de hacer rodar la piedra y del robo del cadáver no los molestara. Además, para un soldado romano el dormirse en un puesto de guardia implicaba la muerte. Uno de ellos puedo haber cabeceado y arriesgado su vida, pero que todos se durmieran es imposible. Y el informe es absurdo: estaban dormidos, y mientras lo estaban presenciaron cómo los discípulos robaban el cuerpo de Jesús! Era una estúpida mentira, que continúa hasta hoy". Aquí podemos mencionar el testimonio de Josefo, que dice en sus Antigüedades: "Apareció ante ellas vivo en el tercer día, ya que los profetas divinos habían predicho ésta y otras diez mil cosas maravillosas referentes a El".

Una tercera cuestión de importancia es la "Gran Comisión", como se la llama (vs. 19, 20). Obsérvese la palabra "Nombre" como indicativo de la Trinidad. No es nombres sino "Nombre". "Padre, Hijo y Espíritu Santo es el nombre final del Dios verdadero. La conjunción de los tres en un nombre afirma la igualdad y unicidad de sustancia". Adviértase la particularidad de los términos. Ésta es la comisión del Reino, como lo expresa otro, no la comisión Cristiana. Esta última está en Lucas, claramente el Evangelio Gentil, pero no aquí, que es claramente el Evangelio judío; y esto es tanto más notable cuanto que en Lucas se ordena a los discípulos ir a los judíos (24:47), mientras que aquí se les manda ir a "todas las naciones".

Se refiere a la proximidad de la era en que la comisión se llevará a cabo por los judíos fieles restantes, de los que tan a menudo se habla. Todavía no se la ha realizado, y la historia de los Hechos no es su cumplimiento. Su logro se ha interrumpido, pero se le reanudará antes de que el Señor venga a liberar a Israel al final.

Preguntas 1. Repita el orden de los acontecimientos en el día de la resurrección. 2. Haga otro tanto respecto de las apariciones de Jesús. 3. Divida el capítulo en tres partes. 4. ¿Cómo respondería ud. al argumento de que los discípulos robaron el cuerpo de Jesús? 5. ¿Qué significa la palabra "Nombre" en la "Gran Comisión"? 6. ¿Cómo distingue usted la "Comisión" en Mateo de aquella en Lucas?


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo



Este tema presentación en el original idioma Inglés



Enviar una pregunta por e-mail o comentario para nosotros:E-mail

La principal página web de CREER (y el índice a los temas) está en:
CREER Fuente de Información Religiosa
http://mb-soft.com/believe/beliespa.html