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Éstas y otras ideas de la salvación se basan en la noción de que la condición humana está marcada por formas fundamentales de sufrimiento que evitan que las personas logren un bienestar verdadero y perdurable. La salvación es, entonces, el proceso mediante el cual se alcanza el verdadero bienestar.
William S Babcock
Bibliografía
K Klostermaier, Liberación, Salvación, Autorealización: estudio comparativo de las las ideas hindúes, budistas y cristianas (1973); A W Pink, La doctrina de la Salvacion (1975); C R Smith, La doctrina bíblica de la salvación: estudio de la expiación (1969).
Una forma muy analítica de verlo implica lo que sigue (ésta es una perspectiva protestante generalizada; a los católicos y ortodoxos se les enseñan una perspectivas de la salvación un tanto diferentes).
El Espíritu Santo dentro de nosotros es de especial ayuda en esto. TODA la gente está expuesta a muchas fuentes que declaran presentar la Verdad. A menudo es difícil discernir qué en la Verdad y qué no, dado que las fuentes llevadas por el pecado suelen ser extremadamente creíbles en sus mentiras y medias verdades. Un cristiano o uno que busca requieren guiarse por el Espíritu Santo al discernir el valor de afirmaciones extrañas.
La Justificación ocurre privadamente pero es públicamente reconocida por la Iglesia en la ceremonia del Bautismo. Este es el método escritural para que la Iglesia reconozca que ha ocurrido la Justificación.
La Adopción es una continuación "automática" de la Justificación, en que Dios aplica los beneficios de la Redención que se produjeron en la Justificación.
Adicionalmente, esta enumeración es una descripción específicamente protestante. Las descripciones católicas y ortodoxas tienen algunas diferencias, y generalmente incluyen menos etapas. Además, allí donde el protestantismo insiste en que la salvación es enteramente por gracia de Dios, sin aporte de la persona, el catolicismo otorga un valor sustancial a las buenas obras de ésta.
(CREER incluye presentaciones individuales en estos temas. Vea la parte final de esta página para conecciones con ellos).
La Soteriología, por lo tanto, acumuló una rica connotación desde los LXX hasta el NT, en el cual también significa liberación, preservación de cualquier peligro (Hechos 7:25; 27:31; Heb. 11:7). Las raíces "saos", "sozo", sin embargo, agregan la noción de completitud, validez, salud, dando a "salvación" una connotación médica: salvación de la aflicción, enfermedad, posesión del demonio, muerte (Marc. 5:34; Stgo 5:15; etc.). A veces este significado es literal: paz, alegría, alabanza, fe, están entretejidas con curación hasta el punto de darle también a "salvado" una connotación religiosa. La autodescripción de Jesús como "médico" (Marc. 2:17) y el valor ilustrativo de los milagros de curaciones muestran cuán fácilmente la curación física y espiritual se unen en "salvación" (Lucas 4:18 - 19).
Buena parte de la Soteriología y sus derivados se aplican más frecuentemente a la liberación, preservación de todos los peligros espirituales, concesión de todas las bendiciones religiosas; su alternativa es la destrucción (Fil. 1:28), muerte (2 Cor. 7:10), cólera divina (1 Tes. 5:9). Está disponible para todos (Tito 2:11), es compartida (Jud. 3), eterna (Heb. 5:9); se le atribuye sólo a Cristo (Hechos 4:12; Lucas 19:10), "el pionero de la salvación", y especialmente a su muerte (Heb. 2:10; Rom. 5:9 - 10). En ese sentido era salvación "para los judíos" (Juan 4:22), aunque también para los Gentiles (Rom 11:11). Se la proclama (enseña) como un modo de pensar y de vida (Hechos 13:26; 16:17; Efes. 1:13), recibible del favor de Dios sólo por la fe, una confianza y seguridad confesadas (Hechos 16:30 - 31; Efes. 2:8), centradas en la resurrección y soberanía de Cristo (Rom 10:9), un "llamado" a El (Hechos 2:21; Rom. 10:13). Una vez recibida, la salvación no debe ser "descuidada" sino que se debe "aferrar rápidamente", "crecer hacia ella", "elaborarla" humildemente (Heb. 2:3; 1 Cor. 15:2; 1 Pedro 2:2; Fil. 2:12); algunos son salvados a última hora (1 Cor 3:15; 1 Pedro 4:18).
(1) por aquello de lo que se nos salva. Esto incluye el pecado y la muerte; la culpa y la enemistad; la ignorancia de la verdad; la servidumbre al hábito y al vicio; el miedo a los demonios, a la muerte, a la vida, a Dios, al infierno; desesperanza de uno mismo; alienación de los demás; presiones del mundo; una vida sin sentido. El testimonio del propio Pablo es casi enteramente positivo: la salvación le ha traído paz con Dios, acceso al favor y la presencia de Dios, esperanza de recuperar la gloria prevista para el hombre, reciedumbre en el dolor, carácter firme, mente optimista, convicción íntima del amor divino y poder del Espíritu, experiencia permanente dentro de su alma del Cristo resucitado, y permanente gozo en Dios (Rom 5:1-11). La salvación se extiende también a la sociedad, propendiendo a concretar el reino de Dios; a la naturaleza, poniendo fin a su servidumbre a la futilidad (Rom 8:19 - 20); y al universo, logrando la reconciliación final de un cosmos fragmentado (Efes. 1:10; Col. 1:20).
(2) advirtiendo que la salvación es pasado (Rom 8:24; Efes. 2:5, 8; Tito 3:5 - 8); presente (1 Cor. 1:18; 15:2; 2 Cor. 2:15; 6:2; 1 Pedro 1:9; 3:21); y futuro (Rom 5:9 - 10; 13:11; 1 Cor. 5:5; Fil. 1:5 - 6; 2:12; 1 Tes. 5:8; Heb. 1:14; 9:28; 1 Ped. 2:2). Es decir, la salvación incluye lo ya dado libre y finalmente por la gracia de Dios (perdón, en una epístola llamado justificación, amistad; o reconciliación, expiación, filiación, y renacimiento); lo que se imparte continuamente (santificación, creciente emancipación respecto de todo lo malo, creciente enriquecimiento en todo lo bueno, goce de la vida eterna, experiencia del poder del Espíritu, libertad, alegría, madurez creciente en conformidad a Cristo); y lo que está por lograrse aún (redención del cuerpo, perfecta semejanza a Cristo, gloria final).
(3) distinguiendo los varios aspectos de la salvación: religioso (aceptación de Dios, expiación, reconciliación, filiación, recepción del Espíritu, inmortalidad); emocional (fuertes seguridad, paz, valor, esperanza, gozo); práctico (oración, guía, dirección, disciplina, esmero, servicio); ético (nueva dinámica moral para las nuevas metas morales, libertad, triunfo); personal (nuevos pensamientos, convicciones, horizontes, motivos, satisfacciones, realización); social (nuevo sentido de la comunidad con los cristianos, de la compasión hacia todos, arrollador impulso a amar Jesús amó).
En la apertura y amistad de Jesús hacia los pecadores, la amorosa acogida de Dios encontró su expresión perfecta. Nada se requería para recuperar el favor de Dios, favor que esperó ansiosamente el retorno del hombre (Lucas 15:11 - 24). El único preliminar indispensable era el cambio del hombre desde la rebelión hacia la confianza y obediencia infantiles. Comprobadas éstas, seguía la vida bajo la norma de Dios, descrita como banquete, unión, vino, hallazgo del tesoro, gozo, paz, toda la libertad y privilegios de la filiación dentro de la familia divina en el mundo del Padre.
Pedro también llamó al arrepentimiento (Hechos 2:38), prometiendo el perdón y el Espíritu a quienquiera que invoque al Señor. La salvación era especialmente de la maldad pasada y para conformidad de una generación perversa (vss. 23 - 40); y con un propósito, la herencia, y una gloria todavía por revelaro (1 Pedro 1:3 - 5; etc.).
En el pensamiento de Juan la salvación es de la muerte y el juicio; él redefine su significado en términos de la vida, eterna y rica (treinta seis veces en el Evangelio, trece en Juan 1), don de Dios en y con Cristo, que comienza en la renovación total ("nuevo nacimiento"); iluminada por la verdad ("conocimiento, "luz"); y experimentada como amor (Juan 3:5 - 16; 5:24; 12:25; 1 Juan 4:7 - 11; 5:11).
Pablo vió reflejado en todos los hombres su propio fracaso en lograr la justificación legal, y lo atribuyó al poder avasallador ("regla") del pecado, que trajo consigo la muerte. En consecuencia la salvación es, primero, perdón, a pesar de la condenación justa, en base a la expiación del pecado por Cristo (Rom 3:21 - 22); y segundo, liberación, por el poder invasor del Espíritu de santidad, el Espíritu de Cristo resucitado. La fe que acepta y asiente la muerte de Cristo por nosotros también nos une a El tan intimamente que con El morimos al pecado y nos levantamos a nueva vida (Rom 6:1 - 2). Los resultados son: liberación del poder del pecado (vss. 7, 18; 8:2); gloriarse en el poder del Espíritu dentro de nosotros y certeza de la filiación (ch. 8); creciente conformidad a Cristo. Por el mismo proceso la muerte es superada y los creyentes están listos para la vida eterna (6:13, 22 - 23; 8:11).
Más adelante, la Iglesia de Oriente reflejó en la mortalidad del hombre el efecto de la caída de Adán, principalmente, y vió la salvación especialmente como el don de la vida eterna a través de Cristo resucitado. La Iglesia de Occidente reflejó el efecto de la caída de Adán particularmente en la culpa heredada (Ambrosio) y corrupción (Augustín) de la humanidad, y vio la salvación como especialmente el don de la gracia a través de la muerte de Cristo. Sólo la gracia divina podía eliminar la culpa y liberar de la corrupción.
Anselmo y Abelardo exploraron más la relación entre la salvación del hombre y la cruz de Jesús como satisfacción para el pecado, o redentor ejemplo de amor; Lutero, su relación con la recepción de la fé por el hombre; Calvino, su relación a la voluntad soberana de Dios. El pensamiento católico ha enfatizado la esfera objetiva de la salvación dentro de una iglesia sacramental; y el Protestantismo, la experiencia subjetiva de la salvación dentro del alma individual. La reflexión moderna tiende a concentrarse en los procesos psicológicos y los resultados éticos de la salvación, acentuando la necesidad de "salvar" la sociedad.
R E O White
Bibliografía
LH Marshall, Desafío a la ética del NT; H R Mackintosh, La Experiencia Cristiana del Perdón; V Taylor, Perdón y Reconciliación; E Kevan, La Salvación; U Simon, Teología de la Salvación.
| Arminianismo | Supralapsarianismo | Infralapsarianismo | Amyroldismo |
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La distinción entre infralapsarianismo y supralapsarianismo tiene que ver con el orden lógico de los decretos eternos de Dios, no con la ordenación de la elección. Ninguna de los dos lados sugiere que el elegido lo fuera después del pecado de Adán: Dios eligió antes de la fundación del mundo (Efes. 1:4), mucho antes de que Adán pecara. Los infras y los supras (e incluso mucho Arminianos) concuerdan en esto.
El Supralapsarianismo es la visión de que Dios, contemplando al hombre aún no caído, eligió a algunos para recibir la vida eterna y rechazó a todos los demás. Así, un supralapsario diría que a los réprobos (los no elegidos), receptores de la ira y destinados a la destrucción (Rom 9:22), primero se les hizo para ese rol, y entonces se hizo el medio por el que cayeron en pecado. En otras palabras, el supralapsarianismo sugiere que el decreto de elección de Dios precedió lógicamente a su decreto para permitir la caída de Adán, de modo que su condenación es primero que nada un acto de soberanía divina, y sólo secundariamente, un acto de justicia divina.
A veces se equipara erróneamente al supralapsarianismo con la "doble predestinación", término frecuentemente usado en forma engañosa y ambigua. Algunos lo emplean para significar nada más que la opinión de que el destino eterno de tanto los elegidos como los réprobos está establecido por decreto eterno de Dios. En ese sentido del término, todo calvinista genuino se atiene a la "doble predestinación" y al hecho de que el destino de los réprobos está determinado eternamente es una doctrina claramente bíblica (cf. 1 Pedro 2:8; Rom 9:22; Judas 4). Pero más a menudo, la expresión "doble predestinacion" se emplea como término peyorativo para describir la opinión los que sugieren que Dios es tan activo en mantener a los réprobos fuera de cielo como lo es en hacer entrar a los elegidos. (Una forma aún más siniestra de "doble predestinación" sugiere que Dios se interesa tanto en hacer malvados a los réprobos como santos a los elegidos).
Más correctamente, esa opinión (que Dios es tan activo en reprobar a los no elegidos como en redimir a los elegidos) se denomina "igual ultimacía" (cf. R.c. Sproul Elegidos por Dios, 142). Es en realidad una forma de hiper-calvinismo y no tiene nada que ver con el verdadero calvinismo histórico. Aunque todos los que sostienen esa visión también sostendrían el supralapsarianismo, su visión no es en sí misma una ramificación necesaria del supralapsarianismo.
A veces el Supralapsarianismo se equipara también erróneamente a hipercalvinismo; todos los hipercalvinistas son supralapsarios, pero no todos éstos son hiperacalvinistas.
Otras veces al Supralapsarianismo se le llama "alto" calvinismo, y sus adherentes más extremos tienden a rechazar la noción de que Dios tenga algún grado de buena voluntad o compasión significativa hacia los no elegidos. Históricamente, una minoría calvinista ha sostenido esta opinión.
Pero el comentario de Boettner de que "no hay más de un calvinista en un ciento que sostemga la visión supralapsaria" es sin duda una exageración. Y en la última década o algo así, la visión supralapsaria parece haber ganado popularidad.
El Infralapsarianismo (también conocido a veces como "sub-lapsarianismo") sugiere que el decreto de Dios para permitir la caída, lógicamente precedió a Su decreto de elección, de modo que cuando Dios seleccionó a los elegidos y pasó por alto a los no elegidos, los consideraba a todos como criaturas caídas.
Ésas son las dos más importantes visiones Calvinistas. Bajo el esquema supralapsario, Dios primero rechaza al réprobo en uso de Su voluntad soberana, y entonces dispone los medios de su condenación a través de la caída. En el orden infralapsario, los no elegidos son considerados primero como individuos caídos, y condenados en razón de su propio pecado. El Infralapsarianismo tiende a acentuar que, en su decreto de elección, Dios "pasa por alto" (preterition) a los no-elegidos.
El supralapsario Robert Reymond propone el siguiente refinamiento de la visión supralapsaria (véase R. Reymond, Teología Sistemática de la Fe Cristiana, 489).
| Supralapsarianismo Modificado de Reymond |
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Nótese que además de reordenar los decretos, Reymond acentúa deliberadamente que en el decreto de elección y reprobación, Dios considera al hombre como pecador. Según Reymond, "en este esquema, a diferencia del anteriorr (la corriente supra clásica)], a Dios se le representa discriminando entre hombres considerados pecadores y no entre hombres vistos simplemente como tales". El refinamiento de Reymond evita la crítica más común al supralapsarianism, a saber, que en éste Dios condena al hombre a la perdición incluso antes de considerarlo pecador. Pero la posición de Reymond también deja sin respuesta la cuestión de cómo y por qué Dios vería al hombre como pecador aún antes que se determinara que toda la humanidad caería. (Incluso algunos podrían decir que los refinamientos de Reymond dan lugar a una posición que, en lo referente a la distinción clave, es implícitamente infralapsaria).
Todos los principales credos reformados son, o explícitamente infralapsarios, o evitan cuidadosamente un lenguaje que favorezca cualquiera de las dos corrientes. Ningún credo importante sustenta la posición supralapsaria. (Todo este tema fue acaloradamente discutido en la Asamblea de Westminster; su presidente William Twisse, ardiente supralapsario, defendió hábilmente su posición, pero la Asamblea optó por un lenguaje que favorecía claramente la posición infra, aunque sin condenar el supralapsarianismo). "Bavinck ha señalado que la presentación supralapsaria 'no ha sido incorporada en ninguna Confesión Reformada' pero que la posición infra ha recibido un lugar oficial en las Confesiones de las iglesias" (Berkouwer, La Elección Divina, 259).
Es útil la discusión de Louis Berkhof (en su Teología Sistemática) acerca de la dos corrientes, si bien parece favorecer el supralapsarianismo. Yo tomo la visión infra, al igual que Turretin, la mayoría de los teólogos de Princeton y la mayoría de los directores del Westminster Seminary (e.g., John Murray). Estos temas estaban en el centro de la controversia sobre la "gracia común" por la primera mitad del siglo XX. Herman Hoeksema y sus seguidores tomaron una postura supralapsaria tan rígida que llegaron hasta negar el concepto mismo de gracia común.
Finalmente, vea el cuadro de más arriba, que compara estas dos corrientes con el Amyroldismo (una especie de Calvinismo de cuatro puntos) y el Arminianismo. Mis notas sobre cada visión (abajo) identifican a algunos de los principales partidarios de cada una.
P R Johnson
Arminianismo
Supralapsarianismo
Infralapsarianismo
Amyroldismo
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