Los Diez Mandamientos, el Decálogo

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Conjunto básico de las leyes divinas en la Biblia, también llamado Decálogo (del griego deka, "diez", y logos, "palabra"), los Diez Mandamientos constituyen el código ético fundamental del judaísmo, el cristianismo y el islam. Según la narración bíblica, Dios le dio los mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí, inscritos en dos tablas de piedra. Moisés rompió las tablas en cólera cuando encontró a su pueblo adorando al becerro de oro, pero con el tiempo las reconstruyó y custodió en el Arca de la Alianza. Hay dos versiones ligeramente diferentes de los mandamientos, en Exod. 20:1 - 17 y en Deut. 20:1 - 17 y Deut. 5:6 - 21. 5:6 - 21.

También hay dos tradiciones para listar los mandamientos: luteranos y católicos romanos consideran las prohibiciones iniciales contra el falso culto como un solo mandamiento, mientras que la mayoría de los demás protestantes y los ortodoxos orientales siguen la tradición hebrea de dividirlos en dos. Los ortodoxos mantienen su número en diez mediante la combinación de las últimas prohibiciones contra la codicia.

Nota del editor: este no un problema tan serio como parece. Durante muchos cientos de años, hasta alrededor de 900 DC, los manuscritos de los libros de la Biblia estaban generalmente escritos en scripta continua, en la que no había mayúscula inicial, espacios entre las palabras o versículos, ni puntuación. Moisés determinó que había Diez Mandamientos. Cuando los líderes de la Iglesia estudiaron el texto (continuado) que los describe, se desarrollaron dos interpretaciones diferentes para separar cada mandamiento. En consecuencia, el texto (original) es el mismo, pero, por ejemplo, las diferentes Iglesias podrían considerar que el principio constituye uno, o dos, mandamientos.

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El mandamiento inicial trata del respeto al Dios único, que no tolera rivales; está prohibida la elaboración y adoración de imágenes físicas, así como tomar el nombre de Dios en vano; la observancia del sábado es obligatoria. Los otros mandamientos regulan las relaciones humanas: la obligación de honrar a los padres y las prohibiciones de asesinato, adulterio, robo, falso testimonio y codicia. El Nuevo Testamento resume el Decálogo en dos grandes mandamientos (Marcos 12:28 - 31).

Bibliografía

Goldman S, Los Diez Mandamientos (1963); E Nielsen, Los Diez Mandamientos en una Nueva Perspectiva (1968).


Los Diez Mandamientos

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Los Diez Mandamientos (Éxodo 34:28; Deut. 10:4, marg. "Diez palabras"), es decir, el Decálogo (qv), es un resumen de la ley moral inmutable. Estos mandamientos fueron dados por escrito por primera vez al pueblo de Israel cuando estaba acampado en el Sinaí, unos cincuenta días después de haber salido de Egipto (Éxodo 19:10-25). Fueron escritos por el dedo de Dios sobre dos tablas de piedra. Las primeras tablas fueron rotas por Moisés cuando las trajo de la montaña (32:19), al lanzarlas al suelo. Por orden de Dios llevó al monte otras dos losas, y Dios escribió sobre ellas "las palabras que estaban en las primeras tablas" (34:1), y luego estas tablas fueron colocadas en el Arca de la Alianza (Deut. 10:5, 1 Reyes 8:9). Se desconoce su destino posterior. Como conjunto se las conoce como "el pacto" (Deut. 4:13), o "las tablas de la alianza" (9:9, 11; Heb. 9:4), o "el testimonio". Evidentemente son "diez" en número, pero su división no es fija y por ello se han adoptado diferentes métodos de enumerarlos. Los judíos hacen del "Prefacio" uno de los mandamientos, y combinan el primero y el segundo. Los católicos romanos y los luteranos combinan el primero y el segundo y dividen el décimo en dos. Los judíos y Josefo los dividen por igual, en tanto que luteranos y católicos romanos adscriben tres mandamientos a la primera tabla y siete a la segunda, y las iglesias griegas y las reformadas asignan cuatro a la primera y seis a la segunda. Los samaritanos añaden a la segunda, que el monte Gerizim es el del culto.

(Diccionario Ilustrado Easton)


El Decálogo

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Decálogo es el nombre dado por los padres griegos a los diez mandamientos; "las diez palabras" es como más literalmente se traduce el original (Éxodo 20:3-17). Estos mandamientos fueron escritos en un principio en dos losas de piedra (31:18), rotas por Moisés al lanzarlas al suelo (32:19); Dios las volvió a escribir (34:1). El Nuevo Testamento alude al decálogo cinco veces (Mateo 5:17, 18, 19, Marcos 10:19 y Lucas 18:20; Rom. 7:7, 8; 13:9, 1 Tim. 1:9, 10). Desde los días del padre griego Orígenes, los mandamientos han sido divididos tal como están en la Confesión de todas las iglesias reformadas excepto la luterana. La división adoptada por Lutero, y que desde entonces ha sido recibido en la iglesia luterana, hace uno solo de los dos primeros mandamientos, y del tercero el segundo, y así sucesivamente hasta el último, que se divide en dos. "No codiciarás la casa de tu prójimo" se clasifica como noveno, y "No codiciarás la mujer de tu prójimo", etc, es el décimo.


Los diez mandamientos

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Los diez mandamientos representa la ley fundamental de la alianza entre Dios e Israel en el Monte Sinaí; aunque la fecha del evento es incierta, los mandamientos se pueden datar provisoriamente en la primera parte del siglo XIII AC. En hebreo se les llama las "Diez Palabras", que (a través del griego) es el origen del título alternativo en inglés para los mandamientos, a saber, el Decálogo. Los mandamientos se mencionan dos veces en el Antiguo Testamento; la primera es en la descripción de la formación del Convenio del Sinaí (Exod. 20:2-17) y se repiten en la descripción de la renovación de la alianza en las llanuras de Moab (Deut . 5:6-21).

Está escrito que los mandamientos fueron fijados en dos tablas, cada una con el texto completo; una pertenecía a Israel y la otra a Dios, a fin de que ambas partes en el pacto tuviera una copia de la legislación. Los cinco primeros mandamientos se refieren básicamente a la relación entre Israel y Dios, y los últimos cinco se ocupa principalmente de las formas de relación entre los seres humanos.

Los mandamientos deben interpretarse inicialmente en el contexto del Pacto de Sinaí, que en efecto fue la Constitución del Estado en proceso de formación durante el tiempo de Moisés y de su sucesor Josué. Puesto que Dios fue el que permitió a Israel avanzar hacia la estadidad, como consecuencia de la liberación del pueblo elegido de la esclavitud en Egipto, también fue el verdadero rey de Israel. Como tal tenía autoridad para establecer la ley de Israel, como se aclara en el prefacio de los mandamientos. Así pues, los mandamientos fueron inicialmente parte de una constitución y fungieron como ley del Estado de la incipiente nación de Israel. El principio fundamental sobre el que se estableció la constitución es el amor: Dios había elegido a su pueblo y lo liberó de la esclavitud sólo porque lo amó. A su vez, le hizo una exigencia fundamental: que amara a Dios con la totalidad de su ser (Deut. 6:5). Este mandamiento de amar para siempre viene con un comentario y una explicación. En cuanto a la forma en que se puede cumplir el mandamiento de amar, los cinco primeros mandamientos indicaban la naturaleza de la relación con Dios, que sería una expresión de amor a El. Los segundos cinco mandamientos van más allá y señalan que el amor por Dios también tiene implicaciones para la relaciones con otros seres humanos.

La interpretación de los mandamientos en su contexto inicial es materia de debate; los siguientes comentarios indican a grandes rasgos su principal objetivo.

(1) Prohibición de dioses que no sean el Señor (Exod. 20:3; Deut. 5:7). El primer mandamiento tiene forma negativa y prohíbe expresamente a los israelitas dar culto a deidades extranjeras. La importancia del mandamiento radica en la naturaleza de la alianza: la esencia del convenio era una relación, y la esencia de ésta era la fidelidad. La fidelidad de Dios a su pueblo ya se había demostrado en el Éxodo, como se indica en el prefacio de los mandamientos; por su parte Dios exige, más que cualquier otra cosa, fidelidad en la relación de su pueblo con El. Así, aunque el mandamiento se establece negativamente, está lleno de consecuencias positivas, y su posición como primero de los diez es significativa, ya que establece un principio particularmente importante en los mandamientos sociales. La importancia contemporánea del mandamiento, por lo tanto, se ve en el contexto de la fidelidad en la relación. En el corazón de la vida humana debe haber una relación con Dios, y cualquier cosa en la vida que altere la esencial relación infringe el mandamiento. Los "dioses" extranjeros son, pues, personas, o incluso cosas, que puedan perturbar la primacía de la relación con Dios.

(2) Prohibición de imágenes (Exod. 20:4-6; Deut. 5:8-10). La posibilidad de adorar a dioses que no sean el Señor ha sido eliminada en el primer mandamiento; el segundo prohíbe a los israelitas hacer imágenes del Señor. Hacer una imagen de Dios en la forma de alguna cosa en este mundo es reducir el Creador a algo menos que su creación, y el culto a esa imagen sería falso. La tentación de Israel de adorar a Dios en una imagen debe haber sido enorme, ya que las imágenes y los ídolos ocurren en todas las religiones del antiguo Cercano Oriente, pero el Dios de Israel es un ser infinito y trascendente, y no se le podía reducir a las limitaciones de una imagen o forma dentro de la creación. Cualquier reducción de Dios sería un malentendido tan radical, que el "Dios" así adorado ya no sería el Dios del universo. En el mundo moderno ha cambiado la forma de la tentación: pocos toman herramientas y tallan en madera una imagen de Dios, pero el mandamiento sigue siendo aplicable. Se puede construir una imagen de Dios con palabras: si decimos "esto es exactamente lo que Dios es, no menos" (y, se implica, no más), y elaboramos hasta el más mínimo detalle de nuestra comprensión de Dios, corremos el riesgo de crear una imagen de El no menos fija o rígida que una imagen de madera o piedra. Por cierto que no se nos prohíbe el uso de palabras sobre Dios, o la religión sería imposible. Pero si las palabras se fijan firmemente, como el cemento, y nuestra comprensión de Dios se establece con esas palabras, se ha construído una imagen. Adorar a Dios en la forma de una imagen en palabras es quebrantar el mandamiento: Dios es trascendente e infinito, y siempre mayor que cualquier palabra que una criatura puede usar para El. El segundo mandamiento, en consecuencia, guarda la inefable grandeza y misterio de Dios

(3) Prohibición de uso inadecuado del nombre de Dios (Exod. 20:7; Deut.5: 11). Se suele entender que el tercer mandamiento prohíbe la blasfemia o malas palabras, pero se trata de un asunto más serio, el uso del nombre de Dios. Dios ha hecho a Israel una concesión extraordinaria: le ha revelado Su nombre propio. En hebreo el nombre se representa con cuatro letras, yhwh, traducido alternativamente como Señor, Yahvé o Jehová. El conocimiento del nombre divino fue un privilegio ya que significaba que Israel no adoraba a una deidad anónima y distante, sino a un ser cuyo nombre personal conocía. Pero el privilegio iba acompañado del riesgo de que el nombre de Dios fuera objeto de abuso. En las religiones del antiguo Cercano Oriente la magia era una práctica común que involucraba el uso del nombre de un dios, en la creencia de que permitía controlar el poder de éste para actividades y fines humanos. Por ello la actividad prohibida por el tercer mandamiento es la magia, el tratar de controlar el poder de Dios a través de Su nombre para un propósito personal y sin valor. En el cristianismo el nombre de Dios es igualmente importante, ya que es en Su nombre que se concede, por ejemplo, el prerrogativa de acceder a El en la oración. El abuso del privilegio de la oración, esto es, invocar el nombre de Dios para algún fin egoísta o sin valor, equivale a la magia del mundo antiguo. En uno y otra el nombre de Dios es objeto de abusos e infringe el tercer mandamiento. Este es un recordatorio de la enorme merced de conocer el nombre de Dios, que no puede tomarse a la ligera o ser materia de abuso.

(4) Observación del Sabbath (Exod. 20:8-11; Deut. 5:12-15). Este mandamiento tampoco tiene paralelo en las religiones antiguas del Cercano Oriente, y además es el primero expresado en forma positiva. Si bien la mayor parte de la vida en Israel se caracterizaba por el trabajo, el séptimo día debía dejarse aparte: el trabajo debía cesar ese día, para mantenerlo santo. La santidad del día dice relación con la razón para instituirlo; se dan dos razones, y aunque al principio parecen diferentes, hay un elemento común que les une. En la primera versión (Exod. 20:11), hay que guardar el sábado en conmemoración de la creación: Dios creó el mundo en seis días y al séptimo descansó. En la segunda versión (Deut. 5:15), el sábado se observaba en conmemoración de la salida de Egipto. El tema que vincula a las dos versiones es la creación: Dios no sólo creó el mundo sino que también "creó" a su pueblo, Israel, al redimirlo de la esclavitud de Egipto. Así, cada séptimo día del paso del tiempo el pueblo hebreo tenía que reflexionar sobre la creación, y al hacerlo, meditar sobre el sentido de su existencia. Para la mayoría de la cristiandad el concepto de "sabbath" se ha trasladado desde el séptimo al primer día de la semana, el domingo, lo cual tiene que ver con el pensamiento cristiano que identifica la resurrección de Jesucristo con el domingo. El cambio es apropiado porque los cristianos meditan ahora cada domingo, o sabbath, en un tercer acto de creación divina, la "nueva creación" establecida en la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

(5) Honra debida a los padres (Exod. 20:12; Deut. 5:16). El quinto mandamiento constituye un puente entre los cuatro primeros, relativos principalmente de Dios, y los últimos cinco, relativos principalmente de las relaciones interhumanas. A primera vista parecería que trata sólo de las relaciones familiares: los hijos deben honrar a sus padres. A pesar de que el mandamiento establece un principio de honor o respeto en las relaciones familiares, probablemente también dice relación con un interés específico. Es responsabilidad de los padres instruir a sus hijos en la fe de la alianza (Deut. 6:7), a fin de que la religión se transmita de una generación a otra. Pero la instrucción en la fe requería una actitud de honra y respeto por parte de quienes recibían la instrucción. Así, el quinto mandamiento no se ocupa sólo de la armonía familiar sino también de la transmisión de la fe en Dios a las generaciones consecutivas. Casi no se necesita dar al sentido del quinto mandamiento una relevancia contemporánea. No obstante, en un siglo en el que una proporción tan grande de la educación se lleva a cabo fuera de los confines de la unidad familiar, el mandamiento cumple un recordatorio solemne tanto de la necesidad de una vida familiar armoniosa como de las responsabilidades con respecto a la educación religiosa que recaen sobre los padres y los hijos.

(6) Prohibición de homicidio (Exod. 20:13; Deut. 5:17). La redacción de este mandamiento simplemente prohíbe "matar", pero el significado de la palabra implica la prohibición de asesinar. El término utilizado en el mandamiento no se relaciona principalmente con la muerte en la guerra o con la pena capital, materias tratadas en otras partes de la ley mosaica. La palabra designa tanto el asesinato como el homicidio; como este último implica matar accidentalmente, no es sensato prohibirlo, y también se le trata en otro tipo de legislación (Deut. 19:1-13). Por consiguiente, el sexto mandamiento prohíbe el asesinato, el tomar la vida de otra persona con fines personales y egoístas. Dicho de manera positiva, preserva el derecho a vivir a cada uno de los miembros de la comunidad del pacto. En el mundo moderno hay un estatuto similar, que prohíbe el asesinato, en casi todos los códigos jurídicos, y que se ha convertido en una parte de la ley estatal más que en una ley puramente religiosa o moral. Jesús, sin embargo, apuntó al significado más profundo implícito en el mandamiento: es malo no sólo el acto, sino también el sentimiento subyacente al mismo (Mateo 5:21-22).

(7) Prohibición de adulterio (Exod. 20:14; Deut. 5:18). El acto de adulterio es fundamentalmente un acto de infidelidad, ya que en un acto adúltero, una o ambas personas son infieles a otras. Es por esta razón que el adulterio está incluida en los Diez Mandamientos, mientras que otros pecados o delitos relacionados con la sexualidad no lo están. De todos esos delitos, el peor significa infidelidad; el séptimo mandamiento es, pues, el paralelo social del primero. Así como el primer mandamiento requiere absoluta fidelidad en la relación con el Dios único, el séptimo requiere una similar relación de fidelidad en el convenio matrimonial. La importancia es evidente, pero una vez más Jesús apunta a las consecuencias del mandamiento para la vida mental (Mateo 5:27-28).

(8) Prohibición de hurto (Exod. 20:15; Deut. 5:19). Este mandamiento establece un principio dentro de la comunidad de la alianza, en relación con las posesiones y la propiedad: una persona tenía derecho a ciertas cosas, que un conciudadano no podía violar para su propia ventaja. Si bien el mandamiento se refiere a la propiedad, su preocupación fundamental es la libertad humana. La peor forma de robo es apoderarse de alguien (en cierto modo equivalente al moderno secuestro), es decir, tomar a una persona (presumiblemente por la fuerza) y venderla como esclava. El delito y la ley correspondiente quedan establecidos más plenamente en Deut. 24:7. El mandamiento, entonces, no se ocupa únicamente de la preservación de la propiedad privada sino que, más importante, de la preservación de la autonomía humana y su libertad respecto de cosas tales como la esclavitud y el exilio. Prohíbe la manipulación o explotación de las vidas de otros en beneficio propio. Así como el sexto mandamiento prohíbe el asesinato, el octavo prohíbe lo que se podría llamar asesinato social, el privar a alguien de una vida de libertad dentro de la comunidad del pueblo de Dios.

(9) Prohibición de falso testimonio (Exod. 20:16; Deut. 5:20). El mandamiento no es una prohibición general de las mentiras o embustes. Su redacción original lo ubica firmemente en el contexto del sistema jurídico de Israel: prohíbe el perjurio, el dar falso testimonio en los procedimiento de los tribunales de justicia. Por lo tantoestablece un principio de veracidad y conlleva implicancias con respecto a las falsas declaraciones en cualquier ámbito. En cualquier nación es esencial que las cortes de justicia funcionen sobre la base de información verdadera; si la ley no se basa en la verdad y la justicia, se socavan las bases mismas de la vida y la libertad. Si un testimonio legal es verdadero no se aborta la justicia, pero si es falso se pierde la más fundamental de las libertades humanas. Consecuentemente, el mandamiento buscaba preservar la integridad del sistema jurídico de Israel, y al mismo tiempo guardaba contra ataques a las libertades de una persona. El principio se mantiene en la mayoría de los ordenamientos jurídicos modernos; es evidente, por ejemplo, en la toma de juramento antes de dar testimonio en los tribunales. Pero en última instancia el mandamiento apunta a la naturaleza esencial de la veracidad en todas las relaciones interhumanas.

(10) Prohibición de codicia (Exod. 20:17; Deut. 5:21). El décimo mandamiento, en su contexto inicial, es curioso. Prohíbe la codicia, o el desear personas o cosas pertenecientes a un vecino (es decir, a otro israelita). Es curioso encontrar ese mandamiento en un código de derecho penal. Los nueve primeros mandamientos prohíben actos, y los actos delictivos pueden ir seguidos (si se les detecta) por el proceso legal y el enjuiciamiento. Pero el décimo mandamiento, por el contrario, prohíbe deseos o sentimientos codiciosos. En la ley humana no es posible enjuiciar en base a deseos (la prueba sería imposible!), pero la ley hebrea era más que un sistema humano. Desde luego que tenía tribunales, agentes de policía, jueces y abogados, pero había también un juez principal, Dios. El delito referido en el décimo mandamiento no se podía procesar dentro de las limitaciones del sistema de hebreo, pero Dios sí lo conocía. El genio del mandamiento reside en su carácter terapéutico. No es suficiente simplemente hacer frente al delito una vez cometido; la ley también debe tratar de atacar las raíces de la delincuencia. La raíz de casi todos los males y delitos se encuentra en lo interior, en los deseos del individuo, y por eso los malos deseos están prohibidos. Si el décimo mandamiento se entiende cabal y profundamente, tanto mejor se comprende la importancia de los nueve primeros. Si se eliminan gradualmente los deseos codiciosos, el ímpetu natural arraigado en cada persona se puede dirigir cada vez más hacia Dios.


Los diez mandamientos fungieron primero como parte del derecho constitucional de una nación; en la enseñanza de Jesús se convirtieron en la ética del reino de Dios, añadiendo sustancia y dirección al "primer y gran mandamiento", de que amemos “a Dios con la totalidad de nuestro ser” (Mateo 22:37-38). Los mandamientos no son en sí mismos la base de la salvación, sino que más bien son, para los que han encontrado la salvación en el evangelio de Jesucristo, una guía hacia la plenitud de la vida que se da rica expresión al amor a Dios.

P C Craigie

(Diccionario Evangélico Elwell)

Bibliografía

W. Harrelson, Los diez mandamientos y los derechos humanos; E. Nielsen, Nueva perspectiva de los diez mandamientos; A. Phillips, Derecho penal del antiguo Israel: un nuevo enfoque para el Decálogo; JJ Stamm y ME Andrew, Los diez mandamientos en la investigación reciente.


Los diez mandamientos

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De: Comentario al estudio hogareño de la Biblia, por James M. Gray Éxodo Capítulo 20:1-11

La División de los Mandamientos

Los mandamientos han sido generalmente asignados a dos "tablas": la primera incluye los cuatro primeros, que abarcan nuestro deber hacia Dios, en tanto que la segunda incluye los últimos seis, relativos a nuestro deber hacia el hombre (Mateo 22:37-40). La Iglesia Católica Romana tiene un arreglo diferente al de los protestantes, al hacer un mandamiento de los dos primeros y, a fin de mantener el número diez, dividir en dos el último. El resultado es que algunos de sus libros devocionales omiten por completo la segunda mitad del primer mandamiento, lo que llamamos el segundo, que prohíbe la idolatría. Su motivo, para cualquiera que conozca el culto de dicha Iglesia, es fácil de discernir. Éxodo Capítulo 20:1-11

La primera tabla de la Ley

El Prefacio

VV. 1, 2: ¿Qué se entiende por "Dios habló"? Al compararlos con Deut. 5:12, 13, 32, 33, es irresistible la conclusión de que, como se dijo en la lección anterior, se refiere a una voz articulada. Nótese la autoridad con la que habla: "Yo soy el Señor" (Jehová), la fuente auto- existente, independiente, eterna de todo ser, que tiene el derecho de dar la ley a todas las criaturas que Él ha hecho. Adviértase la restricción a los israelitas: "vuestro Dios", no sólo por su creación sino por la relación de convenio y por la gran redención que Él forjó para ellos, "Qué os ha sacado de…, etc". Cuán inexcusable es la desobediencia de ellos en estas nuevas circunstancias! Y también la de nosotros, que como cristianos hemos sido redimidos por Cristo de una servidumbre infinitamente peor, y con un costo indecible! Éxodo Capítulo 20:12-26

Primer mandamiento

V. 3: "No tendrás otros dioses delante de Mí", como antagonistas a Mis ojos, "como haciendo sombra, a ojos de los fieles, a Mi ser eterno e incomunicables gloria”. La principal referencia es a los ídolos que adoraban los paganos, que en realidad adoraban a los dioses supuestamente representados por ellos. Tampoco vamos a imaginar que esos dioses eran reales, pues no hay más Dios que el Único, sino más bien demonios (Levítico 17:7; Deut. 32:17; Salmo 106:37; 1 Cor. 10:19, 20). ¡Qué terrible que incluso ahora los que se dicen cristianos adoren al demonio a través del espiritismo, la clarividencia, la adivinación y demás ocultismos (Deuteronomio 18:9-22)! Además, en la aplicación de éste y de todos los mandamientos debemos recordar que imponen sus prohibiciones no sólo en la conducta exterior sino en las actuaciones interiores del espíritu. Véase el Sermón de la Montaña (Mateo 5:20-48), y Pablo en Romanos 7, 7-11. Por lo tanto puede haber idolatría sin ídolos, en el sentido corriente, y sin rendirles culto a los demonios en ninguna forma. "Todo el que busca la felicidad en la criatura en vez de en el Creador, viola este mandamiento".

Éxodo Capítulo 20:12-26

Segundo mandamiento

VV. 4-6: una "imagen tallada" es de madera, piedra o metal; una "semejanza" es una imagen de cualquier otro tipo. El "agua bajo la tierra" significa "a nivel más bajo" que el de la tierra. ¿Se vió alguna manifestación de Dios en el Sinaí (Deut. 4:12, 15)? Los israelitas no tenían que hacer esas cosas. ¿Qué mandamiento se les dio cuando otros las hicieron? ¿Qué advertencia figura en este mandamiento? ¿Está Dios "celoso" en el sentido de pasión, o expresa el sentimiento de un Ser santo contra el mal (Deut. 32:21, etc)? ¿Cómo muestra este mandamiento la responsabilidad de los padres? ¿Supone ud. que esta responsabilidad se limita a este pecado? ¿No tuvo el Israel de ese tiempo un sorprendente ejemplo de ello en Egipto? Su persecución por parte de este pueblo ¿no había comenzado apenas cuatro generaciones antes, y no estaba ahora esa nación cosechando lo que entonces había sembrado? "Hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que Me odian”. Aquí surgen dos reflexiones: (1) no hay diferencia entre odiar a Dios y abandonarlo, (2) no sólo aquellos que abominan de El —es decir, siguen los pasos de sus padres—, recibirán el castigo (Ezequiel 18:20). Tal vez sea pertinente una tercera reflexión, a saber, que esa advertencia no se refiere soolamente a los efectos temporales del pecado y no a sus consecuencias eternas; de allí que un hijo que se vuelve hacia Dios, aunque pueda sufrir consecuencias físicas por las leyes de la naturaleza divinamente ordenadas, se librará de las consecuencias eternas en el más allá.

"Misericordia por miles de generaciones" dice la Versión Revisada. Véase también Deut. 7:9. De esto Israel también tenía una ilustración ante sus ojos, que ahora recibía la misericordia destinada a él en la fidelidad de su padre Abraham "De aquellos que Me aman y guardan mis mandamientos". Considere qué se entiende por amor a Dios, a saber: observar sus mandamientos, una declaración que "da un nuevo carácter a todo el Decálogo, que se convierte así no en una mera ley negativa de lo justo, sino una ley positiva del amor"! No concluyamos estas reflexiones sin notar hasta qué punto los griegos, romanos, e incluso algunas iglesias protestantes, han fallado en este sentido. Del uso de cruces y reliquias como ayuda de sus sentidos corporales e incentivo a su devoción, ha sido fácil avanzar a altares, imágenes y fotos no sólo del Espíritu Santo, sino de Cristo y la Virgen y de santos y mártires sin cuenta, hasta que finalmente todos ello se ha convertido, al menos para los ignorantes, en reales objetos de culto. ¡Y cuánta superstición, profanación y burla ha resultado de todo ello! ¿No irá a castigar todo eso un Dios celoso?

Éxodo Capítulo 20:12-26

Tercer mandamiento

V. 7: El "nombre" de Dios es aquel por el cual Él se da a conocer, la expresión de Su Divinidad; por consiguiente, tomar ese nombre "en vano" es violar Su esencia. La palabra "vano" denota tanto lo falso como lo vano, de modo que todo juramento falso o perjurio, que hace a Dios testigo de una mentira, así como todos los usos livianos o frívolos de Su nombre o atributos en la conversación, están prohibidos por el tercer mandamiento. Esto no se refiere a juramentos judiciales que, sin embargo, como vemos por Cristo y su apóstoles, pueden ser actos de culto en el cual solemnemente convocamos a Dios a dar testimonio de la verdad (Jer. 4:2). ¿Pero qué hay de lo blasfemo y profano con que algunos salpican su discurso con expresiones tales como "Dios", "Señor", "Cristo", "sepa Dios", "¡Oh cielos!" "¡Dios mío!" y similares (Mateo 5:33-37)? Dios "no dará por inocente" al que hace esas cosas. Vea el Salmo 139:20, y quiénes son los que toman Su nombre en vano, y a continuación lea Mal. 3:5. El tercer mandamiento tiene la misma solemnidad que los dos anteriores, guardando aquél la deidad de Dios como éstos Su unidad y espiritualidad (Murphy).

Éxodo Capítulo 20:12-26

Cuarto mandamiento

VV. 8-11 ¿Cómo la primera palabra aquí indica un origen anterior al Sinaí para la institución del sábado? ¿Cuán temprano fue su origen? ¿Cómo muestra eso que el sábado es una obligación para todos, tanto cristianos como judíos? Pero "recordar" indica no simplemente un acto de memoria sino una conmemoración del acontecimiento. Lev. 23:3 y Núm. 28:9, 10, lo confirman. El que se conmemora, empero, es el día "Sabbath" y no necesariamente el séptimo día, lo cual significa un día de descanso después de cada seis, pero no de acuerdo a un determinado método de cálculo del ciclo de siete.

A pesar de que el Sabbath judío se guardaba el sábado, al guardar el domingo los cristianos concuerdan con el espíritu del mandamiento, enriqueciendo la idea original del día de descanso con la de la nueva creación de nuestro Redentor al resucitar de entre los muertos. ¿Qué ha dispuesto Dios para que santifiquemos ese día, y cuál es Su definición de esa santificación? Cuando dice “Trabajarás seis días y harás toda tu labor” ¿se trata de una mera orden, o se puede considerar que es un permiso? Hay quienes creen que hay diferencias entre “labor” y “trabajo”, siendo este último término más inclusivo ya que involucra la administración de asuntos, y vínculos con la palabra “negocios”.

¿Cómo la redacción de este mandamiento reconoce la igualdad de marido y mujer (10)? ¿La responsabilidad de padres y empleadores? ¿Los derechos y privilegios de los empleados? ¿El trato adecuado de los animales inferiores? ¿A qué otra cosa además se extiende la obligación de los israelitas? Todo esto ¿tiene alguna incidencia en la obligación actual de nuestra nación para forzar a la celebración del Sabbath por parte de nuestra población extranjera? ¿Se incluye en esta prohibición algo más que el trabajo secular o servil? ¿Y no dio Jesús, con el precepto y con el ejemplo, libertad para obras de amor, de piedad y de necesidad (Marcos 2: 23-28; Juan 5:16, 17)?.

¿Qué razón histórica se da para este mandamiento (11)? ¿Y cuáles adicionales en Deut. 5:15? Vemos así que la autoridad de Dios sobre nosotros y Su amor se combinan para imponernos la obligación del día del Sabbath, para no hablar de su ventaja para nosotros en lo físico y en otros aspectos. Y así su observancia se convierte en la característica de los que creen en una revelación histórica y adoran a Dios como Creador y Redentor. Preguntas. 1.1. ¿Puede ud. recitar Mateo 22:37 - 40? 2. ¿A qué demonolatría son adictos algunos sedicentes cristianos? 3. ¿Puede ud. recitar Ezequiel 18:20? 4. ¿Cómo podemos mostrar amor a Dios? 5. ¿Infringe ud. el tercer mandamiento en la conversación ordinaria? 6. ¿Cuáles dos significados deben atribuirse a "recordar" en el cuarto mandamiento? 7. El Sabbath y el séptimo día ¿son necesariamente idénticos? 8. ¿De qué damos testimonio al observar el día de reposo? (Saltándose algunos mandamientos...)

Éxodo Capítulo 20:12-26

El séptimo mandamiento

V. 14: la palabra hebrea para "adulterio" se refiere a la acción ilegal entre un hombre y una mujer cuando uno o ambos están casados, con lo que difiere de otra palabra comúnmente traducida, "fornicación", que se refiere al mismo acto entre personas no casadas. Sin embargo, como el objeto al que se apunta es la santidad de la relación matrimonial, se prohíbe todo lo que, de pensamiento, palabra o hecho, contraría al espíritu de esa institución. Véase Matt 5:27-32. Podemos, por tanto, incluir miradas lujuriosas, mociones e insinuaciones verbales, modos de vestir, imágenes, estatuas, libros, manifestaciones teatrales, etc, que provocan pasiones e incitan a la ilegalidad. Los pecados de este tipo están prohibidos en la Escritura con más frecuencia, y más temiblemente amenazados, que ningún otro, y son la mayor causa de vergüenza, delitos, infelicidad y muerte. Además, comparten un rasgo sorprendente, a saber, que "no se puede pensar o hablar de ellos sin estar más o menos excitado y tentado". Cuán continuamente necesitamos rezar la oración del Salmista 19:12. ? (NOTA DEL EDITOR: Hemos incluido este breve párrafo del comentario de Gray sobre el séptimo mandamiento, así como las demás disquisiciones de más arriba, para iluminar el hecho de que a veces las iglesias y denominaciones individuales han "extendido" su interpretación de alguna Escritura aplicándola a situaciones más amplias que las tratadas en la Escritura original. No tenemos ninguna otra intención.) Más interesante aún, según creemos, es que el texto original del mandamiento, tanto en Exod. 20:14 como en Deut. 5:18, es en realidad una sola palabra. Es la palabra hebrea # 5003 de Strong, na'aph. Aquí no hay ninguna sutileza. En realidad, ni siquiera figura la palabra “No”, sino sólo aquella para el adulterio. Esto es un buen ejemplo de cómo los textos originales han sido ampliados hasta representar frases completas para nosotros. El Mandamiento "no matarás" es, asimismo, una sola palabra, la # 7523 de Strong, ratsach, de la que Strong afirma que significa matar o asesinar. Nuevamente, no figura la palabra “no”; está implícita.

El argumento aquí es que la gente moderna ha "interpretado" las traducciones para aplicarlas a una serie de cosas, mientras que el texto original presentaba una sola palabra. Sería conveniente distinguir lo que en realidad es la Biblia y lo que proviene de personas con deseos específicos de presentar determinadas concepciones.


Los diez mandamientos

Información Católica

También llamado simplemente LOS MANDAMIENTOS, MANDAMIENTOS DE DIOS, o DECALOGO (del griego deka, diez, y logos, palabra), Las Diez Palabras, nombre este último dado por lo general por los Padres Griegos.

Los diez mandamientos son preceptos sobre obligaciones fundamentales de la religión y la moral y encarnan la expresión revelada de la voluntad del Creador respecto a la totalidad del deber del hombre para con Dios y con su prójimo. En el Pentateuco figuran dos veces, en Éxodo 20 y Deuteronomio 5, pero se les presenta en forma abreviada en los catecismos. Escrito por el dedo de Dios sobre dos tablas de piedra, este código divino fue recibido del Omnipotente por Moisés en medio de los truenos del Monte Sinaí, y por intermedio de quien constituyeron la base de la ley mosaica. Cristo resumió estos mandamientos en el doble precepto de la caridad —el amor a Dios y al prójimo; los declaró vinculantes en virtud de la nueva ley en Mateo 19 y en el Sermón de la Montaña (Mateo 5). También los simplificó o interpretó, por ejemplo, al declarar que los juramentos innecesarios son tan ilegales como los falsos; al condenar el odio, la calumnia y el asesinato; al mandar amar incluso a los enemigos, y al condenar los malos deseos como imbuídos de la misma malicia que el adulterio (Mateo 5). La Iglesia, por otra parte, después de cambiar el día de descanso del Sabbath judío, o séptimo día de la semana, por el primero, hizo que el tercer mandamiento se refiriera al domingo como día a mantener santo en tanto Día del Señor. El Concilio de Trento (Sess. VI, can. Xix) condena a los que niegan que los diez mandamientos son vinculantes para los cristianos.

No hay división numérica de los Mandamientos en los libros de Moisés, pero las disposiciones son claramente diez y están casi idénticas en ambas fuentes. El orden también es el mismo, con excepción de las prohibiciones finales contra la concupiscencia, en que se adopta el orden del Deuteronomio en lugar del orden del Éxodo. Hay confusión, sin embargo, en la numeración, debida a una diferencia de opinión sobre el precepto inicial relativo al culto divino.

El sistema de numeración en las Biblias católicas, basado en el texto hebreo, lo estableció San Agustín (siglo V) en su "Problemas del Libro del Éxodo" ("Quæstionum en Heptateuchum libri VII", Bk. II, cuestión lxxi), y fue adoptado por el Concilio de Trento. También lo siguen los luteranos alemanes, excepto los de la escuela de Bucer. Este arreglo relaciona el primer mandamiento con la falsa adoración y con el culto de dioses falsos como un único tema y un único pecado del cual guardarse —se considera que la referencia a los ídolos es una mera aplicación del precepto de adorar a un solo Dios, y la prohibición, dirigida al pecado de idolatría solamente. De acuerdo con este razonamiento, el mandamiento que prohíbe el uso del nombre del Señor en vano ocupa el segundo lugar, y el número diez se preserva dividiendo el precepto final sobre la concupiscencia —en que el noveno mandamiento apunta a los pecados de la carne, y el décimo a los deseos de posesión ilegal de bienes. Las iglesias protestantes inglesa y suiza han adoptado otra división, basada en la autoridad de los filo judaizantes Josefo, Orígenes y otros, que hacen que dos mandamientos cubran el tema del culto, y por lo tanto la numeración de los demás avanza en uno, y el décimo abarca tanto el noveno como el décimo de la división católica. No obstante, parece tan lógico separar al final como al comienzo, puesto que si bien con lo de la adoración se apunta a un solo objeto, se prohíben como codicia dos pecados específicamente diferentes; si el adulterio y el robo son dos males morales distintos, el mismo se puede decir del deseo de cometerlos. La supremo Dador de la ley comienza proclamando Su nombre y derechos a la obediencia de la criatura hombre: "Yo soy el Señor, tu Dios..." Los preceptos que siguen se refieren a Dios y a sus representantes en la Tierra (los cuatro primeros) y a nuestro prójimo (los últimos seis). Siendo el único Dios verdadero, se le debe adorar sólo a Él, y dar a criaturas el culto que le pertenece a Él entra dentro de la prohibición de lo que Le disgusta; y se condena el hacer "cosas talladas": no todas las fotos, imágenes y obras de arte, sino aquellas destinadas a ser adoradas y servidas (primero).

Asociado con Dios en la mente del hombre, y en representación de El, está su santo nombre, que el segundo mandamiento declara digno de toda veneración y respeto, y reprueba su profanación. El reclama un día de los siete como monumento a Sí mismo, y que debe mantenerse sagrado (tercero). Por último, siendo los padres los custodios naturales de su prole, investidos de autoridad para orientación y corrección de ésta, y teniendo el lugar de Dios ante ella, el hijo está obligado a honrarlos y respetarlos como Sus representantes legítimos (cuarto).

Los preceptos que siguen están destinados a proteger al hombre en su derecho natural contra la injusticia por parte de sus iguales. Su vida es el objeto del quinto mandamiento. El honor de su cuerpo, así como la fuente de la vida, del sexto; sus posesiones legítimas, del séptimo; su buen nombre, del octavo. Y para asegurarle aún más el goce de sus derechos, en el noveno se declara que la intención de perjudicarlo en sus derechos familiares es una ofensa a Dios, y en sus derechos de propiedad, en el décimo.

Esta legislación expresa a la vez la voluntad positiva del Creador y la voz de la naturaleza -las leyes que rigen nuestro ser y están más o menos claramente escritas en cada corazón humano. La necesidad de la ley escrita se explica por el obscurecimiento, debido al pecado, de la no escrita en las almas de los hombres. Estos mandatos divinos se consideran obligatorios para toda humana criatura, y su violación, con reflexión suficiente y consentimiento de la voluntad, en caso de ser grave el asunto, se considera un delito grave o mortal contra Dios. Siempre se les ha tenido como las más preciadas reglas de vida, y son la base de toda la legislación cristiana.

Publicación de información escrita por John H. Stapleton y transcrita por Marcia L. Bellafiore. Enciclopedia Católica, volumen IV, 1908. Nueva York: Robert Appleton Company. Nihil Obstat. Remy Lafort, Censor. Imprimatur. +John M. Farley, arzobispo de Nueva York.


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo



Este tema presentación en el original idioma Inglés



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