Última Cena, Cena del Señor

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(Esta presentación expone principalmente las perspectivas protestantes sobre la Eucaristía. Al final de esta presentación hay enlaces a las perspectivas católica y judía, y una presentación más general sobre la Eucaristía, que incluye el punto de vista ortodoxo).

La comida compartida por Jesucristo y sus discípulos en la noche antes de ser crucificado se llama la Última Cena (Mat. 26:20-29; Marcos 14:17-25; Lucas 22:14-38; Juan 13:1-17: 26). Fue la ocasión de que El instituyera la Eucaristía, cuando identificó el pan con Su cuerpo y el vino con la sangre de la Nueva Alianza. El ritual fue el de una comida religiosa judía, que para los seguidores de Jesús adquirió un nuevo significado cuando la hacían en memoria de El. Los cristianos divergen en cuanto al significado de las palabras de Jesús, la relación exacta del pan y el vino con Su cuerpo y sangre, y la frecuencia con que debe repetirse el rito. También fue en la Última Cena cuando Jesús les lavó los pies a sus discípulos y les mandó lavárselos los unos a los otros. Ha sido tema de obras de arte desde las más tempranas épocas.

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L L Mitchell

Bibliografía

O Cullman, El culto critiano primitivo (1953); G Dix, La Forma de la Liturgia (1945); J Jeremias, Las palabras eucarísticas de Jesús (1955); J Kodell, La Eucaristía en el Nuevo Testamento (1988); LL Mitchell, El significado de Ritual (1977).


Última Cena, Cena del Señor

Información General

En las iglesias modernas hay varias interpretaciones del sacramento de la Cena del Señor:

? Transubstanciación La Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa siguen este concepto, que implica una presencia 'real' (física) de la 'carne' y 'la sangre' de Cristo en el pan y el vino. Según esta posición, la sustancia, o realidad interna, del pan y del vino se transmutan en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo, pero los accidentes, o cualidades externas (color, peso, sabor), conocibles mediante los sentidos, no cambian.

Los católicos creen que esta transformación se produce en el momento en que el sacendote enuncia las palabras; los ortodoxos creen que se debe invocar al Espíritu Santo para que efectúe la transformación. Los católicos creen que la Misa / Eucaristía / Cena del Señor tiene una naturaleza 'sacrificial', donde Cristo es en la Eucaristía la MISMA víctima que en la Cruz. Todas las opiniones protestantes a continuación consideran que la transubstanciación es "sangrienta" y repugnante.

Consustanciación: la Iglesia Luterana opta por este concepto, según el cual Cristo está presente junto con con la realidad inalterada del pan y del vino. Lutero creía que las palabras "Este es mi cuerpo, esta es mi sangre" deben interpretarse literalmente como que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban presentes en el sacramento"en, con, y bajo" los elementos de pan y vino. Además, él consideraba el sacramento como un medio de gracia por el que se fortalece la fé del participante. Esto todavía implica una presencia "física" de Cristo en la Cena, pero no en forma "sangrienta" o cruenta.

Conmemoración simbólica, o Memorialismo. Zwingli sostenía que Cristo estaba presente en y por medio de la fe de los participantes, pero que esta presencia no está ligada a los elementos y depende completamente a la fe de los comulgantes. Al contrario de Lutero, interpretó el sacramento como una conmemoración de la muerte de Cristo en el que la Iglesia responde a la gracia ya dada, en vez de ser vehículo de la gracia. Zwingli no aceptaba una presencia "real" de Cristo en la Cena, ni tampoco una alimentación "real" de Él a los fieles.

Espiritual. Calvino creía que en la Cena hay una verdadera recepción del cuerpo y la sangre de Cristo, sólo que en forma espiritual. El sacramento es un verdadero medio de la gracia, un canal por el cual Cristo se comunica a nosotros. Lutero y Calvino concordaban en que la comunión con un Cristo presente que en realidad alimenta a los creyentes con su cuerpo y sangre, es lo que hace el sacramento. La cuestión entre ellos era la forma en que el cuerpo de Cristo existe y se da a los creyentes: Calvino sostenía que mientras Cristo está corporalmente en el cielo, la distancia es superada por el Espíritu Santo, que vivifica los creyentes con la carne de Cristo. Así, la Cena es una verdadera comunión con Cristo, que nos alimenta con su cuerpo y sangre. “En cuanto al modo, no es necesario que la esencia de la carne descienda del cielo para alimentarnos, ya que la virtud del Espíritu supera todos los obstáculos y atraviesa cualquier distancia”. La verdadera diferencia entre Lutero y Calvino radica en la ubicación efectiva del cuerpo de Cristo: Calvino sostenía que está en un lugar, el cielo, en tanto que para Lutero tenía la misma omnipresencia que la naturaleza divina de Cristo.


CREER incluye una serie de presentaciones en las que se debaten estos enfoques, incluyendo las iglesias y las personas que formularon por primera vez los conceptos.


Cena del Señor

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La Cena del Señor es un rito del Nuevo Testamento, instituído por Jesucristo, por el cual, al dar y recibir el pan y el vino según Su indicación, se muestra Su muerte (1 Cor. 11:23-26); y a los receptores dignos se les hace partícipes, no de manera corporal y carnal sino por la fe, de su cuerpo y sangre con todos sus beneficios, para su alimento espiritual y desarrollo en la gracia (1Co 10:16).

¿Qué se requiere para la digna recepción de la Cena del Señor? Que aquellos que vayan a participar dignamente en ella examinen

su capacidad de discernir el cuerpo del Señor (1Co 11:28,29)

su fe para alimentarse de El (2Co 13:5)

su arrepentimiento (1Co 11:31)

su amor (1Co 11:18-20)

y nueva obediencia (1Co 5:8)

no sea que, al no ser dignos, coman y beban juicio para sí mismos (1Co 11:27-29).

¿Qué se entiende por las palabras "hasta que venga", que emplea el apóstol Pablo en relación con la Cena del Señor? Simplemente nos enseñan que el Señor Jesús vendrá por segunda vez, lo cual es la alegría y esperanza de todo creyente (Hechos 1:11, 1Tim. 4:16).

C Spurgeon


La Ultima Cena

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Cada uno de los cuatro relatos de la Cena del Señor en el NT (Mat. 26:26 - 30; Marc. 14:22 - 26; Lucas 22:14 - 20, 1 Cor. 1:23 - 26) incluyen todas sus características. Los relatos de Mateo y Marcos tienen una estrecha afinidad formal, como también los de Lucas y Pablo. Las principales diferencias entre los dos grupos son que Marcos omite la frase "haced esto en memoria mía" e incluye "derramada por muchos" después de la referencia a la sangre de la nueva alianza. En vez de la referencia del Señor a su reunión con los discípulos en la venida del reino de Dios, común a los Evangelios sinópticos, Pablo insta a proclamar la muerte del Señor "hasta que vuelva".

La acción de Jesús ha de verse contra su trasfondo OT. Con todo, surgen legítimamente preguntas sobre la naturaleza y el momento de la comida. Los relatos parecen estar en contradicción: el cuarto evangelio dice que Jesús murió en la tarde en que se sacrifica al cordero de Pascua (Juan 18:28), pero los sinópticos sugieren que la comida se preparó y comió como si fuera parte de la celebración comunitaria de la Pascua de ese año en Jerusalén después del sacrificio de los corderos en el templo. La narración sinóptica plantea más problemas. Se ha creído poco probable que el arresto de Jesús, la reunión del Sanedrín y el porte de armas por los discípulos hubieran podido tener lugar si la comida hubiera coincidido con la fecha oficial de Pascua. ¿Se habría encontrado a Simón de Cirene aparentemente viniendo del trabajo en el campo, o se habría podido comprar un paño de lino para el cuerpo de Jesús, si la fiesta estaba en curso?

Se han hecho varias sugerencias para satisfacer todas esas dificultades. Algunos han sostenido que la comida tomó la forma de un kiddush, ceremonia celebrada por una familia o comunidad en preparación para el sábado o para un día de fiesta. También se ha sugerido que la comida podría haber sido el clímax solemne, antes de la muerte de Jesús, de otras significativas comidas mesiánicas que El acostumbraba compartir con sus discípulos, en que El y ellos ansiaban un glorioso cumplimiento de la esperanza en la llegada del reino de Dios.

Esas teorías presentan tantas dificultades nuevas como las que pretenden resolver. Además, muchas de las características y detalles de la comida en cuestión indican que se trató de una comida de Pascua (se reunieron de noche, dentro de la ciudad; comieron reclinados; el vino era tinto, y era un plato preliminar); Jesús mismo se preocupa de explicar lo que hacía en términos de la celebración de Pascua. Los eruditos que ven la comida como de Pascua explican las extrañas circunstancias concurrentes, y han elaborado diversas teorías para armonizar todos los relatos; una es que el desacuerdo entre saduceos y fariseos llevó a fijar distintas fechas para la celebración de la fiesta de ese año.

Otra teoría sugiere que Jesús celebró una Pascua irregular, cuya ilegalidad contribuyó a que fuera traicionado por Judas y arrestado (tal teoría explicaría por qué la narración no menciona un cordero de Pascua). Se ha llamado la atención hacia la existencia de un antiguo calendario en el que los cálculos de la fecha de la Pascua se hicieron en locales distintos a los de los círculos oficiales. Tal calendario habría fijado la fecha de la fiesta unos días antes que la de su celebración oficial.

No cabe duda de que las palabras y actos de Jesús se comprenden mejor si se entiende que la comida tuvo lugar en el contexto de la Pascua judía. En ésta el pueblo de Dios no sólo recordaba, sino que revivía su liberación de Egipto bajo el símbolo del cordero pascual sacrificado como si ellos mismos participaran en aquélla (véase Exod. 12). En este contexto, al dar el pan y el vino como su cuerpo y sangre con las palabras "haced esto en conmemoración mía", Jesús se señala a sí mismo como el verdadero sustituto del cordero pascual, y Su muerte, como el evento salvador que liberará al nuevo Israel, representado en sus discípulos, de toda servidumbre. Su sangre será de allí en adelante el signo en virtud del cual Dios recordará a su pueblo en Sí mismo.

En sus palabras en la mesa Jesús habla de sí mismo no sólo como el cordero pascual sino también como sacrificio según otras analogías del OT. En el sacrificio ritual, la parte de la ofrenda de paz no consumida por el fuego —y por consiguiente, no ofrecida a Dios como alimento (cf. Lev. 3:1 - 11; Num. 28:2)— era comida por el sacerdote y el pueblo (Lev. 19: 5 - 6, 1 Sam. 9:13) en un acto de participación en el altar y el sacrificio (Exod. 24:1 - 11; Deut. 27:7; cf. Num. 25:1 - 5; 1 Co. 10). Al repartir así los elementos, Jesús dio a sus discípulos una señal de su propia participación en el acto de Su muerte sacrificial.

Por otra parte, en la Última Cena Jesús incluyó no sólo el ritual de la comida pascual y sacrificial, sino también el de una comida de alianza. En el Antiguo Testamento la celebración de un pacto iba seguida de una comida cuyos asistentes eran compañeros y se prometían lealtad mutua (Gén. 26:30, 31:54, 2 Sam. 3:20); el pacto entre Dios e Israel en el Sinaí también fue seguido de una comida en la que el pueblo "comió y bebió y vio a Dios". La nueva alianza (Jerem. 31:1 - 34) entre el Señor y su pueblo fue ratificada por Jesús en una comida. Al celebrar la Cena Jesús hizo hincapié en la importancia mesiánica y escatológica de la comida pascual: en esta fiesta los judíos esperaban una futura liberación, anunciada en su forma por la de Egipto. Se apartaba una copa para el Mesías, no fuera a ser que El llegara esa misma noche para lograr esa liberación y cumplir la promesa del banquete mesiánico (cf. Isa. 25 - 26, 65:13, etc.). Puede haber sido esa copa la que Jesús tomó en la institución del nuevo rito, indicando que incluso ahora el Mesías estaba presente para festejar con su pueblo.

Después de la resurrección, en su frecuente celebración de la Cena (Hechos 2:42 - 46; 20:7), los discípulos veían la culminación de la hermandad de mesa que Jesús había tenido con publicanos y pecadores (Lucas 15:2; Mat. 11:18 - 19) y de su propias comidas diarias con El. Ellos la interpretaron no como una profecía solamente, sino como un verdadero anticipo del futuro banquete mesiánico, y como un signo del misterio del reino de Dios en medio de ellos, en la persona de Jesús (Mat. 8:11 ; cf. Marc. 10:35 - 36; Lucas 14:15 - 24). Veían su significado en relación con Su presencia viva en la Iglesia, lograda plenamente en las comidas pascuales que habían compartido con El (Lucas 24:13 - 35; Juan 21:1 - 14; Hechos 10:41). Era una cena en presencia del Señor resucitado, como anfitrión. En el milagro misiánico de la alimentación de la multitud, entendían Sus palabras acerca de sí mismo como el pan de vida, señal de su ser oculto trasmitiendo continuamente el misterio de la Cena del Señor.

Pero ellos no olvidaban el aspecto sacrificial y pascual de la Cena. El compañerismo de mesa que recordaban era el del Mesías con los pecadores, que alcanzó su clímax en su autoidentificación con el pecado del mundo en el Calvario. Revivían la camaradería con el Jesús resucitado a través de la conmemoración de Su muerte. Así como la Cena del Señor los relacionaba a la venida del reino y la gloria de Cristo, también lo hacía a su muerte.

Es en este contexto de pensamiento que debemos interpretar las palabras de Jesús en la mesa y las afirmaciones del NT sobre la Cena. Hay una relación real de comunión vivificadora entre los hechos y las realidades, pasadas, presentes y futuras, simbolizadas en la Cena y los que participan de ella (Juan 6:51, 1 Cor. 10:16). Esta comunión es tan inseparable de la participación en la Cena que podemos hablar del pan y el vino como si de hecho fueran el cuerpo y la sangre de Cristo (Marc. 14:22, "Este es mi cuerpo"; cf. Juan 6:53 ). Es por el Espíritu Santo por sí solo (Juan 6:53) que el pan y el vino, como se les comparte por la fe, transmiten la realidad que representan, y que la Cena nos otorga participación en la muerte y resurrección de Cristo y en el reino de Dios. Es por la fe sola que se recibe a Cristo en el corazón en la Cena (Efes. 3:17), y puesto que la fe es inseparable de la palabra, la Cena del Señor no es nada sin la palabra.

Cristo es el Señor en su mesa, el anfitrión resucitado e invisible (Juan 14:19); no está ahí a disposición de la iglesia para ser dado y recibido automáticamente en el mero cumplimiento de un ritual, sino que está allí de acuerdo a su promesa a la fé indagadora y adoradora. Él también está presente de manera tal que, a pesar de que los negligentes y no creyentes no puede recibirlo, igual comen y beben juicio para sí mismos (1 Cor. 11:27).

Al participar por el Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo que se ofreció de una vez en la cruz, los miembros de la iglesia se ven estimulados y capacidados por el Espíritu Santo mismo para ofrecerse al Padre en sacrificio eucarístico, a servirse los unos a los otros en el amor dentro del conjunto, y a cumplir su función sacrificial como cuerpo de Cristo en beneficio de todo el mundo que Dios ha reconciliado a Sí mismo en Cristo (1 Cor. 10:17; Rom. 12:1). En la Cena del Señor hay una renovación constante de la alianza entre Dios y la iglesia: la palabra "conmemoración" (anamnesis) no se refiere simplemente a que el hombre recuerde al Señor, sino también a que Dios recuerde a su Mesías y su pacto, y su promesa de restablecer el reino. En la Cena todo esto es llevado ante Dios en verdadera oración intercesora.

R S Wallace

Bibliografía

J Jeremias, Las palabras eucarísticas de Jesús; AJB Higgins, La Cena del Señor en el NT; G Wainwright, Eucaristía y Escatología; IH Marshall, La Cena del Señor y la Última Cena; FJ Leenhardt y O Cullmann, Ensayos sobre la Cena del Señor; JJ von Allmen, La Cena del Señor; H Thurian, La conmemoración eucarística; E JF Arndt, La pila bautismal y la mesa; Marty M, La Cena del Señor; E Schillebeeckx, ed., La Reconciliación sacramental.


Cena del Señor

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A la Cena del Señor (1 Cor. 11:20) también se la denomina "la mesa del Señor" (10:21), "comunión", "copa de la bendición" (10:16), y "fracción del pan" (Hch 2: 42). En la Iglesia primitiva se le llamaba "eucaristía", o acción de gracias (comp. Mat. 26:27), y generalmente la Iglesia latina la llamó "misa", nombre derivado de la fórmula de despedida Ite, missa est, es decir, "Retírense, ha terminado". La narración de la institución de este rito está en Mat. 26:26-29, Marc. 14:22-25, Lucas 22:19, 20, y 1 Cor. 11: 24-26. 11: 24-26. Juan no la menciona.

Fue instituída para (1) conmemorar la muerte de Cristo: "Haced esto en memoria mía". (2) significar, sellar y aplicar a los creyentes todos los beneficios de la nueva alianza. En este rito Cristo ratifica Sus promesas a Su pueblo, y éste, por su parte, se consagran solemnemente a El y a su servicio. (3) ser signo de la fé cristiana. (4) indicar y promover la comunión de los creyentes con Cristo. (5) representar la comunión recíproca de los creyentes. Los elementos utilizados para representar el cuerpo y la sangre de Cristo son el pan y el vino. El tipo de pan, ya sea con fermento o no, no se especifica; Cristo usó panes sin levadura simplemente porque era el que había sobre la mesa pascual. Debe usarse vino, y ningún otro líquido (Mateo 26:26-29). Los creyentes "se alimentan" del cuerpo y sangre de Cristo (1) en ningún caso con la boca, sino (2) sólo con el alma y (3) por la fe, que es la boca o mano del alma. Esto lo hacen (4) por el poder del Espíritu Santo. Este "alimentación" de Cristo, sin embargo, no tiene lugar sólo en la Cena del Señor, sino cada vez que se ejerce la fe en El. Este es un rito permanente en la Iglesia de Cristo, y ha de ser observado "hasta que venga" de nuevo.

Diccionario Ilustrado Easton


Opiniones sobre la Ultima Cena del Señor

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El NT dispone que los cristianos participen de Cristo en la Cena del Señor (1 Cor. 11:23 - 32; cf. Mat. 26:26 - 29; Lucas 22:14 - 23; Marc. 14:22 - 25). En un notable discurso, Jesús les dijo a sus discípulos que se alimentaran de El para tener vida eterna (Juan 6:53 - 57). El contexto de ese discurso fue la alimentación de los cinco mil. Jesús aprovechó la ocasión para decir a la multitud que no debería preocuparse tanto por los alimentos perecederos, como por el que dura para siempre, que El les da. Ese alimento es El mismo, Su cuerpo y Su sangre. Los que creen en El deben comer Su carne y beber Su sangre, no literalmente sino simbólica y sacramentalmente, en el rito que dio a la iglesia. Mesiante la fe y la participación en El vivirían para siempre, ya que la unión con Él significa salvación.

El ámbito de la institución de la Cena del Señor fue la comida de Passover que celebró Jesús con sus discípulos en recuerdo de la liberación de Israel desde Egipto (Mat. 26:17; Juan 13:1; Exod. 13:1 - 10). Al decir que el pan y el vino eran Su cuerpo y sangre, y "Haced esto en memoria mía", Jesús se llamó a Sí mismo el verdadero cordero de la Pascua cuya muerte liberaría al pueblo de Dios de la esclavitud del pecado. Por ello es que Pablo escribe "Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido sacrificado" (1 Cor. 5:7, cf. Juan 1:29).

Transubstanciación

La doctrina de la Cena del Señor ocasionó por primera vez discordia en la iglesia en el siglo IX cuando Radberto, influenciado por la fascinación por lo misterioso y sobrenatural que caracterizaba a su época, sostuvo que con las palabras de la institución de la Cena se efectúa un milagro: los elementos son transformados realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. A Radberto se opuso Ratramnus, que sostenía la posición agustina de que en la Cena la presencia de Cristo es espiritual. La enseñanza y práctica de la iglesia se movió en dirección a Radberto, una doctrina de la transubstanciación, a saber, Cena en la que la sustancia en los elementos del pan y del vino se cambia en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo, mientras que los accidentes, es decir, la apariencia, sabor, textura y olor siguen siendo los mismos. En el siglo XI Berengario se opuso a la idea de entonces, de que durante la Comunión se comen pedazos de la carne de Cristo y se bebe un poco de su sangre; sensatamente sostuvo que todo el Cristo (Christus totus) se da espiritualmente al creyente que recibe el pan y el vino. Los elementos permanecen iguales pero se les inviste de nuevo significado: representan el cuerpo y la sangre del Salvador. Este punto de vista no iba con los tiempos, pero la transubstanciación fue declarada dogma de la iglesia en 1059, aunque el término en sí no se utilizó oficialmente hasta el IV Concilio de Letrán, en 1215.

La iglesia medieval continuó y perfeccionó la doctrina de la transubstanciación añadiendo sutilezas tales como (1) concomitancia, es decir, que el cuerpo y la sangre de Cristo están en cada uno de los elementos; por ello, cuando no se ofrece el cáliz a los laicos, todo Cristo, cuerpo y sangre, se recibe en el sólo pan; (2) consagración, es decir, la doctrina de que el momento importante en la eucaristía no es la comunión con Cristo sino la transformación de los elementos de su consagración en el propio cuerpo y sangre de Cristo, acto llevadoa cabo por el sacerdote por sí solo; (3) que, dada la presencia real de Cristo en la Cena, cuerpo, sangre, alma y divinidad, es un sacrificio ofrecido a Dios; (4) que es el sacrificio ofrecido es propiciatorio; (5) que los elementos consagrados –la hostia– se pueden reservar para uso posterior; (6) que los elementos reservados debe venerarse como al Cristo vivo. El Concilio de Trento (1545 - 63) confirmó estas doctrinas en su decimotercera y vigésima segunda sesiones, añadiendo que la veneración a los elementos es adoración (latria), el mismo culto que se da a Dios.

Lutero y la Consubstanciación

Los reformadores concordaron en su condena de la doctrina de la transubstanciación. Sostuvieron que se trata de un grave error, contrario a las Escrituras; repugnante a la razón, contrario al testimonio de nuestros sentidos de la vista, el olfato, el gusto y el tacto; destructivo del verdadero significado de un sacramento, y conducente a una superstición e idolatría groseras. El primer ataque de Lutero contra lo que él consideraba una perversión de la Cena del Señor fue la “Cautividad babilónica de la Iglesia”.

Allí acusa a la iglesia de una triple servidumbre en su doctrina y práctica relativas a la Cena: negar el cáliz a la gente, la transubstanciación, y la doctrina de que la Cena es un sacrificio ofrecido a Dios. Lutero habla de su formación primera en la teología del sacramento, y de algunas de sus dudas: "Cuando más tarde me enteré de qué iglesia era la que había decretado eso, a saber, la tomista, es decir, la iglesia aristotélica, me puse más audaz, y después de flotar en un mar de dudas por fin encontré paz para mi conciencia en esta opinión: que son pan y vino verdaderos, en los que el cuerpo y sangre reales de Cristo están presentes en ninguna otra forma, y en un grado no menor, que aquellos en que los demás afirman que están en sus accidentes. Llegué a esta conclusión porque he visto que las opiniones de los tomistas, ya sean aprobadas por el papa o por un concilio, siguen siendo nada más que apreciaciones y no se convierten en artículos de fe ni aún si un ángel del cielo así lo decretara (Gál. 1:8 ). Porque lo que se afirma sin las Escrituras o la revelación demostrada se puede tener como opinión, pero no tiene por qué creérselo. Esta opinión de Tomás está tan absolutamente en el aire, sin apoyo de la Escritura o la razón, que me parece que ni él conoce su filosofía ni su lógica. Aristóteles habla de substancia y accidentes de manera tan diferente de la de Santo Tomás, que creo que hay que compadecer a este gran hombre no sólo por tratar de fundamentar en Aristóteles sus criterios en asuntos de fe, sino también por tratar de basarlos en alguien a quien no entiende, construyendo así una superestructura desafortunada sobre una plataforma desafortunada" (Obras, XXXVI, 29).

Lutero intuía su camino hacia una, para entonces, nueva comprensión del sacramento, pero creía legítimo sostener que hay verdadero pan y vino en el altar. Rechazó la posición tomista del cambio en la sustancia de los elementos mientras que los accidentes persistían, puesto que Aristóteles, de quien provenían los términos "sustancia" y "accidentes", no permitía esa separación. Lutero declaró que la "tercera cautividad", la doctrina del sacrificio de la misa, era con mucho lo más malvado de todo" porque en ella un sacerdote declara ofrecer a Dios el propio cuerpo y sangre de Cristo como repetición del sacrificio expiatorio de la cruz, sólo que en una forma incruenta, mientras que el verdadero sacramento del altar es una "promesa del perdón de los pecados que nos hizo Dios, promesa confirmada por la muerte de Su Hijo". Dado que se trata de una promesa, el acceso a Dios no se logra por las obras o méritos con los que tratamos de complacerlo, sino por la sola fé: "Donde esté la Palabra del Dios promitente, debe estar necesariamente la fe aceptadora del hombre".

"¿Quién en el mundo es tan tonto como para pensar que al aceptar una promesa o testamento que le hubieran dado, hace una buena obra por el testador? ¿Qué heredero creerá estar haciendo un fvaor a su fallecido padre al aceptar los términos del testamento y la herencia que éste le dejó? ¡Qué audacia sin Dios es, pues, que nosotros, que somos lo que han de recibir el testamento de Dios, nos comportemos como los que hacen una buena obra por El! Esta ignorancia del testamento, esta cautividad de un sacramento tan grande ¿no son como para llorar? Cuando deberíamos estar agradecidos por los beneficios recibidos, venimos arrogantemente a dar lo que deberíamos recibir. Con inaudita perversidad nos burlamos de la misericorida del donante dándole como obra lo que recibimoso como don, de modo que el testador, en vez de ser el dispensador de sus propios bienes, se convierte en el destinatario de los nuestros. ¡Ay de tal sacrilegio!" (Obras, XXXVI, 47 - 48).

En su decisión de romper la servidumbre de la superstición en que se mantenía a la Iglesia, Lutero escribió cuatro ensayos más contra la perversión medieval de la Cena del Señor, pero también repudió evoluciones doctrinales del otro lado. Algunos que, al igual que él, rechazaron el error católico romano, negaban la presencia real de Cristo en la Cena; a partir de 1524, Lutero lanzó un ataque contra éstos. En estos cinco escritos demostró que si bien rechazaba la transubstanciación y el sacrificio de la misa, todavía creía que Cristo está corporalmente presente en la Cena del Señor y que Su cuerpo es recibido por todos los que participan de los elementos. "Esta es nuestra postura, y también creemos y afirmamos que en la Cena comemos y hacemos verdadera y físicamente nuestro el cuerpo de Cristo". Si bien Lutero reconocía el misterio, estaba seguro de la realidad de la presencia corporal de Cristo, ya que cuando instituyó la Cena El dijo "Este es mi cuerpo". Para Lutero, si en esto no se puede tomar literalmente la Escritura, no se la puede creer en ningún otro pasaje, y estaríamos en camino a "la virtual negación de Cristo, Dios, y todo" (Obras, XXXVII, 29, 53).

Zwingli

El principal oponente de Lutero entre los evangélicos fué Ulrich Zwingli, cuya actividad reformadora en Suiza era tan antigua como la de Lutero en Alemania. Aunque se opuso igualmente a Roma, Zwingli había sido profundamente influenciado por el humanismo, con su aversión a la mentalidad medieval y su adulación de la razón. Lutero era muy afecto a toda la tradición de la iglesia, era conservador por naturaleza y tenía una profunda inclinación mística y desconfianza del libre uso de la razón. "Así como el uno fue por disposición y disciplina un académico que amaba a los santos y los sacramentos de la Iglesia, el otro era un humanista que admiraba a los pensadores de la antigüedad, y la razón, en cuyo nombre hablaban. Lutero nunca perdió los sentimientos del monje y las asociaciones del claustro, pero Zwingli estudiaba su Nuevo Testamento con un fino sentido de la cordura de su pensamiento, la combinada pureza y viabilidad de sus ideales y la majestad de su espíritu; su ambición era hacer realidad una religión según el modelo de aquéllo, libre de las tradiciones y supersticiones humanas. Esto fue lo que le hizo tan tolerante para con Lutero, y a éste, tan intolerante para con él. Las diferencias de carácter eran insuperables" (HM Fairbairn, La Historia Moderna según Cambridge, II).

Teológicamente, las principales diferencias entre Lutero y Zwingli eran la incapacidad de Lutero de concebir la presencia de Cristo en la Cena de manera alguna que no fuera físicamente; y un fuerte dualismo en gran parte del pensamiento de Zwingli. Esto último se advierte en la doctrina Zwingliana de la palabra de Dios tanto interna como externa, la iglesia tanto visible como invisible, y su concepción de que los medios de la gracia tienen una forma exterior y una gracia interior dada por el Espíritu Santo. Ningún elemento físico puede afectar el alma, sino sólo Dios en su gracia soberana; por consiguiente no debe haber identificación alguna del signo con aquello que significa, sino que mediante el uso de un signo uno se eleva por sobre el mundo de los sentido a la realidad espiritual denotada. Por el contrario, Lutero sostuvo que Dios viene a nosotros precisamente en realidades físicas, discernibles mediante los sentidos.

Zwingli interpretaba las palabras de Jesús "Este es mi cuerpo" de acuerdo con Juan 6, en que Jesús habla de comer y beber su cuerpo y sangre, en especial el versículo 63: "Es el espíritu que da vida, la carne no vale nada". En consecuencia, razonaba, no sólo hay transubstanciación sino que en cierto modo Cristo está corporalmente en, bajo, y con los elementos. La doctrina de la comida física es absurda y repugnante al sentido común, y por otra parte Dios no nos pide creer lo que es contrario a la experiencia sensorial. La palabra "es" en la fórmula de institución quiere decir "significa" o "representa", y debe interpretársela en sentido figurado, como se hace en otros pasajes de la Biblia con “Yo soy”. La ascensión de Cristo significa que El llevó su cuerpo de la Tierra al cielo.

La falencia de Zwingli era su falta de apreciación de la presencia real de Cristo en la Cena en su Espíritu Santo y la verdadera alimentación de El para los fieles . Lo que necesitaba para una adecuada doctrina era la creencia de Lutero en la realidad de la comunión con Cristo y Su recepción en la Cena. Esto habría de encontrarse en Calvino.

Calvino

La postura de Calvino acerca de la Cena del Señor parece ser una posición intermedia a las de Lutero y Zwingli, pero en realidad es independiente de ellas. Rechazando tanto el "conmemoriacionismo" de Zwingli como la "monstruosa noción de ubicuidad" de Lutero (Inst. 4.17.30). Calvino sostuvo que en la cena la recepción del cuerpo y la sangre de Cristo es real sólo en forma espiritual. El sacramento es un verdadero medio de gracia, un canal por el cual Cristo se comunica con nosotros. Junto con Zwingli, Calvino sostuvo que después de la ascensión Cristo conservó un cuerpo real, que se encuentra en el cielo. Nada debe reducir la "gloria celestial de Cristo, como sucede cuando se le pone bajo corruptibles elementos de este mundo, o atado a cualquier criatura terrenal... Nada impropio de la naturaleza humana (debe) atribuírsele a Su cuerpo, como ocurre cuando se dice que es infinito o que puede estar en varios lugares a la vez "(Inst. 4.12.19). Con Lutero, Calvino creía que los elementos de la Cena son signos de que Cristo está realmente presente, y repudió la convicción de Zwingli de que los elementos representan lo que está ausente. En la medida en que la doctrina de la presencia real de Cristo en la Cena era el punto clave en el debate eucarístico, es evidente que Lutero y Calvino concordaban más entre sí que Calvino y Zwingli. La concepción de este último acerca de la presencia de Cristo era "por la contemplación de la fe" pero no "en esencia y realidad". Para Lutero y Calvino la comunión con un Cristo presente que realmente alimenta a los creyentes con su cuerpo y sangre es lo que hace el sacramento; la controversia entre ellos era la manera en que el cuerpo de Cristo existe y se da a los creyentes.

En su respuesta a esta cuestión Calvino rechazó la doctrina Eutiquia de la absorción de la humanidad de Cristo por su divinidad, idea que encontró en algunos de sus oponentes luteranos; y cualquier debilitamiento de la idea de la presencia de la carne de Cristo en el cielo. Mientras Cristo está corporalmente allí, la distancia es superada por el Espíritu Santo, que vivifica a los creyentes con la carne de Cristo. Así, la Cena es una verdadera comunión con Cristo, que nos alimenta con su cuerpo y sangre. "En cuanto al modo, no es necesario que la esencia de la carne descienda del cielo para alimentarnos, puesto que la virtud del Espíritu es suficiente para superar todos los obstáculos y distancias. Entretanto no negamos que este modo es incomprensible para la mente humana, porque la carne ni puede naturalmente ser la vida del alma, ni ejercer su poder sobre nosotros desde el cielo, ni sin razón Pablo llama "un gran misterio" (Efes. 5:30) a la comunión que nos hace carne de la carne de Cristo y hueso de Sus huesos. En consecuencia, en la sagrada Cena reconocemos un milagro que sobrepasa tanto los límites de la naturaleza como la medida de nuestro sentido, mientras que la vida de Cristo es común a nosotros y su carne se nos da como alimento. Pero tenemos que terminar con todas las invenciones incompatibles con la explicación dada últimamente, como la ubicuidad del cuerpo, la secreto cobertura bajo el símbolo de pan, y la presencia substancial en la Tierra" (Tracts, II, 577).

Calvino afirmaba que la esencia del cuerpo de Cristo era su poder. En sí mismo no tiene gran valor ya que "tiene su origen de la Tierra, y sufrió la muerte" (Inst. 4.17.24), pero el Espíritu Santo, que dio un cuerpo a Cristo, nos comunica su poder para que en la comunión recibamos la totalidad de Cristo. Aquí la diferencia con Lutero no es muy grande, ya que sostuvo que la "mano derecha de Dios" a la que Cristo subió significa el poder de Dios, poder que está en todas partes. La verdadera diferencia entre Lutero y Calvino radica en la actual existencia del cuerpo de Cristo. Calvino sostuvo que se encuentra en un lugar, el cielo, mientras que para Lutero tiene la misma omnipresencia de la naturaleza divina de Cristo. Ambos concordaban en que aquí hay un profundo misterio, que puede ser aceptado, pero no entendido. "Si alguien me pregunta cómo se produce esto (la participación de la totalidad de Cristo), no me avergonzaré de confesar que se trata de un secreto demasiado elevado como para que lo entienda mi mente o para que lo declaren mis palabras... Yo más bien lo experimento que lo entiendo" (Inst. 4.17.32).

Resumen

Si bien cada una de las posiciones más arriba descritas buscaba hacer justicia a la Santa Cena que el Señor dio a su iglesia, y aunque cada una tiene elementos de la verdad, la posición de Calvino es la que ha recibido mayor aceptación dentro de la iglesia universal. Por otra parte, es la más cercana al pensamiento de los teólogos contemporáneos de tradición tanto católica como luterana. Es una posición que ve la Cena del Señor como un rito instituido por Jesucristo en el que se parte el pan y se derrama el fruto de la vid en agradecido recuerdo del sacrificio expiatorio de Cristo, que se ha convertido, a través de su recepción y de la bendición sacramental dada por el Espíritu Santo, en la comunión (es decir, participación) del cuerpo y sangre de Cristo y una anticipación de la plena salvación futura.

ME Osterhaven

Diccionario Evangélico Elwell

Bibliografía

“Cánones y decretos del Concilio de Trento", en Credos de la cristiandad, II, ed. P Schaff; J Pelikan and H T Lehmann, eds., Obras de Lutero; J Calvino, Institutos de la Religión Cristiana, ed. J T McNeill, y artículos relativos a la Reforma; GW Bromiley, ed., Zwingli y Bullinger; K McDonnell: Calvino, la Iglesia y la eucaristía; D Bridge y D Phypers: La comunión, ¿comida que une?


La Última Cena

Información Católica

Comida celebrada por Cristo y sus discípulos en la víspera de Su Pasión, en la que Él instituyó la sagrada eucaristía.

TIEMPO

Los evangelistas y los críticos en general están de acuerdo en que la Última Cena se efectuó un jueves, que Cristo sufrió y murió el viernes, y que resucitó de entre los muertos el domingo. En cuanto al día del mes parece haber una diferencia entre el registro de los evangelios sinópticos y el de San Juan, y por ello algunos críticos han rechazado la autenticidad de una o de ambas narraciones. Ya que los cristianos, aceptando la inspiración de la Escritura, no admiten contradicciones en los autores sagrados, han hecho varios intentos de conciliar las afirmaciones. Mat. 26:17 dice "Y en el primer día de los ácimos"; Marc. 14:12, "Ahora, en el primer día de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero pascual"; Lucas 22:7, "Y llegó el día de los panes sin levadura, en los que es necesario matar el cordero pascual". De estos pasajes parece seguirse que Jesús y sus discípulos se acomodaron a la costumbre común, que la Última Cena tuvo lugar el 14 de Nisan y que la crucifixión fue el l5, la gran fiesta de los judíos. Esta opinión, de Tolet, Cornelius a Lapide, Patrizi, Corluy, Hengstenberg, Ohlshausen, y Tholuck, se confirma por la costumbre de la primitiva iglesia oriental que, considerando el día del mes, celebraba la conmemoración de la Última Cena del Señor el 14 de Nisan, con independencia del día de la semana. Esto se hacía de acuerdo con la enseñanza de San Juan Evangelista, pero en su evangelio San Juan parece indicar que el 14 de Nisan fué viernes, ya que (18:28) en la mañana de este día los judíos "no estraban al salón para no mancillarlo, de modo de poder comer la pascua". Ese viernes se hicieron varias cosas que no se podían hacer en una fiesta, a saber: Cristo fue arrestado, juzgado y crucificado; Su cuerpo fue bajado (era la parasceve) para que los cadáveres no permanecieran en la cruz en sábado (porque ése era un gran sábado)"; se compraron la mortaja y los ungüentos, y así sucesivamente.

Los partidarios de esta postura sostienen que la contradicción es sólo aparente, y que los diferentes relatos se pueden conciliar. Los judíos calculaban sus fiestas y los sábados entre una y otra puesta de sol, por lo cual el Sabat se inició después del crepúsculo del viernes y terminó con el ocaso del sábado. Este estilo el que emplean los evangelios sinópticos, mientras que San Juan, que escribía unos veintiseis años después de la destrucción de Jerusalén, cuando la ley y las costumbres judías ya no regían, puede muy bien haber utilizado el método romano de medir el día de medianoche a medianoche. La palabra pascua no se aplica exclusivamente al cordero en vísperas de la fiesta, sino que se usa en las escrituras y en el Talmud en un sentido más amplio para toda fiesta, incluido el chagigá; cualquier mancilla legal se habría podido eliminar con las abluciones vespertinas; los juicios y hasta las ejecuciones, y muchos trabajos serviles, aunque prohibidos en sábado, no lo estaban en las fiestas (Núm. 28:16; Deut. 16:23). La palabra parasceve podía designar la preparación para cualquier sábado y puede ser la denominación común de cualquier viernes, y su relación con pascua no necesariamente alude a la preparación de la Pascua, sino al viernes del tiempo de Pascua, y por tanto ese sábado era un gran Sabat. Por lo demás, es bien probable que si San Juan hubiera querido dar una fecha diferente a la que daban los sinópticos, sancionada por la costumbre de su propia iglesia de Efeso, lo habría indicado expresamente. Hay quienes, como Pablo de Burgos, Maldonatus, Pétau, Hardouin y Tillemont, entre otros, que aceptan la aparente afirmación de San Juan de que la Última Cena fue el 13 de Nisan y tratar de conciliar la narración sinóptica. Pedro de Alejandría (P.G. XCII, 78) dice: "En años anteriores Jesús había celebrado la Pascua y comido el cordero pascual, pero el día anterior sufría como el verdadero cordero pascual. Él enseñó a sus discípulos ese misterio”. Otros dicen que en atención a que la Pascua caía ese año en viernes, éste se consideró Sabat, por lo que los judios, para evitar las inconveniencias de dos Sabats sucesivos, aplazaron la Pascua por un día, y Jesús adhirió al día fijado por ley; y aún otros piensan que Jesús, a sabiendas del período que estaría en la tumba, anticipó la celebración.

LUGAR

La escritura no menciona al dueño de la casa en la que estaba la sala superior de la Última Cena, pero debe haber sido uno de los discípulos, ya que Cristo encarga a Pedro y Juan decirle "El Maestro dice"; algunos creen que fue Nicodemo o José de Arimatea, o la madre de Juan Marcos. La sala era grande y amoblada como comedor. Allí Cristo se mostró después de su resurrección; allí se llevaron a cabo la elección de Matías al apostolado y el envío del Espíritu Santo; en ella se reunían los primeros cristianos para la fracción del pan; allí vinieron Pedro y Juan cuando testimoniaron la curación del tullido, y Pedro después de su liberación de la cárcel; y tal vez ahí se celebró el concilio de los apóstoles. Fue por un tiempo la única iglesia en Jerusalén, la madre de todas las iglesias, conocida como Iglesia de los Apóstoles, o de Sion. Fue visitada en 404 por Santa Paula de Roma. En el siglo XI fue destruida por los sarracenos, y más tarde reconstruida y puesta al cuidado de los agustinos. Restaurado después de una segunda destrucción, quedó a cargo de los franciscanos, que fueron expulsados en 1561. En la actualidad es una mezquita.

SECUENCIA DE LOS ACONTECIMIENTOS

Algunos críticos dan el siguiente orden armonizado: lavado de los pies de los apóstoles, predicción de la traición de Judas y salida de éste, institución de la santa eucaristía. Otros, en la creencia de que Judas hizo una comunión sacrílega, ubican la institución del sacramento antes de la partida de éste.

EN EL ARTE

La Última Cena ha sido un tema favorito. En las catacumbas se encuentran representaciones de comidas, que dan al menos una idea de los alrededores de una antigua sala de comedor. Del siglo VI tenemos un bajo relieve en la iglesia de Monza, en Italia, una imagen en un códice sirio de la Biblioteca Loretana en Florencia, y un mosaico en S. Apollinare Nuovo, en Rávena. Una de las pinturas más conocidas es la de Leonardo da Vinci en Santa María de las Gracias, Milán. En la escuela moderna de artistas alemanes, la Última Cena de Gebhardt se considera una obra maestra.

Publicación informativa escrita por Francis Mershman, transcrita por Scott Anthony Hibbs. Enciclopedia Católica vol. XIV, publicado en 1912. Nueva York: Robert Appleton Co. Nihil Obstat, 1° de julio de 1912. Remy Lafort, S.T.D., Censor. Imprimatur. + Cardenal John Farley, arzobispo de Nueva York

Bibliografía

FOUARD, El Cristo, el Hijo de Dios, tr. GRIFFITH, II (London, 1895), 386; MADAME CECILIA, Manuales católicos de las Escrituras; Sn. Mateo, II, 197; The Expository Times, XX (Edinburgh, 1909), 514; Theolog. praktische Quartalschrift (1877), 425; LANGEN, Die letzten Lebenstage Jesu (Freiburg, 1864), 27; KRAUS, Gesch. der chr. Kunst, s. v. Abendmahl; Stimmen aus Maria Laach, XLIX, 146; CHWOLSON in Mém. de l'Acad. impér. des Sciences de St. Pétersbourg, 7th ser., XLI, p. 37; VIGOUROUX, Dict. de la Bible (Paris, 1899), s. vv. Cène; Cénacle, donde se puede encontrar una amplia bibliografía.


Hemos recibido el siguiente comentario

Asunto: Sesgo calvinista en la Cena del Señor

Estimados amigos:

El sesgo es muy difícil de evitar y estoy seguro de que ustedes han tratado de hacerlo. Por lo tanto, espero que reciban esta crítica como algo positivo para su servicio de educar sobre la fe cristiana.

Sobre el tema de la Cena del Señor, ustedes usan la palabra "consubstanciación" al referirse a la doctrina luterana, pero los luteranos no la usamos; son más bien los reformados los que la emplean en relación a la posición luterana. Es una palabra engañosa, ya que a los luteranos no nos preocupa si el pan sigue o no siendo pan; sencillamente, no imponemos una filosofía tomista (ni ninguna otra) a la doctrina bíblica. Sé que es muy común que los reformados empleen esa palabra para describir la enseñanza luterana, pero no por ello es aceptable. Lutero, y la confesión y ortodoxia luteranas, critican mucho más la opinión de que la Cena no es el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, que la postura de que el pan y el vino han cambiado.

Por lo demás, la afirmación de que acerca de la presencia real los luteranos de hoy están más cerca de la posición de Calvino que de la de Lutero, es simplemente falso testimonio, y ustedes deberían corregir eso. Soy luterano confeso, que adhiere sin reservas a la confesión luterana; pidan a sus colaboradores leer nuestra confesión y luego escribir un artículo acerca de nuestra doctrina, ya que no es correcto encargar algo así a alguien que desconoce el tema. Si ustedes requirieran más información pueden escribirme, o escribirle a cualquiera de los profesores del seminario del Sínodo Evangélico Luterano, el Sínodo Evangélico Luterano de Wisconsin o el de Missouri. Cualquiera de ellos estará encantado de corregir, en beneficio de sus lectores, los diferentes artículos sobre la doctrina luterana.

Muchas gracias por su amable consideración de mis críticas.

Atentamente, (Rev.) Rolf D. Preus, pastor

Iglesia Luterana River Heights (Sínodo Evangélico Luterano)

Notas del editor

Hay algunas diferencias en la celebración de la Eucaristía en las distintas iglesias. Para un más amplio debate, incluídos artículos con información avanzada, sírvase consultar también la presentación (católica) sobre la misa, hipervinculada más abajo. Es generalmente aceptado por los estudiosos cristianos que la última comida de Jesús fue una comida de Seder judío, parte de la celebración de Pascua. CREER contiene una presentación sobre el Seder, que incluye los alimentos y procedimientos específicos involucrados, junto con las razones (históricas) judías para los mismos. También se incluyen referencias a las adaptaciones cristianas del Seder.

El tema es un ejemplo de unas 30 diferentes cuestiones cristianas importantes en que las personas pueden aplicar sus propios prejuicios y supuestos para llegar a sus propias conclusiones. Los católicos eligen creen que el pan "realmente se vuelve sangre" al comerlo, aunque están de acuerdo en que NO hay signos externos de ello. No hay forma posible de discutir esa afirmación. Si anoche usted tuvo un sueño o pesadilla, nadie tiene manera alguna de decir que no fue así, porque es una experiencia personal que nadie más puede corroborar o modificar. Por lo tanto, si los católicos tienen razón en lo de "convertirse en sangre", ningún oponente podría nunca "demostrar" que se equivocan, así como ellos jamás podrían "demostrar" que tienen razón.

Lutero, Calvino y otros estimaron que esta era una conclusión ilógica, y, más específicamente, que la Biblia no apoya claramente la cruenta interpretación. Algunos protestantes llegaron a la conclusión de que el pan era un "mero símbolo" del Señor, mientras que otros (siguiendo a Lutero) creían que realmente se convertía en el Señor, pero de una manera no creunta o sangrienta. Tampoco puede nadie "probar" o "desmentir" ninguno de esos puntos de vista.

Es un tema sobre el cual no puede haber acuerdo: cada grupo ha aplicado sus propios prejuicios y suposiciones y optó por una determinada conclusión o interpretación. Dado que la Biblia no incluye suficientes detalles como para establecer cuál es más correcta, cada una de ellas debe considerarse "igualmente correcta" (opinión personal), y por lo tanto, totalmente válida PARA ESE GRUPO. Luego, no vemos ninguna causa o fundamento para criticar la conclusión católica de la transubstanciación, pero tampoco vemos razón o base algunas para criticar a Zwingli et al. su concepción puramente simbólica.

Para nuestra Iglesia tales argumentos son prácticamente irrelevantes. Lo REALMENTE importnate es la manera en que la eucaristía es percibida por, y afecta a, la persona concreta que la comparte. Si una persona la toma simplemente como un trozo de pan mundano, no tiene mérito en NINGUNA Iglesia, pero si el rito (el REAL deseo del Señor) afecta hondamente el corazón de esa persona, entonces es válido, independientemente de las opiniones o interpretaciones al respecto. Nosotros tenemos un punto de vista mas bien diferente sobre el asunto. La ciencia moderna ha demostrado que hay un increíble número de átomos incluso en una pequeña cantidad de cualquier líquido o sólido (número de Avogadro). Si en su escritorio ud. tiene una taza de café o un vaso de pop, o una galleta Ritz o de una barra de caramelo, hay algo así como 100.000.000.000.000.000.000.000 de átomos en eso. Cuando Jesús vivía, respiraba, y en cada respiración exhalaba vapor de agua y dióxido de carbono, átomos y moléculas que HABÍAN SIDO PARTE DE SU CUERPO. Hace varios años estudié detenidamente este tema. Los vientos del mundo dispersan tal aire, incluidas las moléculas, en todo el mundo, en un par de años. Una planta de trigo que crece en Kansas toma del aire dióxido de carbono y vapor de agua que luego pasan a formar parte de esa planta; el punto aquí es que algunas de esas moléculas de hecho fueron parte del cuerpo de Jesús hace 2000 años! Hice los cálculos y quedé sorprendido: cada bocado de ese café ciertamente contiene alrededor de un MILLÓN átomos que una vez fueron parte físicamente del cuerpo de Jesús. Lo mismo para las galletas o caramelos.

Este es un asunto totalmente aparte, pero es un hecho establecido. Yo lo veo como algo que afecta a esos argumentos acerca de la naturaleza de la eucaristía. Si alguien quiere pensar que los millones de átomos que EFECTIVAMENTE fueron parte del cuerpo de Jesús son "sangrientos", no puedo contrargumentar, debido a que algunos o la mayoría de esos átomos ciertamente conformaron Su sangre y carne. Ysi otra persona entendiera el café como más "simbólico", bueno, eso también es bastante cierto. Esto se trae a colación para mostrar que los "argumentos" en "importantes percepciones humanas" no son muy relevantes; y también que uno puede considerar cada pedazo de pan, carne y verduras, y cada vaso de cualquier líquido, bajo un nuevo prisma. Me parece que con la actitud mental adecuada, es posible comprobar que cada bocado de comida y cada sorbo de líquido es sin duda "de Cristo" en forma muy directa. En lugar de limitarse a sorber una Pepsi, mírela por un momento y considere estos hechos; así he tenido un número ENORME de "experiencias religiosas".

A algunos cristianos podría disgustarles la discusión anterior sobre las moléculas. NO, NO tiene por objeto reemplazar las percepciones de la fé acerca de la eucaristía; NO quiere decir que las percepciones de la fé son incorrectas o incompletas, sino justo lo contrario. Nuestra pequeño Iglesia alienta a todos los miembros a pasar unos segundos contemplando la hostia o el pan que van a tomar en el rito eucarístico, a fin de dar cuenta de que, ADEMÁS de la importancia para la fe como la enseña su Iglesia, el HECHO REAL de que están mirando, y a punto de ingerir, PARTES FÍSICAS REALES del cuerpo de Jesús. A menudo me da un escalofrío al caer en cuenta cuán íntimo me es Jesús en ese rito. Esperamos que esto también sea cierto en la congregación.


Comentarios adicionales (noviembre de 2005) del Editor de CREER.

A veces me pregunto cómo reaccionarían los clérigos si fueran a interactuar, sin saberlo, con Jesús mismo. Varios ministros se han comportado en formas muy deplorables con nosotros sobre esta materia; después de un mezquino e-mail inicial que, a menudo con lenguaje increíblemente duro, acusa a CREER de ser enemigo del luteranismo, siempre les he asegurado que no es así y que de hecho CREER siempre procura mejorar cualquiera de sus 1.300 presentaciones que pudieran ser inexactas o incompletas, generalmente solicitando su ayuda para ello. Un ministro luterano reaccionó a esa petición diciendo que no veía ninguna razón para tener que ver con nuestra investigación. Está bien, pero sin ningún tipo de cooperación del ministerio luterano es difícil para un no luterano (un pastor protestante no denominacional) conocer de veras las orientaciones luteranas.

Voy a tratar de describir el problema según mi leal saber y entender. En la medida en que lo indica la investigación, la palabra Consubstanciación no tiene absolutamente ningún otro uso que describir la supuesta postura luterana acerca de la eucaristía. Con todo, al clero luterano parece sulfurarle la existencia misma de la palabra. Ahora, si la "definición" de la palabra Consubstanciación fuera imprecisa, yo entendería que los luteranos quisieran corregirla, pero eso nunca ha sido el interés de decenas de clérigos luteranos que se han quejado de los artículos (de eruditos) al respecto. Todos se ofuscan (y la mayoría expresa muy claramente una extrema indignación) ante la sola palabra; he intentado serenamente preguntarles por qué, pero no me han respondido.

Esa actitud PODRÍA tener sentido si el término Consubstanciación tuviera alguna otra acepción, claramente diferente de la visión luterana relativa a la eucaristía. Ningún clérigo luterano ha indicado que haya otro uso, lo cual me resulta REALMENTE confuso. En este punto, en cada comunicación me suelo referir a la "almohadilla del ratón", que hasta donde yo sé sólo tiene un único uso, el pequeño espacio en el que se mueve el ratón del computador. Si a alguien le irritara intensamente la palabra "almohadilla", me preguntaría por qué. Sin otro uso conocido, CUALQUIERA sea la definición de ese término, DEBE tener algo que ver con el movimiento del ratón! Así es que si una definición se estima inexacta ¿no es más lógico corregirla que enfurecerse porque se usó la palabra?

En mis conversaciones sobre este tema con ministros luteranos, he empezado a preguntarme qué tan bien se entienden entre sí. Algunos han insistido en que, sí, Lutero describe ese punto de vista, pero más tarde lo abandona; y sí, Melanchthon utilizó por primera vez esa palabra y también la rechazó completamente más tarde. ¿Significa esto (pregunta legítima) que las creencias luteranas de hoy no son compatibles con lo que Lutero creía cuando inició la Reforma protestante? Otros clérigos luteranos me han "anunciado" que Lutero nunca usó ese témino (lo cual es cierto), que surgió alrededor de 60 años después, cerca de 1590. Y aún otros insisten en que la palabra “consubstanciación” fue empleada (100 o 200 años) antes de Lutero, y de acuerdo a algunas de esas puntualizaciones, Escoto fue el primero en usarla. Pero ninguno de ellos ha proporcionado nunca a CREER un texto sobre esas materias, y sólo se refieren a textos luteranos MODERNOS. Si hemos de desestimar la obra de respetados eruditos cristianos (nuestros textos), necesitaríamos pruebas y documentación REALMENTE buenas!

Por lo demás, el que alguien utilizara esa determinada palabra antes que Lutero no implica que con ella designara lo mismo que éste. La palabra "ratón" ha estado en uso durante miles de años, pero no se refirió a una parte de un computador hasta hace veinte años. ¿Habrá que indignarse con la mención que haga Shakespeare de un ratón, porque no alude también al computador? En todo caso, lo que queremos son hechos. A excepción de esos insólitos miebros del clero luterano, en realidad apoyamos firmemente a la Iglesia Luterana y deseamos perfeccionar CREER para que presente mejor sus creencias. Pero respecto de la palabra Consubstanciación, parece que se enfurecen de inmediato y se ponen agresivos, sin proporcionar (todavía) evidencias real (sin contar los últimos artículos de sus pares), que es lo que en efecto necesitamos. Por ejemplo, si efectivamente Escoto usó la expresión Consubstanciación, sólo requeriríamos el título del libro y el número de la página para que pudiéramos investigar del contexto en el que se la utilizó.

Este tema ha sido bastante confuso para nosotros los de CREER. Habríamos supuesto que la Iglesia luterana habría estado ENCANTADA de tener una "palabra especial" sólo para su doctrina de la eucaristía. Ninguna otra Iglesia que la católica romana tiene una expresión específica asociada a ella, pero está claro que los luteranos querrían de veras eliminar esa palabra de nuestro idioma, y no vemos por qué. Hemos hecho muchas ofertas para "corregir una definición", pero los luteranos no parecen interesados en ello.


Cena del Señor

El punto de vista judío

Nombre tomado de I Cor. xi. 20, y dado por el mundo cristiano al rito conocido como eucaristía —el compartir la copa de vino y el pan en memoria de la muerte de Jesús —, en relación con la historia de su última comida, que se dice que él tomó con sus discípulos en la víspera de su crucifixión. Según los evangelios sinópticos (Mat. xxvi. 26-29; Marc. xiv. 23- 25; Lucas xxii. 15-18, 19), Jesús compartió la cena pascual con sus discípulos en el decimocuarto día de Nisan, antes de su captura por los guardias del sumo sacerdote. Empero, el evangelio de Juan no dice nada de la institución, y fecha la crucifixión en el decimocuarto día de Nisan, en que se sacrifica el cordero de Pascua. Esta diferencia muestra que la identificación del "Cristo crucificado" con el "cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan i. 29 [adaptado de Isa. Liii. 7]; I Ped. i. 19; Hechos viii . 32; Apoc. v. 6, y en otras partes) gradualmente llevó también a la identificación de Jesús con el cordero de Pascua (véase I Cor. V. 7).

Posteriormente, las comidas de amor místico de los adoradores de Mitra, que también partían el pan y bebían vino en memoria de la última cena de Mitra (ver T. Cumont, "Die Mysterien des Mithra", pp. 99-101, 118-119, Leipzig, 1903), hizo que la fiesta de amor de los primeros cristianos se celebrara como real conmemoración de la última cena de Jesús, y así se insertó un pasaje especial (I Cor. xi, 23-28, interrumpiendo el contexto y contradiciendo a ib. x, 4) en la que el apóstol, en forma más bien extraña, declara afirmar por inspiración de Jesús, que éste había instituído la eucaristía en la noche de su traición, dando las fórmulas para el pan y el cáliz con que, con algunas variantes, aparece en cada uno de los tres evangelios sinópticos. Incompatible con toda la historia, sin embargo, es el hecho de que la Didajé cristiana (ix. 1-4; comp. Encyc.Judía. Iv. 587) da las fórmulas eucarísticas para el pan y el vino utilizadas en círculos cristianos, sin referencia ninguna a la crucifixión o a la última cena. Esto hace probable que la institución se desarrollara a partir de las comidas-comunión esenias y que sólo posteriomente fuera referida a Jesús.

La idea original de las celebraciones-comunión esenias, tomadas del Parseismo, siguió asociada a éste —la esperanza de los banquetes (de Leviatán) en el paraíso, mientras que se narra que Jesús se refirió específicamente al vino en el reino de Dios (Mat. xxvi . 29; Marc. xiv. 25; Lucas xxii. 18, 30).

Toda la historia de la celebración de Passover por parte de Jesús en la víspera de su crucifixión surgió, pues, en círculos en que ya no había real conocimiento de la ley y modo de vida judíos. Se ha dicho, sin embargo, que el ritual de la misa o servicio de la comunión se deriva del de la víspera de Passover (véase Bickell, "Messe und Pascha").

Kaufmann Kohler

Enciclopedia Judía, publicada entre 1901-1906.


Consustanciación

Aclaración posiblemente importante

Estimado Editor:

Estuve hojeando su artículo sobre las distintas opiniones acerca de la Cena del Señor, o Eucaristía. Usted señaló que ninguno de los pastores luteranos que han hablado con usted podía citar otra cosa que artículos modernos que afirman que la posición luterana no es la "consubstanciación". Permítame, en primer lugar, presentar una fuente de la época de la Reforma, y luego agregar algunas aclaraciones.

Nicolaus Selneccer (1530-1592), uno de los autores / organizadores de la Fórmula de la Concordia, escribe que "Pese a que nuestras iglesias utilizan la antigua expresión 'en el pan', 'con el pan' o 'bajo el pan', no sostienen una inclusio, consubstantiatio, o delitescentia. El significado es más bien que Cristo, 'al dar el pan, nos da al mismo tiempo su cuerpo para comer ...'". Vom hl. Abendmahl des Herrn etc. (1591) Bl E 2.

Hay dos razones por las cuales los pastores luteranos se molestan con la atribución del término "consubstanciación" a nuestra teología. La primera es que en el Lutero temprano (aquél que, según él mismo escribe en la introducción a sus escritos latinos, era todavía un "papista fanático") se encuentra que él prefería "consustanciación", como argumentó Peter d'Ailly en sus "Investigaciones acerca de Pedro Lombardo".

Pero en buena medida Lutero prefería la opinión de d'Ailly's por razones filosóficas. Ella requería un solo milagro, mientras que la transubstanciación, como se insistía desde Aquino a Duns Escoto, requería un segundo milagro: el aniquilamiento de la sustancia del pan. Por entonces, sin embargo, Lutero sólo sostenía que era "mejor filosofía" y que se la habría preferido si la transubstanciación no hubiera sido ya declarada por la Iglesia. Así, la primera razón por la cual los luteranos rechazan la idea de consustanciación es que el propio término está envuelto en las mismas categorías filosóficas que la transubstanciación, y por éstas se le rechaza. La objeción luterana a la transubstanciación no fue tanto que excluía el pan y el vino, sino más bien que la teoría había dogmatizado a Aristóteles que, por su parte, habla allí donde la Escritura ha guardado silencio. Fuerza a la teología de manera típicamente escolástica: establece un principio (principium) como "primera cosa", en la cual hay que encajar toda nuestra teología. Al Señor no se Le puede obligar a nuestros principium, y por lo tanto es mejor que, allí donde El no ha declarado el "cómo", nunca dogmaticemos nuestras teorías acerca de la manera en que aquéllo pudo haber sido posible. Nótense estas palabras de los artículos de Smalcalda, III, 6: "No nos importa en absoluto la sofisticada sutileza con la que sostienen que el pan y el vino dejan o pierden su propia sustancia natural, y sólo queda el aspecto y color del pan, y no verdadero pan ...". Lo criticado aquí no es sólo la conclusión (que ya no es pan), sino el método filosófico o "sofisticada sutileza" que trata de explicar el cómo. Los luteranos estaban muy dispuestos a aceptar la transubstanciación, e incluso la consubstanciación, siempre que la Iglesia no hubiera hecho un dogma de ello. En la “Cautividad Babilónica” Lutero cita la transubstanciación como una de las "tres paredes" que han oscurecido el evangelio del sacramento, no porque haya logrado deshacerse del pan, sino porque dogmatizó una teoría que no se puede fundamentar escrituralmente. Así pues, la razón por la que rechazamos la consustanciación es la misma por la cual objetamos la transubstanciación; en lugar de ello hablamos de la "unión sacramental", o "unio sacramentalis". La unio sacramentalis luterana es la contraparte de la transubstanciación romana y la consustanciación del medioevo tardío, con las cuales a menudo se la confunde. Al igual que la consustanciación, la unio sacramentalis presupone que el pan y el cuerpo, el vino y la sangre, coexisten: el pan y el vino no se destruyen o "transubstancian". La diferencia, no obstante, es que no se plantea teoría alguna sobre la coexistencia de las dos sustancias, en que los accidentes de una reflejan la exclusión de la otra.

En segundo lugar, preferimos que no nos llamen "consubstancionistas" porque el término sugiere que en nuestra confesión del sacramento, la principal diferencia con Roma es lo relativo a la presencia en el pan y el vino. Esta no es en absoluto la cuestión. Si bien creemos que Roma hace mal en dogmatizar una teoría filosófica (la transubstanciación), nuestra verdadera piedra de tope con la doctrina romana de la eucaristía es el “sacrificio” de la misa. Por consiguiente, y como dice Lutero en la Cautividad Babilónica, ellos han convertido lo que es auténticamente evangelio (beneficium) en ley (sacrificium). Es decir, han convertido algo que es primordialmente la acción gratuita, evangelizadora, de Dios a nosotros, en una acción que nosotros ofrecemos a Dios para aplacar la ira del Padre.

Ryan T. Fouts

Asimismo, véase:

Eucaristía (incluye perspectivas ortodoxa)

Misa (orientación católica)

Sacramentos

Seder judío)


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo



Este tema presentación en el original idioma Inglés


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