Salvación

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La salvación (del latín "salus", salud, seguridad, bienestar) es un concepto religioso que se refiere ya sea al proceso por el cual una persona es sacada de un estado de dolor o peligro hacia una condición de bienestar fundamental, o al estado de bienestar fundamental resultante de dicho proceso. El significado del concepto varía según las diversas maneras en que las tradiciones religiosas entienden la condición del hombre y el estado definitivo de bienestar humano. La concepción de la salvación puede o no estar ligada a la figura un salvador o redentor, o correlacionada con un concepto de Dios.

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En el cristianismo se concibe la salvación de diversas manera. Una importante corriente acentúa la justificación, proceso por el cual el individuo, enajenado de Dios por el pecado, se reconcilia con El y es reconocido como justo o justificado a través de la fé en Cristo. Otras religiones tienen otras visiones. En ciertas formas de Hinduismo y de Budismo, por ejemplo, la salvación se entiende como la liberación del inevitable dolor de la existencia temporal, por medio de disciplinas religiosas que en última instancia logran un estado no determinado por percepciones restringidas temporalmente o por formas de pensar.

Éstas y otras ideas de la salvación se basan en la noción de que la condición humana está marcada por formas fundamentales de sufrimiento que evitan que las personas logren un bienestar verdadero y perdurable. La salvación es, entonces, el proceso mediante el cual se alcanza el verdadero bienestar.

William S Babcock

Bibliografía
K Klostermaier, Liberación, Salvación, Autorealización: estudio comparativo de las las ideas hindúes, budistas y cristianas (1973); A W Pink, La doctrina de la Salvacion (1975); C R Smith, La doctrina bíblica de la salvación: estudio de la expiación (1969).


Salvación

Información de carácter general

La Salvación es percibida de variadas maneras por los diferentes cristianos e incluso por las diferentes iglesias cristianas. El proceso de la salvación es único en cada persona; en algunos casos puede ser un procedimiento lento y metódico; en otros, un destello o una introspección instantáneos causan una transformación milagrosa. Para al mayoría de la gente, el proceso de salvación es algo entre medio de esos extremos. En todos los casos, la condición humana central involucrada en la salvación es la absoluta y total confianza en Dios.

Una forma muy analítica de verlo implica lo que sigue (ésta es una perspectiva protestante generalizada; a los católicos y ortodoxos se les enseñan una perspectivas de la salvación un tanto diferentes).

Muchas iglesias cristianas consideran sólo algunas de estas etapas como parte del proceso de salvación. Varias denominaciones describen su concepto de salvación en diferentes formas; por lo demás, el Espíritu Santo que habita en la persona sabe qué secuencia y procesos únicos necesita ésta, así que las generalizaciones (como esta descripción) son a menudo incorrectas. Todo esto dificulta bastante las discusiones generales precisas sobre el tema.

Adicionalmente, esta enumeración es una descripción específicamente protestante. Las descripciones católicas y ortodoxas tienen algunas diferencias, y generalmente incluyen menos etapas. Además, allí donde el protestantismo insiste en que la salvación es enteramente por gracia de Dios, sin aporte de la persona, el catolicismo otorga un valor sustancial a las buenas obras de ésta.

(CREER incluye presentaciones individuales en estos temas. Vea la parte final de esta página para conecciones con ellos).


Salvación

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La salvación del hombre del poder y efectos del pecado.

La noción bíblica

Las palabras hebreas usuales para la salvación, derivadas de la raíz "yasa" (anchura, amplitud, ausencia de restricciones, por lo tanto, liberación) se prestan obviamente para una amplia variedad de usos. Literalmente cubren la salvación de cualquier peligro, sufrimiento, enemigos, servidumbre en Egipto (Exod. 14:13; 15:2), exilio en Babilonia (Isa. 46:13; 52:10 - 11), adversarios (Salmo 106:10), derrota (Deut. 20:4), u opresión (Jueces 3:31; etc.). Metafóricamente, en la salvación de la decadencia social (Hos. 1:7) y de la escasez, el significado se acerca al bienestar moral y personal ("prosperidad "; Job 30:15); en el Salmo 28:9, bendición religiosa en general. "El Señor es mi salvación" es el núcleo del testimonio del Antiguo Testamento, siempre con una acepción de inmerecida misericordia. El judaísmo posterior esperó una liberación mesiánica, que podría incluir elementos políticos, nacionales o religiosos (Salmos Sol 10:9; T Benj. 9:10; cf. Lucas 1:69, 71, 77).

La Soteriología, por lo tanto, acumuló una rica connotación desde los LXX hasta el NT, en el cual también significa liberación, preservación de cualquier peligro (Hechos 7:25; 27:31; Heb. 11:7). Las raíces "saos", "sozo", sin embargo, agregan la noción de completitud, validez, salud, dando a "salvación" una connotación médica: salvación de la aflicción, enfermedad, posesión del demonio, muerte (Marc. 5:34; Stgo 5:15; etc.). A veces este significado es literal: paz, alegría, alabanza, fe, están entretejidas con curación hasta el punto de darle también a "salvado" una connotación religiosa. La autodescripción de Jesús como "médico" (Marc. 2:17) y el valor ilustrativo de los milagros de curaciones muestran cuán fácilmente la curación física y espiritual se unen en "salvación" (Lucas 4:18 - 19).

Buena parte de la Soteriología y sus derivados se aplican más frecuentemente a la liberación, preservación de todos los peligros espirituales, concesión de todas las bendiciones religiosas; su alternativa es la destrucción (Fil. 1:28), muerte (2 Cor. 7:10), cólera divina (1 Tes. 5:9). Está disponible para todos (Tito 2:11), es compartida (Jud. 3), eterna (Heb. 5:9); se le atribuye sólo a Cristo (Hechos 4:12; Lucas 19:10), "el pionero de la salvación", y especialmente a su muerte (Heb. 2:10; Rom. 5:9 - 10). En ese sentido era salvación "para los judíos" (Juan 4:22), aunque también para los Gentiles (Rom 11:11). Se la proclama (enseña) como un modo de pensar y de vida (Hechos 13:26; 16:17; Efes. 1:13), recibible del favor de Dios sólo por la fe, una confianza y seguridad confesadas (Hechos 16:30 - 31; Efes. 2:8), centradas en la resurrección y soberanía de Cristo (Rom 10:9), un "llamado" a El (Hechos 2:21; Rom. 10:13). Una vez recibida, la salvación no debe ser "descuidada" sino que se debe "aferrar rápidamente", "crecer hacia ella", "elaborarla" humildemente (Heb. 2:3; 1 Cor. 15:2; 1 Pedro 2:2; Fil. 2:12); algunos son salvados a última hora (1 Cor 3:15; 1 Pedro 4:18).

La comprehensividad de la salvación

La comprehensividad de la salvación se puede mostrar

(1) por aquello de lo que se nos salva. Esto incluye el pecado y la muerte; la culpa y la enemistad; la ignorancia de la verdad; la servidumbre al hábito y al vicio; el miedo a los demonios, a la muerte, a la vida, a Dios, al infierno; desesperanza de uno mismo; alienación de los demás; presiones del mundo; una vida sin sentido. El testimonio del propio Pablo es casi enteramente positivo: la salvación le ha traído paz con Dios, acceso al favor y la presencia de Dios, esperanza de recuperar la gloria prevista para el hombre, reciedumbre en el dolor, carácter firme, mente optimista, convicción íntima del amor divino y poder del Espíritu, experiencia permanente dentro de su alma del Cristo resucitado, y permanente gozo en Dios (Rom 5:1-11). La salvación se extiende también a la sociedad, propendiendo a concretar el reino de Dios; a la naturaleza, poniendo fin a su servidumbre a la futilidad (Rom 8:19 - 20); y al universo, logrando la reconciliación final de un cosmos fragmentado (Efes. 1:10; Col. 1:20).

(2) advirtiendo que la salvación es pasado (Rom 8:24; Efes. 2:5, 8; Tito 3:5 - 8); presente (1 Cor. 1:18; 15:2; 2 Cor. 2:15; 6:2; 1 Pedro 1:9; 3:21); y futuro (Rom 5:9 - 10; 13:11; 1 Cor. 5:5; Fil. 1:5 - 6; 2:12; 1 Tes. 5:8; Heb. 1:14; 9:28; 1 Ped. 2:2). Es decir, la salvación incluye lo ya dado libre y finalmente por la gracia de Dios (perdón, en una epístola llamado justificación, amistad; o reconciliación, expiación, filiación, y renacimiento); lo que se imparte continuamente (santificación, creciente emancipación respecto de todo lo malo, creciente enriquecimiento en todo lo bueno, goce de la vida eterna, experiencia del poder del Espíritu, libertad, alegría, madurez creciente en conformidad a Cristo); y lo que está por lograrse aún (redención del cuerpo, perfecta semejanza a Cristo, gloria final).

(3) distinguiendo los varios aspectos de la salvación: religioso (aceptación de Dios, expiación, reconciliación, filiación, recepción del Espíritu, inmortalidad); emocional (fuertes seguridad, paz, valor, esperanza, gozo); práctico (oración, guía, dirección, disciplina, esmero, servicio); ético (nueva dinámica moral para las nuevas metas morales, libertad, triunfo); personal (nuevos pensamientos, convicciones, horizontes, motivos, satisfacciones, realización); social (nuevo sentido de la comunidad con los cristianos, de la compasión hacia todos, arrollador impulso a amar Jesús amó).

La salvación en el NT

Notables acepciones subrayan la riqueza del concepto. Jesús presupuso el pecado universal y necesidades de la humanidad, originados en la rebeldía (Mat. 7:23 mate; 13:41; 24:12 "sin ley "; 21:28 - 29), que "enferman" el alma (Marcos 2:17), y que residen profundamente en la personalidad, profanando desde dentro (Mat. 7:15 - 16; 12:35; cf. 5:21 - 22, 27 - 28; 15:19 - 20; 23:25), y dejando al hombre en deuda con Dios por obligaciones no pagadas (6:12; 18:23 - 24). En consecuencia, Él llamó todos al arrepentimiento (Marcos 1:15; Lucas 5:32; 13:3, 5; 15:10), a un cambio de perspectiva y de estilo de vida que entronice a Dios (Lucas 8:2; 19:9 (Juan 8:11); Mat. 9:9; etc.), exigió oración diaria para misericordia, El mismo ofreció perdón (Marcos 2:5) y elogió la penitencia humilde como única base aceptable para acercarse a Dios (Lucas 18:9 - 10).

En la apertura y amistad de Jesús hacia los pecadores, la amorosa acogida de Dios encontró su expresión perfecta. Nada se requería para recuperar el favor de Dios, favor que esperó ansiosamente el retorno del hombre (Lucas 15:11 - 24). El único preliminar indispensable era el cambio del hombre desde la rebelión hacia la confianza y obediencia infantiles. Comprobadas éstas, seguía la vida bajo la norma de Dios, descrita como banquete, unión, vino, hallazgo del tesoro, gozo, paz, toda la libertad y privilegios de la filiación dentro de la familia divina en el mundo del Padre.

Pedro también llamó al arrepentimiento (Hechos 2:38), prometiendo el perdón y el Espíritu a quienquiera que invoque al Señor. La salvación era especialmente de la maldad pasada y para conformidad de una generación perversa (vss. 23 - 40); y con un propósito, la herencia, y una gloria todavía por revelaro (1 Pedro 1:3 - 5; etc.).

En el pensamiento de Juan la salvación es de la muerte y el juicio; él redefine su significado en términos de la vida, eterna y rica (treinta seis veces en el Evangelio, trece en Juan 1), don de Dios en y con Cristo, que comienza en la renovación total ("nuevo nacimiento"); iluminada por la verdad ("conocimiento, "luz"); y experimentada como amor (Juan 3:5 - 16; 5:24; 12:25; 1 Juan 4:7 - 11; 5:11).

Pablo vió reflejado en todos los hombres su propio fracaso en lograr la justificación legal, y lo atribuyó al poder avasallador ("regla") del pecado, que trajo consigo la muerte. En consecuencia la salvación es, primero, perdón, a pesar de la condenación justa, en base a la expiación del pecado por Cristo (Rom 3:21 - 22); y segundo, liberación, por el poder invasor del Espíritu de santidad, el Espíritu de Cristo resucitado. La fe que acepta y asiente la muerte de Cristo por nosotros también nos une a El tan intimamente que con El morimos al pecado y nos levantamos a nueva vida (Rom 6:1 - 2). Los resultados son: liberación del poder del pecado (vss. 7, 18; 8:2); gloriarse en el poder del Espíritu dentro de nosotros y certeza de la filiación (ch. 8); creciente conformidad a Cristo. Por el mismo proceso la muerte es superada y los creyentes están listos para la vida eterna (6:13, 22 - 23; 8:11).

Desarrollos adicionales

Es evidente, incluso de esta breve reseña, que se necesitarían interminables análisis, comparación, sistematización, y reelaboración de una nueva exposición en términos contemporáneos, de todo el que la salvación significa para la fe cristiana. Ésta es la tarea de la soteriología, la doctrina de la soteria o salvación. ¿Cuánto influenciaron, por ejemplo, las religiones mistéricas del siglo I la esperanza cristiana derivada del judaísmo? Ofrecían la salvación, así como "todas las bendiciones que es posible desear" y por sobre todo, la inmotalidad. Antes de que fueran absorbidas en la Cristología, la reflexión patrística exploró especialmente el significado del rescate que Cristo había pagado por la salvación y libertad del hombre.

Más adelante, la Iglesia de Oriente reflejó en la mortalidad del hombre el efecto de la caída de Adán, principalmente, y vió la salvación especialmente como el don de la vida eterna a través de Cristo resucitado. La Iglesia de Occidente reflejó el efecto de la caída de Adán particularmente en la culpa heredada (Ambrosio) y corrupción (Augustín) de la humanidad, y vio la salvación como especialmente el don de la gracia a través de la muerte de Cristo. Sólo la gracia divina podía eliminar la culpa y liberar de la corrupción.

Anselmo y Abelardo exploraron más la relación entre la salvación del hombre y la cruz de Jesús como satisfacción para el pecado, o redentor ejemplo de amor; Lutero, su relación con la recepción de la fé por el hombre; Calvino, su relación a la voluntad soberana de Dios. El pensamiento católico ha enfatizado la esfera objetiva de la salvación dentro de una iglesia sacramental; y el Protestantismo, la experiencia subjetiva de la salvación dentro del alma individual. La reflexión moderna tiende a concentrarse en los procesos psicológicos y los resultados éticos de la salvación, acentuando la necesidad de "salvar" la sociedad.

R E O White

Bibliografía
LH Marshall, Desafío a la ética del NT; H R Mackintosh, La Experiencia Cristiana del Perdón; V Taylor, Perdón y Reconciliación; E Kevan, La Salvación; U Simon, Teología de la Salvación.

Orden Soteriológico

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Hay cuatro maneras importantes de ordenar los elementos soteriológicos del decreto eterno de Dios:

Arminianismo Supralapsarianismo Infralapsarianismo Amyroldismo
  1. Creación
  2. Se permite la caída
  3. Salvación para todos
  4. Llamado a todos a la salvación
  5. Elección de los que creen
  1. Elección de algunos, reprobación del resto
  2. Creación
  3. Permítase la caída
  4. Salvación para los elegidos
  5. Llamado a los elegidos a la salvación
  1. Creación
  2. Se permite la caída
  3. Elección de algunos, exclusión del resto
  4. Salvación para los elegidos
  5. Llamado a los elegidos a la salvación
  1. Creación
  2. Se permite la caída
  3. Salvación suficiente para todos
  4. Elección de algunos, exclusión del resto
  5. Llamado a los elegidos a la salvación

La distinción entre infralapsarianismo y supralapsarianismo tiene que ver con el orden lógico de los decretos eternos de Dios, no con la ordenación de la elección. Ninguna de los dos lados sugiere que el elegido lo fuera después del pecado de Adán: Dios eligió antes de la fundación del mundo (Efes. 1:4), mucho antes de que Adán pecara. Los infras y los supras (e incluso mucho Arminianos) concuerdan en esto.

El Supralapsarianismo es la visión de que Dios, contemplando al hombre aún no caído, eligió a algunos para recibir la vida eterna y rechazó a todos los demás. Así, un supralapsario diría que a los réprobos (los no elegidos), receptores de la ira y destinados a la destrucción (Rom 9:22), primero se les hizo para ese rol, y entonces se hizo el medio por el que cayeron en pecado. En otras palabras, el supralapsarianismo sugiere que el decreto de elección de Dios precedió lógicamente a su decreto para permitir la caída de Adán, de modo que su condenación es primero que nada un acto de soberanía divina, y sólo secundariamente, un acto de justicia divina.

A veces se equipara erróneamente al supralapsarianismo con la "doble predestinación", término frecuentemente usado en forma engañosa y ambigua. Algunos lo emplean para significar nada más que la opinión de que el destino eterno de tanto los elegidos como los réprobos está establecido por decreto eterno de Dios. En ese sentido del término, todo calvinista genuino se atiene a la "doble predestinación" y al hecho de que el destino de los réprobos está determinado eternamente es una doctrina claramente bíblica (cf. 1 Pedro 2:8; Rom 9:22; Judas 4). Pero más a menudo, la expresión "doble predestinacion" se emplea como término peyorativo para describir la opinión los que sugieren que Dios es tan activo en mantener a los réprobos fuera de cielo como lo es en hacer entrar a los elegidos. (Una forma aún más siniestra de "doble predestinación" sugiere que Dios se interesa tanto en hacer malvados a los réprobos como santos a los elegidos).

Más correctamente, esa opinión (que Dios es tan activo en reprobar a los no elegidos como en redimir a los elegidos) se denomina "igual ultimacía" (cf. R.c. Sproul Elegidos por Dios, 142). Es en realidad una forma de hiper-calvinismo y no tiene nada que ver con el verdadero calvinismo histórico. Aunque todos los que sostienen esa visión también sostendrían el supralapsarianismo, su visión no es en sí misma una ramificación necesaria del supralapsarianismo.

A veces el Supralapsarianismo se equipara también erróneamente a hipercalvinismo; todos los hipercalvinistas son supralapsarios, pero no todos éstos son hiperacalvinistas.

Otras veces al Supralapsarianismo se le llama "alto" calvinismo, y sus adherentes más extremos tienden a rechazar la noción de que Dios tenga algún grado de buena voluntad o compasión significativa hacia los no elegidos. Históricamente, una minoría calvinista ha sostenido esta opinión.

Pero el comentario de Boettner de que "no hay más de un calvinista en un ciento que sostemga la visión supralapsaria" es sin duda una exageración. Y en la última década o algo así, la visión supralapsaria parece haber ganado popularidad.

El Infralapsarianismo (también conocido a veces como "sub-lapsarianismo") sugiere que el decreto de Dios para permitir la caída, lógicamente precedió a Su decreto de elección, de modo que cuando Dios seleccionó a los elegidos y pasó por alto a los no elegidos, los consideraba a todos como criaturas caídas.

Ésas son las dos más importantes visiones Calvinistas. Bajo el esquema supralapsario, Dios primero rechaza al réprobo en uso de Su voluntad soberana, y entonces dispone los medios de su condenación a través de la caída. En el orden infralapsario, los no elegidos son considerados primero como individuos caídos, y condenados en razón de su propio pecado. El Infralapsarianismo tiende a acentuar que, en su decreto de elección, Dios "pasa por alto" (preterition) a los no-elegidos.

El supralapsario Robert Reymond propone el siguiente refinamiento de la visión supralapsaria (véase R. Reymond, Teología Sistemática de la Fe Cristiana, 489).

Supralapsarianismo
Modificado de Reymond
  1. Elegir a algunos pecadores, reprobación del resto
  2. Aplicar los beneficios redentores a los elegidos.
  3. Salvación para los elegidos.
  4. Se permite la Caída
  5. Crear

Nótese que además de reordenar los decretos, Reymond acentúa deliberadamente que en el decreto de elección y reprobación, Dios considera al hombre como pecador. Según Reymond, "en este esquema, a diferencia del anteriorr (la corriente supra clásica)], a Dios se le representa discriminando entre hombres considerados pecadores y no entre hombres vistos simplemente como tales". El refinamiento de Reymond evita la crítica más común al supralapsarianism, a saber, que en éste Dios condena al hombre a la perdición incluso antes de considerarlo pecador. Pero la posición de Reymond también deja sin respuesta la cuestión de cómo y por qué Dios vería al hombre como pecador aún antes que se determinara que toda la humanidad caería. (Incluso algunos podrían decir que los refinamientos de Reymond dan lugar a una posición que, en lo referente a la distinción clave, es implícitamente infralapsaria).

Todos los principales credos reformados son, o explícitamente infralapsarios, o evitan cuidadosamente un lenguaje que favorezca cualquiera de las dos corrientes. Ningún credo importante sustenta la posición supralapsaria. (Todo este tema fue acaloradamente discutido en la Asamblea de Westminster; su presidente William Twisse, ardiente supralapsario, defendió hábilmente su posición, pero la Asamblea optó por un lenguaje que favorecía claramente la posición infra, aunque sin condenar el supralapsarianismo). "Bavinck ha señalado que la presentación supralapsaria 'no ha sido incorporada en ninguna Confesión Reformada' pero que la posición infra ha recibido un lugar oficial en las Confesiones de las iglesias" (Berkouwer, La Elección Divina, 259).

Es útil la discusión de Louis Berkhof (en su Teología Sistemática) acerca de la dos corrientes, si bien parece favorecer el supralapsarianismo. Yo tomo la visión infra, al igual que Turretin, la mayoría de los teólogos de Princeton y la mayoría de los directores del Westminster Seminary (e.g., John Murray). Estos temas estaban en el centro de la controversia sobre la "gracia común" por la primera mitad del siglo XX. Herman Hoeksema y sus seguidores tomaron una postura supralapsaria tan rígida que llegaron hasta negar el concepto mismo de gracia común.

Finalmente, vea el cuadro de más arriba, que compara estas dos corrientes con el Amyroldismo (una especie de Calvinismo de cuatro puntos) y el Arminianismo. Mis notas sobre cada visión (abajo) identifican a algunos de los principales partidarios de cada una.

Notas sobre el orden de los decretos

Supralapsarianismo

La formulación de esta corriente se atribuye a menudo a Beza, pero eso es incorrecto; otros supras históricos fueron Gomarus, Twisse, Perkins, Voetus, Witsius y Comrie. Louis Berkhof valora ambas posturas, pero parece inclinarse levemente hacia el supralapsarianismo. Karl Barth pensaba que éste tendía a ser más correcto que el infralapsarianismo. La Teología Sistemática de la Fe Cristiana, de Robert Reymond, toma la visión supralapsaria e incluye una extensa defensa de la misma. Turretin dice que el supralapsarianismo es "más duro y menos adecuado" que el infralapsarianismo; cree que "no parece concordar suficientemente con la inefable bondad [de Dios]". Herman Hoeksema y toda la dirección de las Iglesias Reformadas Protestantes (que incluyen al propio Hoeksema, Herman Hanko y David Engelsma) son decididamente supralapsarios y a menudo sostienen implícita y explícitamente que esta postura es el único esquema lógicamente consistente. Esta presunción contribuye claramente al rechazo de la gracia común por parte de las mencionadas iglesias reformadas; de hecho, los mismos argumentos usados en el favor del supralapsarianismo se han usado contra la gracia común, de modo que esa corriente puede contener una tendencia hostil a la idea de la gracia común (es un hecho que virtualmente todos los que la niegan son supralapsarios); esta postura requiere también el más severo tipo de "doble predestinación". Entre los principales teólogos sistemáticos es difícil encontrar exponentes del supralapsarianismo; R. A. Webb (presbiteriano del sur, del siglo XIX) dice que éste es "repugnante a la metafísica, la ética y las Escrituras. Ningún credo calvinista la propugna, y sólo se la puede entender en algunos extremistas" (Salvación Cristiana, 16).

Infralapsarianismo

También llamado "sub-lapsarianismo". Juan Calvino dijo algunas cosas que parecen indicar que habría simpatizado con esta visión, aunque no se la discutió durante su vida (véanse El Calvinismo de Calvino, traducido por Henry Cole, 89ff; y William Cunningham, Los Reformadores y la Teología de la Reforma, 364ff). W G T Shedd, Charles Hodge, L Boettner, y Anthony Hoekema sostuvieron esa postura; R L Dabney y William Cunningham se apoyan decididamente en ella, pero se resisten a discutirla. Creen que toda la discusión va más allá de las Escrituras y que es, por tanto, innecesaria. Dabney, por ejemplo, dice que "ésta es una pregunta que no debió plantearse nunca" (Teología Sistemática, 233). Twisse, supralapsario, convino virtualmente con esto y calificó a la diferencia como mero "apex logicus", punto lógico. ¿Y no era acaso mera locura abrir una brecha de unidad o caridad en la iglesia por un simple punto de lógica? (citado en Cunningham, Los Reformadores, 363). G.C. Berkouwer también concuerda: "aquí estamos frente a una controversia debida a una infracción de los límites fijados por la Revelación". Berkouwer se pregunta en voz alta acaso "estaremos obedeciendo la enseñanza de la Escritura si rehusamos tomar partido en esto" (La Elección Divina, 254-55). Thornwell no está de acuerdo en que el asunto sea discutible ya que, según él, "implica algo más que una cuestión de método lógico. Realmente es un asunto de la más alta significación moral. La condena y la horca son parte del mismo proceso, pero el colgar a alguien antes de la condena es algo más que una cuestión de secuencia" (Obras completas, 2:20). Thornwell es vehementemente infralapsario, posición apoyada por el Sínodo de Dordt pero solamente implícita en los criterios de Westminster. Twisse, supralapsario, fue el primer presidente de la Asamblea de Westminster, que evidentemente decidió que lo más sabio era ignorar del todo la controversia (se habría podido argumentar, sin embargo, que el sesgo de Westminster era infralapsario). Por consiguiente la Confesión de Westminster, junto con la mayoría de los credos reformados, afirmó implícitamente lo que el Sínodo de Utrecht (1905) declararría explícitamente más adelante: "que nuestros confesiones, ciertamente con respecto a la doctrina de la elección, siguen la presentación infralapsaria, (pero) esto no implica en absoluto una exclusión o una condena de la posición supralapsaria".

Amyroldismo

La palabra usual es Amyroldismo, no Amyroldianismo. Es la doctrina formulada por Moïse Amyraut, teólogo francés de la escuela de Saumur. (Esta misma escuela generó otra irritante desviación respecto de la ortodoxia reformada: la opinión de Placaeus que implica la imputación mediadora de la culpabilidad de Adán). Al hacer que el decreto de expiación por el pecado lógicamente antecedente al decreto de elección, Amyraut pudo visualizar la expiación como hipotéticamente universal, pero eficaz exclusivamente para el elegido; de ahí que a veces esa postura se denomine "universalismo hipotético". El Puritano Richard Baxter adoptó esta visión, o una muy semejante; parece haber sido el único líder Puritano importante que no fue cabalmente calvinista. Hay quienes discutarían que Baxter haya sido un verdadero Amyroldiano (véase, e.g. George Smeaton, La Doctrina Apostólica de la Expiación [Edimburgo: Banner of Truth, reimpresión 1991], apéndice, 542), aunque parece que el propio Baxter se consideraba como tal. Ésta es una sofisticada manera de sostener el "calvinismo de cuatro argumentos" aceptando a la vez un decreto de elección eterno, pero probablemente no hay que equiparar el Amyroldismo a todas las corrientes del llamado "calvinismo de cuatro puntos". En mi propia experiencia, la mayoría de los sedicentes "cuatropuntistas" no son capaces de articular ninguna explicación coherente de cómo la expiación puede ser universal pero la elección, incondicional, así que yo no alabaría su posición llamándola Amyroldismo (¡ojalá estuvieran tan comprometidos con la doctrina de la soberanía divina como Moïse Amyraut! Muchos de los que se autodenominan "cuatropuntistas" son en realidad cripto-arminianos). A. H. Strong sostuvo esa posición (Teología Sistemática, 778) que (erróneamente) llamó "sublapsaria-nismo". Henry Thiessen, evidentemente siguiendo a Strong, también la llamó así (y la confrontó con "infralapsarianismo") en la edición original de sus Conferencias de Teología Sistemática (343); su argumentaicón en esa edición es muy confusa y claramente errada en varios puntos. En ediciones más recientes de su libro esta sección fue completamente reescrita.

Arminianismo

Henry Thiessen se pronunció esencialmente por esta postura en la edición original de su Teología Sistemática. La edición revisada ya no defiende explícitamente ese orden de los decretos, si bien el Arminianismo fundamental de Thiessen sigue siendo muy evidente. La mayoría de los teólogos arminianos declinan tratar del decreto eterno de Dios, y los arminianos extremos incluso niegan el concepto mismo de decreto eterno. Aquellos que reconocen el decreto divino, sin embargo, terminan haciendo la elección contingente a la respuesta del creyente al llamado del evangelio; éste es, de hecho, el punto esencial del Arminianismo.

P R Johnson


Véase también:
Conversión
Regeneración
Justificación
Santificacion
Confesión
Predestinación

Arminianismo
Supralapsarianismo
Infralapsarianismo
Amyroldismo

Resucción de Jesus


Esta traducción ha sido hecha por: María Victoria Castillo


Este tema presentación en el original idioma Inglés


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